AGENDA SOCIAL EUROPEA

 

El Consejo Europeo de Lisboa fijó el objetivo estratégico de "convertirse en la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, capaz de crecer económicamente de manera sostenible con más y mejores empleos y con mayor cohesión social". Además, se sentó el objetivo del pleno empleo en Europa, en una sociedad que se adapte mejor a las opciones personales de mujeres y hombres. El objetivo final es elevar, sobre la base de las estadísticas disponibles, el índice de empleo a un nivel lo más próximo posible al 70% de aquí a 2010 y lograr que la proporción de mujeres activas supere el 60% de aquí a 2010. Los Jefes de Estado y de Gobierno subrayaron que un índice medio de crecimiento económico de alrededor del 3% debería constituir una previsión realista para los próximos años si las medidas decididas en Lisboa se aplican en un marco macroeconómico sólido.

 

En este marco, el Consejo Europeo encargó a la Presidencia francesa que pusiera en marcha el trabajo basándose en una comunicación de la Comisión, con vistas a alcanzar un acuerdo sobre un programa social europeo en el Consejo Europeo de Niza en diciembre, con inclusión de las iniciativas de los distintos interlocutores implicados.

 

De acuerdo con estas orientaciones, el 28 de junio de 2000 la Comisión presentó su Comunicación titulada "Agenda de política social". La Comisión anunció esa Comunicación en el marco de su programa quinquenal como uno de los elementos clave de su agenda económica y social. Los Estados miembros destacaron unánimemente la calidad de esa contribución. Consideraron que constituía una base pertinente, habida cuenta de las orientaciones definidas por el Consejo Europeo en Lisboa y en Feira.

 

Sobre esta base, la Resolución del Parlamento Europeo adoptada el 26 de octubre de 2000 proporcionó elementos sustanciales de profundización y enriquecimiento. Insistió particularmente en los puntos siguientes:

 

ü      La importancia de la interacción entre la política económica

ü      La política social y la política de empleo

ü      El papel de los distintos instrumentos y del método abierto de coordinación y de la legislación y la movilización de todos los agentes.

 

En el Consejo Europeo de Lisboa, los Estados miembros recordaron que el modelo social europeo, con sus sistemas desarrollados de protección social, debe apuntalar el tránsito a la economía basada en el conocimiento. Además, subrayaron que las personas constituyen en Europa el principal activo, por lo que deben convertirse en el centro de las políticas de la Unión. La inversión en capital humano y el fomento de un Estado de bienestar activo y dinámico son esenciales tanto para que Europa ocupe un lugar en la economía basada en el conocimiento como para garantizar que el surgimiento de esta nueva economía no incremente los problemas sociales existentes de desempleo, exclusión social y pobreza.

 

Por esta razón, la Comisión ha centrado su Comunicación en la necesidad de lograr una interacción positiva y dinámica entre las medidas económicas, de empleo y sociales y movilizar a todos los agentes para alcanzar ese objetivo estratégico. Concretamente, subraya la doble finalidad de la política social:

 

ü      Reforzar el papel de la política social como factor de competitividad

ü      Permitir lograr una mayor eficacia en cuanto a sus propios fines, en materia de protección de los individuos, de reducción de las desigualdades y de cohesión social.

 

Este enfoque supone aumentar el nivel de participación en el mercado laboral, sobre todo de los grupos menos representados o más desfavorecidos en dicho mercado. En efecto, más puestos de trabajo y mejores puestos de trabajo son la clave para la integración social. Hay que promover mercados de trabajo de más fácil acceso y hay que fomentar la diversidad en el empleo como factor de competitividad y de integración social. La estrategia de reforzamiento mutuo de las políticas económicas y sociales definida en Lisboa, consistente en movilizar todo el potencial de empleo disponible, es así decisiva para garantizar la perpetuidad de los sistemas de pensiones.

