Francisca Suau Jiménez(Francisca.Suau@uv.es
)
Universitat de València
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Este artículo es una adaptación de una versión anterior denominada: "El género y el registro aplicados a la traducción del discurso profesional en lengua inglesa: un enfoque funcional". Ha sido publicada en Aleza, M.; Fuster, M. y Lépinette, B. (eds.) 1999. El Contacto Lingüístico en el Desarrollo de las Lenguas Occidentales. QUADERNS DE FILOLOGIA, Vol. IV. Universitat de València. Una de las aproximaciones al análisis de la variación lingüística que propone el funcionalismo discursivo es el estudio de las características genéricas o estructurales recurrentes, entendiendo que existen unos géneros o tipos de texto escritos y orales establecidos socialmente según unos intereses comunicativos académicos, profesionales o de mera interacción social. Otra es el análisis del registro a través del cual un género se manifiesta a nivel fonético, morfosintáctico y léxicosemántico. Estos dos enfoques siguen la línea establecida por los lingüistas sistémicos australianos (Ventola, 1984; Eggins, 1994, 1997; Martin, 1992a, 1992b) según la cual el género vendría determinado por el contexto socio-cultural o de orden superior y el registro por el contexto situacional o de orden inferior. Los parámetros de género y registro resultan válidos para su aplicación a la traducción del discurso escrito en lengua española perteneciente al ámbito de las profesiones, el cual abarca una tipología textual variada que va desde la carta comercial hasta el informe técnico, pasando por el telex, el memorándum y el folleto informativo. A través del análisis del género y del registro podemos describir de forma sistemática y como tarea previa a la pura traducción, aquellos documentos arquetípicos en cuanto a su estructura funcional, propios del ámbito comunicativo de cada profesión y generados por sus respectivas comunidades discursivas, al tiempo que también describimos su realización concreta según unas opciones léxico-semánticas y gramaticales individuales. Por una parte, el análisis del género permite establecer para cada tipo de texto unos patrones formales compuestos por funciones retóricas que varían según el propósito comunicativo de aquél. No vamos a entrar en el debate, necesario en otras esferas de este campo de investigación, acerca de la flexibilidad de estos patrones formales según se den en una u otra cultura (Downing, 1996) y sí a presuponer una cierta homogeneidad de los mismos y, por lo tanto, una cierta capacidad de prescripción de funciones retóricas recurrentes para cada género. Por otra parte, el concepto de registro (Halliday, 1978) y su división en las categorías de campo, tenor y modo permite otro nivel de análisis distinto al del género y complementario según la sistémica australiana, ya que estudia las realizaciones concretas de cada género. En primer lugar, conduce a la descripción del tema tratado o campo, sigue con la relación entre emisor y receptor del texto a través del tenor, y, por lo tanto, aporta información relevante acerca de la relación interpersonal o tipo de distancia entre emisor y comunidad discursiva a quién va dirigido el género. En tercer lugar, el modo utilizado, en nuestro caso la lengua escrita, abre la posibilidad de un análisis lexicosemántico y gramatical del registro, estudiando sus niveles de tecnicidad léxico-semántica y las peculiaridades formales de su tejido léxico y sintáctico tales como colocaciones, giros o frases formulaicas. El traductor de un documento técnico, comercial o financiero en el campo de cualquier lengua de especialidad tiene de este modo acceso a la estructura funcional del texto, así como a su nivel de formalidad y análisis lexicosemántico de su registro. La tarea traductológica posterior consistirá, por una parte, en la búsqueda de equivalencias funcionales entre la lengua origen y la lengua meta y, por otra, en la búsqueda de equivalencias formales y de significado propias de cada registro analizado. Desde el punto de vista estrictamente lingüístico, que no traductológico, género y registro han sido y son objeto de una considerable polémica sobre si deben entenderse como dos conceptos diferentes o como dos denominaciones del mismo fenómeno, que Downing (1996: 11) señala como "socially motivated variation across discourse types". Hay autores como Ghadessy (1993) que hablan indistintamente de género o registro, mientras que otros como Goatley (1994) los funden en un solo término "registro-género". Nuestro enfoque parte del modelo integrador de los sistémicos australianos de Sydney, que proponen el registro como