 

Para preparar el futuro, la Unión ha de basarse en sus logros. Ha de seguir fomentando los valores de solidaridad y de justicia que la caracterizan y que la Carta de los Derechos Fundamentales consagra solemnemente. El modelo social europeo, que se caracteriza en particular por la existencia de unos sistemas de protección social de alto nivel, por la importancia del diálogo social y por unos servicios de interés general que incluyen actividades esenciales para la cohesión social, se apoya hoy en día, por encima de la diversidad de los sistemas sociales de los Estados miembros, en una base común de valores.

 

En todo caso, el objetivo fijado en Lisboa supone que la Unión Europea defina los nuevos retos comunes que requieren respuesta en los próximos cinco años. Concretamente son los siguientes.

 

ü      Realizar el pleno empleo y movilizar todo el potencial de empleo disponible. En este sentido, es fundamental mejorar las cualificaciones e incrementar las posibilidades de educación y formación permanentes, encomendando un papel esencial a los interlocutores sociales. Para aprovechar plenamente las posibilidades de las tecnologías de la información y de la comunicación serán necesarios cambios en la organización del trabajo. Flexibilidad y seguridad tendrán que combinarse en el contexto de una economía en transformación.

 

ü      Beneficiarse del progreso técnico. La rápida evolución de las tecnologías de la información y de la comunicación, y de las ciencias de la vida, hace ver a los Estados miembros la necesidad de desarrollar la economía y la sociedad basadas en el conocimiento y la innovación. Los cambios tecnológicos deben también traducirse en una mejora del nivel y de las condiciones de vida, que redundará en beneficio de todo el cuerpo social. El auge de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación constituye, pues, una oportunidad excepcional que conviene aprovechar plenamente, sin dar pie a una diferencia cada vez mayor entre quienes tienen acceso a los nuevos conocimientos y quienes quedan excluidos.

 

ü      Desarrollar la movilidad. La integración económica y la constitución de empresas multinacionales provocan una movilidad cada vez mayor de hombres y mujeres entre los diversos países de la Unión. Esta tendencia se debe alentar y facilitar, en particular para los docentes, los investigadores y las personas en formación. Por otra parte, deben modernizarse y mejorarse las normas comunitarias que garantizan el mantenimiento de los derechos sociales para los trabajadores que ejercen su derecho de movilidad.

 

ü      Sacar partido de la integración económica y monetaria. El establecimiento de la unión económica y monetaria y la existencia de un gran mercado interior dan lugar a una mayor transparencia al comparar costes y precios. Esta integración, garantía de una mayor competitividad, se traducirá en una reestructuración de los aparatos productivos y en cambios sectoriales, que deberán encauzarse y beneficiarse de un mayor esfuerzo en materia de cualificación y formación de los trabajadores. Es necesario desarrollar un enfoque positivo de estos cambios implicando empresas y trabajadores.

 

ü      Responder al envejecimiento de la población. El envejecimiento de la población supone nuevas exigencias para los Estados miembros. Este fenómeno exige nuevas respuestas tales como el aumento del porcentaje de actividad femenino, facilitar y apoyar la continuación de la actividad de los trabajadores de edad, la viabilidad de los sistemas de jubilación y las medidas para asumir las situaciones de dependencia.

 

ü      Reforzar la cohesión social. El empleo constituye la mejor protección contra la exclusión social. El crecimiento debe beneficiar a todos. Para ello, deberán llevarse a cabo e intensificarse acciones decididas, en particular en los barrios difíciles, para responder a la complejidad y a las múltiples dimensiones de los fenómenos de exclusión o de desigualdad.

 

ü      Conseguir que la ampliación sea un éxito en el ámbito social. La ampliación constituye un reto para la Unión Europea, en particular en el ámbito social. La Unión debe apoyar decididamente los esfuerzos ya iniciados por los países candidatos para adaptar y transformar sus sistemas sociales y favorecer la puesta en marcha de un proceso de convergencia en el progreso.