realización del género, estando ambos inmersos en el concepto "contexto", antes indicado (Martin, 1985, 1992a). Desde un punto de vista cronológico, el estudio del registro es anterior al del género. Aunque sus raíces se remontan a Malinowski (1923), fueron lingüistas como Pike (1967) o Firth (1957) con sus "restricted languages" referidos a "circumscribed fields of experience or action" y que tienen cada uno "its own grammar and dictionary" (1957: 124, 87, 98 y 105) quienes se fijaron ya en campos tales como la ciencia, la tecnología, la política, el comercio, el deporte o la meteorología. Halliday, discípulo de Firth, difundió en los años sesenta el término registro, definiéndolo como " a variety according to use, in the sense that each speaker has a range of varieties and chooses between them at different times (Halliday, MacIntosh y Strevens, 1964: 77) y en 1978 estableció el objetivo que debía perseguir la teoría del registro:
Es decir, la situación determina qué selecciones se van a hacer en el sistema lingüístico, con lo cual podemos hacer una predicción de éstas. Siguiendo con Halliday, las variables que permiten analizar el contexto situacional que nos conduce al registro son campo (field), tenor (tenor) y modo (mode), las cuales no son sino la aplicación de las tres macrofunciones en las que Halliday divide el lenguaje: ideacional o experiencial, que es el ámbito de los hechos y las ideas; interpersonal o ámbito de las relaciones entre emisor y receptor; y textual o ámbito en el cual se organiza la información. Estas tres macrofunciones afectan a todos los niveles del lenguaje, desde la semántica a la fonología, pasando por la lexicología y la morfosintaxis, en todos los cuales tienen su efecto las características situacionales que impone el registro. Sin embargo, autores como Martin (1992a) o Reid (1987) consideran que la teoría del registro es insuficiente para explicar la relación texto/contexto ya que se centra básicamente en los rasgos lingüísticos contextuales de la situación y no del contexto más amplio, cultural o social. Así es como surge, en el seno de la escuela sistémica, la teoría del género, que se basa en el hecho de que todo comportamiento lingüístico viene determinado por factores socio-culturales y tiene un propósito comunicativo. Los géneros representan los actos lingüísticos culturalmente reconocidos y producidos por una comunidad discursiva concreta. Para cumplir su propósito comunicativo, cada género ha de cumplimentar una serie de funciones que constituyen la estructura esquemática o funcional de ese género. Es funcional porque cada elemento o ítem de esa estructura o patrón lo forman una o varias funciones retóricas, también llamadas movimientos "moves" por lingüistas no sistémicos tales como Swales (1990) o Bhatia (1993). Así, una carta comercial de promoción de un producto puede tener una estructura funcional formada por funciones retóricas o movimientos tales como - Saludar formalmente. al conjunto de las cuales llamaremos patrón genérico de la carta de promoción de un producto, con unas funciones o movimientos esenciales y obligatorios y otros secundarios que, además, pueden variar de una cultura a otra, según sea el canon socialmente establecido para identificar ese género. Los teóricos del género, a diferencia de los teóricos del registro, que analizan el texto como producto, ven el análisis genérico como un modo de abarcar todos los niveles del contexto, así como también la estructura lingüística, lo cual permite una visión del texto como producto y como proceso
Swales (1990) y Couture (1986) han formulado que ambos conceptos, género y registro, no tienen el mismo radio de acción. Mientras el género impone restricciones en el ámbito de la estructura del discurso, el registro lo hace en los niveles lingüísticos gramatical y léxico
En esta misma línea, la propuesta integradora de género y registro de los sistémicos australianos de Sydney ha aportado una nueva visión al estudio de ambas teorías lingüísticas. Martin la resume de este modo