 

ü      Afirmar la dimensión social de la mundialización. La mundialización de los intercambios comerciales y financieros, al aumentar la competencia, agudiza la exigencia de competitividad, lo que tiene consecuencias sobre las políticas sociales. Las negociaciones multilaterales de tipo predominantemente económico tienen cada vez más una dimensión social. La Unión Europea debe organizarse de modo tal que garantice la toma en consideración de los objetivos sociales en las negociaciones internacionales.

 

Para responder a estos nuevos desafíos, la Agenda debe garantizar la modernización y la profundización del modelo social europeo e insistir, en todos los ámbitos de la política social, en la promoción de la calidad. La calidad de la formación, la calidad del trabajo, la calidad de las relaciones laborales y la calidad de la política social en su conjunto son factores esenciales para que la Unión Europea cumpla los objetivos que se ha fijado en cuanto a competitividad y pleno empleo. El desarrollo de esta vía y las acciones acometidas en el ámbito comunitario deben centrarse más particularmente en lograr realizar unos objetivos comunes, dentro del respeto del principio de subsidiariedad y dando el lugar que le corresponde al diálogo social.

 

Todos los agentes, Instituciones de la Unión Europea, Estados miembros, autoridades regionales y locales, los interlocutores sociales, la sociedad civil y las empresas tienen un papel que desempeñar.

 

La Agenda Social, para su aplicación, deberá recurrir, sin practicar ninguna exclusión, a toda la gama de instrumentos comunitarios existentes. Reconocerá la necesidad de respetar plenamente el principio de subsidiariedad y la diversidad de tradiciones y de situaciones en materia social y de empleo entre los Estados miembros.

 

Por tanto, el Consejo de Empleo y Política Social, habida cuenta de las orientaciones definidas por el Consejo Europeo en Lisboa y en Feira, y basándose en la comunicación de la Comisión, propuso las siguientes orientaciones para la política social.

 

I. Por un mayor número y una mejor calidad de los puestos de trabajo

 

La perspectiva de la realización del pleno empleo debe verse acompañada de un decidido esfuerzo para facilitar la participación del mayor número posible de personas en el mercado laboral, lo que implica, en particular, que se refuercen las políticas tendentes a fomentar la igualdad profesional de ambos sexos, a mejorar la articulación entre la vida profesional y la vida familiar, a facilitar el mantenimiento en el empleo de los trabajadores de edad, a luchar contra el desempleo de larga duración y a ofrecer, mediante la movilización de todos los agentes, y en particular los de la economía social y solidaria, perspectivas de integración para las personas más vulnerables. La opción por una sociedad del conocimiento implica que se invierta en recursos humanos a fin de fomentar la cualificación y la movilidad de los trabajadores.

 

Es importante fomentar la calidad del empleo y desarrollar realmente, en beneficio del mayor número posible de personas, las siguientes estrategias de educación y de formación permanentes:

 

ü      Aumentar la participación en el trabajo, poniendo mayor énfasis en las políticas tendentes a articular mejor la vida familiar y la vida profesional tanto para los hombres como para las mujeres y a favorecer el acceso al trabajo o el mantenimiento en el mismo de determinados grupos de personas.

ü      Intensificar y prolongar la estrategia coordinada para el empleo, tomando apoyo en los trabajos del Comité de Empleo.

ü      Tener más en cuenta los objetivos relacionados con la calidad del empleo, y con su importancia para el crecimiento como elemento importante de atracción e incitación al trabajo.

ü      Luchar contra el desempleo de larga duración desarrollando estrategias activas de prevención y de reeducación basadas en la determinación anticipada de las necesidades individuales y en la mejora de la capacidad de inserción profesional.

ü      Apoyar, en este marco, las dimensiones local y regional de la estrategia para el empleo.

ü      Mejorar el acceso efectivo a la educación y a la formación permanente, especialmente en el ámbito de las nuevas tecnologías, con objeto de evitar los déficits de cualificación.