La importancia que tiene en nuestro enfoque la teoría del género y del registro para la traducción del discurso profesional reside en el hecho de que, por una parte, el género permite predecir qué estructura funcional y propósito comunicativo nos vamos a encontrar al enfrentarnos a la traducción de un documento producido por esa comunidad discursiva. Por otra parte, la aplicación de las variables de registro nos ayudan a analizar las opciones lexicosemánticas y gramaticales concretas del documento en cuestión, con lo cual podemos obtener un cuadro analítico detallado, tanto del patrón discursivo del documento como de su realización en los distintos niveles lingüísticos. Desde su origen, con los "restricted languages" de Firth, ambos conceptos han ido estrechamente ligados al estudio de discursos de tipo específico, como puede ser el discurso científico, técnico, publicitario o comercial. Al ser su base la variación lingüística según unos parámetros sociales, los diversos discursos de ámbito profesional o académico han sido un claro objeto de estudio tanto del género como del registro. El discurso profesional se caracteriza, en los distintos géneros de que se compone, por una serie de funciones retóricas recurrentes, tanto escritas como orales, que responden a las transacciones típicas de la actividad de esta comunidad discursiva. Estas transacciones podrían denominarse macro-destrezas, dentro de las cuales se dan, de modo reiterativo, un número de funciones que el traductor necesita conocer, con objeto de poder identificarlas en los géneros lingüísticos que esta actividad produce. Robinson pone de relieve la regularidad organizativa de las actuaciones lingüísticas en los contextos de empresa, a la vez que destaca el léxico y el vínculo con el contenido de la materia de especialidad como variables dentro de estos patrones de conducta discursiva: "Business transactions are likely to be similar whatever the nature of the particular business; the particular business, however, will affect content and lexis" (Robinson, 1991: 97). Un ejemplo de estas macro-destrezas de la actividad empresarial sería una reunión de negocios, y éstas las posibles destrezas lingüísticas, que darían lugar a funciones retóricas recurrentes concretas:
Estas funciones retóricas estarían organizadas según la prescripción que cada género lingüístico de la actividad empresarial impone. En el caso de una reunión de negocios, un ejemplo de género podría ser el informe o las actas.
Aunque este es un nivel clave para la traducción, es muy reducida la investigación existente en el nivel léxicosemántico de registros de especialización en lengua inglesa o en otras lenguas. Para Robinson (1991) existe controversia respecto a la importancia del léxico especializado, ya que algunos autores lo ven como una cuestión clave (Sager, 1981; Alber DeWolf, 1984), mientras que para otros es un área en cierto modo olvidada, especialmente en lo que concierne a su enseñanza (Laufer, 1989). Otros autores (Hutchinson & Waters, 1987) prácticamente lo ignoran, reduciéndolo a un mero comentario sobre sus distintos niveles, que dividen en cuatro apartados: 1) estructural (términos gramaticales o "empty verbal fillers"): are, this, only, however. 2) general: table, run, dog, road, weather, cause. 3) sub-técnico: engine, spring, valve, acid, budget. 4) técnico: auricle, schistosome, fissure, electrophoresis. Estos últimos autores argumentan que no existe dificultad en su uso, puesto que, según ellos, es muchas veces un léxico internacional y por lo tanto conocido, o bien puede extraerse del conocimiento que se posee sobre ese discurso específico en la lengua materna, además de constituir únicamente un 9% de la totalidad del léxico (1987: 165). Robinson (1991: 28) hace una división de niveles léxicos en un discurso específico diferente a la que presentan Hutchinson y Waters (1987) y más operativa para el traductor: 1)
el nivel técnico o especializado En cuanto al discurso del ámbito empresarial, es, junto con el discurso científico-técnico, la variedad que más importancia tiene dentro de los discursos de especialización (Hutchinson & Waters, 1987: 16; Robinson, 1991: 97). Esta importancia se debe a su gran demanda de aprendizaje debido a la expansión de la actividad empresarial en las últimas décadas. Las propias definiciones de la lengua en el ámbito profesional apuntan hacia una no demasiada especialización de su léxico. Así, Pickett lo define como
Pickett denomina a esta variedad socio-lingüística "ergolecto" o lenguaje de trabajo, sugiriendo que un ergolecto opera a nivel léxico y a nivel transaccional (funcional), pero casi nunca a nivel gramatical (1989: 11). Si bien es cierto que el estudio del nivel léxicosemántico no ha generado hasta la fecha obras exhaustivas, es de rigor citar uno de los trabajos lexicográficos más recientes y relevantes realizados en nuestro país. Alcaraz Varó y Hughes (1996) hacen, en la introducción de su Diccionario de Términos Económicos, Financieros y Comerciales, una revisión de la naturaleza lingüística de estos términos, centrando su interés mayormente en los términos financieros, por las características tan peculiares de éstos, llenos de giros populares, pero realizando, no obstante, una comparación