ü      Promover la definición y la difusión de buenas prácticas sobre el empleo y la dimensión social de la sociedad de la información, en estrecha colaboración con el "Grupo de alto nivel" competente en este ámbito, y desarrollar más los aspectos del plan "e-Europe" relativos a los recursos humanos.

ü      Facilitar la movilidad de los ciudadanos europeos.

ü      Iniciar durante el periodo de la Agenda Social una reflexión sobre los vínculos existentes entre los movimientos migratorios y las políticas de empleo.

ü      Invitar a la Comisión a que, dentro del respeto de las competencias que le atribuye al respecto el Tratado, siga examinando la relación entre la política social y la política en materia de competencia.

 

II. Anticiparse a los cambios del entorno de trabajo y sacar partido de los mismos, desarrollando un nuevo equilibrio entre flexibilidad y seguridad

 

Las profundas transformaciones de la economía y del trabajo, relacionadas en particular con el nacimiento de la economía basada en el conocimiento y con la globalización, se están acelerando en todos los Estados miembros, haciendo necesarias nuevas respuestas colectivas que tengan en cuenta las expectativas de los asalariados. El diálogo social y la concertación deben crear las condiciones necesarias para una participación de los asalariados en los cambios que se produzcan, mediante una anticipación de los cambios en las empresas, los sectores industriales y los territorios. La búsqueda de unos marcos colectivos innovadores y adaptados a las nuevas formas de empleo deberá permitir un fomento de la movilidad y de la inserción de las personas en unas situaciones profesionales cada vez más diversificadas, mediante la organización de transiciones entre situaciones o empleos sucesivos.

 

Las medidas que se adopten para hacer frente a estas transformaciones deberán recurrir de manera equilibrada a los diferentes instrumentos comunitarios existentes, en particular el método abierto de coordinación, y dejar un gran margen de iniciativa a los interlocutores sociales, y se referirán a los siguientes aspectos.

 

ü      Reforzar la participación de los trabajadores en la gestión de los cambios que se produzcan, mejorando el marco comunitario relativo a los derechos de información, consulta y participación de los trabajadores.

ü      Desarrollar la estrategia comunitaria en materia de salud y seguridad en el trabajo.

ü      Tener en cuenta, en el contexto de interdependencia creciente de las economías europeas, las transformaciones del entorno de trabajo y las relaciones laborales.

ü      Apoyar las iniciativas relativas a la responsabilidad social de las empresas y a la gestión del cambio.

ü      Mejorar el funcionamiento del diálogo macroeconómico previsto por el Consejo Europeo de Colonia para que contribuya plenamente a la interacción positiva y dinámica de las políticas económica, social y del empleo.

ü      Organizar un cambio de impresiones sobre los despidos individuales, teniendo en cuenta las prestaciones de la seguridad social y las características nacionales del mercado laboral.

ü      Completar la legislación comunitaria relativa al tiempo de trabajo.

 

III. Lucha contra todas las formas de exclusión y de discriminación para favorecer la integración social

 

La vuelta a un crecimiento económico sostenido y la perspectiva próxima del pleno empleo no significan que en la Unión Europea las situaciones de pobreza y de exclusión disminuyan espontáneamente, sino que hacen aún más inaceptable su persistencia. El Consejo Europeo de Lisboa subrayó la necesidad de tomar medidas para dar un impulso decisivo a la eliminación de la pobreza. Afirmada al más alto nivel en cada Estado miembro, esta voluntad debe traducirse en la práctica en una movilización de todos los agentes locales, en particular las ONG y los servicios sociales, y verse secundada por medidas tendentes a garantizar la igualdad de trato para todos los nacionales de terceros países que residan de forma regular en el territorio de la Unión.

 

Estas medidas pueden concretarse en los siguientes aspectos:

 

ü      Desarrollar en cada uno de los Estados miembros un plan nacional de acción para luchar contra la pobreza y la exclusión social que abarque un período de dos años, sobre la base de los objetivos adoptados en común.

ü      Utilizar las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación para reducir la exclusión social, fomentando el acceso de todos a la sociedad del conocimiento.

ü      Garantizar, al término de los primeros planes de acción nacionales, el seguimiento de la recomendación de 1992 relativa a las garantías mínimas de recursos que deberán ofrecer los sistemas de protección social y examinar las iniciativas posibles para acompañar los avances en la materia.

ü      Respaldar, mediante el intercambio de experiencias, los esfuerzos de los Estados miembros en materia de política urbana para luchar contra los fenómenos de segregación social y espacial.

ü      Evaluar la incidencia del FSE, incluida la iniciativa comunitaria EQUAL, en el fomento de la integración social.

ü      Velar por la aplicación efectiva de la legislación comunitaria en lo que se refiere a la lucha contra toda forma de discriminación.

ü      Emprender, de conformidad con las conclusiones del Consejo Europeo de Tampere, una política más enérgica en materia de integración de los nacionales de terceros países que residan de forma regular en el territorio de la Unión, que aspire a ofrecerles derechos y obligaciones comparables a los de los ciudadanos de la Unión Europea.

ü      Desarrollar, en particular con ocasión del Año europeo de las personas con discapacidad, todas las acciones tendentes a garantizar una mejor integración de las personas minusválidas en todos los ámbitos de la vida social.

ü      Crear las condiciones para llevar a cabo una asociación eficaz con los interlocutores sociales, las organizaciones no gubernamentales, las administraciones territoriales y los organismos que gestionan los servicios sociales.

 

IV. Modernizar la protección social

 

Los sistemas de protección social, que constituyen un componente esencial del modelo social europeo aunque siguen estando bajo la responsabilidad de los respectivos Estados miembros, se ven enfrentados a problemas comunes. Para resolverlos de manera más eficaz, debe reforzarse la cooperación entre los Estados miembros, en particular a través del Comité de Protección Social. La modernización de los sistemas de protección social debe satisfacer las exigencias de solidaridad: este es el objetivo de las acciones que deberán emprenderse tanto en materia de pensiones y de sanidad como para alcanzar un Estado social activo que anime resueltamente a la participación en el mercado laboral.

 

Entre estas acciones cabe resaltar las siguientes:

 

ü      Proseguir la cooperación y los intercambios entre los Estados sobre aquellas estrategias que permitan garantizar en el futuro unas pensiones seguras y viables.

ü      Analizar, teniendo en cuenta la política que lleve a cabo cada Estado miembro, los ajustes introducidos en los sistemas de protección social así como los progresos que deberán aún alcanzarse para hacer que el trabajo resulte más ventajoso y para fomentar ingresos seguros, así como para favorecer la articulación entre la vida profesional y la vida familiar.

ü      Reflexionar sobre la manera de garantizar, respetando las exigencias en materia de solidaridad, un nivel alto y duradero de protección de la salud, teniendo en cuenta las repercusiones del fenómeno del envejecimiento.

ü      Examinar la evolución de la situación en materia de acceso transfronterizo a una atención y unos productos sanitarios de calidad.

ü      Garantizar el seguimiento y la evaluación, durante el periodo de vigencia de la Agenda, de una cooperación más estrecha en materia de protección social.

 

V. Fomentar la igualdad entre el hombre y la mujer

 

El fomento de la igualdad entre ambos sexos deberá hacerse de manera transversal en la totalidad de la Agenda Social y deberá completarse con una serie de medidas específicas relativas al acceso de la mujer a la toma de decisiones, al refuerzo de los derechos en materia de igualdad y a la articulación entre la vida profesional y la vida familiar.

 

Estas medidas específicas son las siguientes:

 

ü      Integrar el concepto de igualdad entre el hombre y la mujer en todos los ámbitos pertinentes, en la concepción, el seguimiento y la evaluación de las políticas, estableciendo los mecanismos e instrumentos apropiados, como, en su caso, las evaluaciones de la repercusión según el sexo, así como los instrumentos de seguimiento y los criterios de evaluación de los rendimientos.

ü      Ampliar el acceso de la mujer a la toma de decisiones, estableciendo cada Estado miembro objetivos adecuados u objetivos de progresión, con indicación de los plazos correspondientes, en el ámbito público y en el ámbito económico y social.

ü      Llevar a la práctica la comunicación de la Comisión titulada "Hacia una estrategia marco comunitaria sobre la igualdad entre hombres y mujeres (2001-2005)".

ü      Desarrollar el conocimiento, la puesta en común de los recursos y el intercambio de experiencias, especialmente mediante la creación de un instituto europeo del género y de una red de expertos.

ü      Ampliar y reforzar las iniciativas y medidas tendentes a fomentar la igualdad profesional entre el hombre y la mujer, especialmente en materia de remuneración.

ü      Garantizar una mejor articulación entre la vida familiar y la vida profesional, en particular fomentando una atención de calidad para los niños y las personas dependientes.

 

VI. Reforzar la dimensión social de la ampliación y de las relaciones exteriores de la Unión Europea.

 

La ampliación y las relaciones exteriores constituyen, por diversos motivos, un reto y una oportunidad para la acción comunitaria en el ámbito social. Es necesario desarrollar el intercambio de experiencias y de estrategias con los Estados candidatos, especialmente para hacer frente juntos con mayor eficacia a los desafíos del pleno empleo y de la lucha contra la exclusión, y fomentar una agenda económica y social integrado que se corresponda con el planteamiento europeo en los foros internacionales.

 

Concretamente, cabe citar las siguientes medidas:

 

ü      Preparar la ampliación con el objetivo de fomentar el progreso económico y social en la Unión ampliada.

ü      Desarrollar un enfoque concertado sobre las cuestiones sociales internacionales en el seno de las instituciones multilaterales.

ü      Reforzar la dimensión social de la política de cooperación, especialmente la lucha contra la pobreza y el desarrollo de la sanidad y de la educación, teniendo en cuenta la igualdad entre hombres y mujeres.

 

Para poder llevar a cabo estas orientaciones, se proponen las siguientes modalidades de aplicación.

 

Se invita a la Comisión a que haga las propuestas adecuadas y ejerza sus competencias de ejecución y de control de la aplicación del Derecho comunitario de conformidad con el papel que le atribuye el Tratado y de acuerdo con método abierto de coordinación.

 

El Consejo de Empleo y Política Social se encargará de la aplicación de la Agenda Social. Examinará, con miras a su adopción, durante el período de vigencia de la Agenda Social, las propuestas adecuadas presentadas por la Comisión, con la participación del Parlamento Europeo, en las formas previstas por el Tratado.

 

Se invita a los interlocutores sociales a que utilicen plenamente las posibilidades del Tratado en materia de relaciones contractuales y de acciones comunes y a que comuniquen antes de cada Consejo Europeo de primavera las acciones conjuntas emprendidas o previstas.

 

Los Estados miembros garantizarán la aplicación a escala nacional de los actos adoptados por el Consejo, y plasmarán dichas directrices y objetivos adecuados o comunes en políticas nacionales, regionales y locales, estableciendo objetivos específicos y adoptando medidas que tengan en cuenta las diversidades nacionales, regionales y locales.

 

Así como las siguientes modalidades de seguimiento y actualización:

 

Se invita a la Comisión a que presente en su informe de síntesis anual al Consejo Europeo las iniciativas que haya adoptado y a que ponga d relieve las contribuciones de todos los demás agentes para la modernización y la mejora del modelo social europeo con objeto de alcanzar el objetivo estratégico decidido en Lisboa.

 

El Consejo de Empleo y Política Social examinará los informes y el cuadro de indicadores de la Comisión y; contribuirá, en coordinación con las demás formaciones implicadas del Consejo, al Consejo Europeo de primavera a que se alcance el objetivo estratégico definido en Lisboa.