de los tres tipos léxicos. Así, los términos económicos son vistos como un registro más formal y académico que los términos financieros, aduciendo la gran cantidad de raíces latinas que encontramos en ellos, por ser la economía una disciplina académica, cuyo origen y lenguaje proviene de la tradición clásica (Alcaraz Varó & Hughes, 1996: vii). A pesar de hallar términos de origen anglosajón como clawback (recuperación, capacidad de reacción), upturn/downturn (repunte, caída o bajón), existe gran abundancia de términos de raíz latina como adverse selection (antiselección o selección adversa), moral hazard (riesgo moral), multiple correlation coefficient (cociente o coeficiente de correlación múltiple), arc elasticity of demand (elasticidad-arco de la demanda), command economy (economía autoritaria), etc. Los términos financieros, sin embargo, presentan una etimología bien distinta. Alcaraz Varó y Hughes (1996: viii) hacen una extensa exposición de estos términos, resaltando, como principal característica, el tono coloquial de la mayoría de palabras, junto a su etimología anglosajona. Los términos financieros que hallamos dentro del idioma empresarial vienen muy determinados por las revistas y periódicos de carácter financiero, encontrando fácilmente expresiones de registro coloquial y familiar como firms in the sector have beefed up their prices (Las empresas del sector han pegado una subida brutal a los precios) o buck the market (pegarle una sacudidad al mercado, oponerse a la tendencia del mercado). Esta característica, que en principio puede parecer que facilite la traducción, no es sino un obstáculo, ya que el registro coloquial del inglés tiene una etimología anglosajona y, por lo tanto, alejada de la raíz latina del español. Esto, unido a la propia actividad financiera que, lejos de la actividad más reposada de los economistas y debido a las tensiones propias de los negocios, propicia la flexibilidad lingüística y fuerza la creación constante de nuevos términos de registro coloquial (Alcaraz Varó & Hughes, 1996: ix), puede ser una fuente de problemas léxicos para el traductor. Ejemplos de características léxicosemánticas dentro del inglés financiero (según Alcaraz Varó & Hughes, 1996):
En cuanto a los términos comerciales, estos autores afirman que existe una combinación más equilibrada de léxico de etimología latina (market price, negotiable) y de origen anglosajón (shop-soiled, first-in first-out), al que habría que añadir las palabras de origen normando o del francés antiguo, especialmente las del transporte marítimo (charter party, average, demurrage, etc.) (Alcaraz Varó & Hughes, 1996: xvi), que provienen del inglés medio hasta el inglés contemporáneo. Las colocaciones. Es una cuestión bastante obvia que, para lograr una buena traducción, es imprescindible saber identificar unidades léxicas máximas tales como colocaciones y giros idiomáticos. Las colocaciones son particularmente importantes dada su frecuencia, ya que los giros son menos frecuentes y se pueden memorizar por su naturaleza de estructuras congeladas, y frecuentemente su significado literal, que no real, tiene connotaciones físicas, coloquiales o familiares fáciles de recordar (to kick the bucket, to rain cats and dogs, to spill the beans, to blow the gaff, etc.) (Cowie, 1981: 228). Firth fue el primero en introducir el término técnico collocation, y en sugerir la importancia de las colocaciones: "one of the meanings of night is its collocability with dark" (1957: 196) . No dio una definición de colocabilidad, aunque sí aplicó lo que llamó the test of collocability a determinados lexemas (Firth, 1957: 194). Posteriormente, Martin describe el conocimiento de las colocaciones como "a vital component in the learning of new vocabulary in a second language: one does not really know a word until one knows its collocational profile" (1984: 133). Para Cowie están confusos los límites entre giros idiomáticos y colocaciones e incluso acusa la falta de un término que recoja los dos fenómenos léxicos, aunque Mitchell (1971) sugiere la etiqueta de "composite element" que recoge el estudio de ambas estructuras léxicas, más los compuestos (1981: 225). Es más, dentro de la lexicología no existe, según Cowie, una rama que defina estos estudios, aunque en otros ámbitos geográficos como es el Este de Europa se le haya llamado "fraseología" (Gläser, 1980). La importancia que tienen las colocaciones léxicas en el discurso de las profesiones es indiscutible. Es frecuente encontrar en textos de variada tipología (libros de texto, artículos de prensa, anuncios publicitarios, etc.) colocaciones que se incluyen en el nivel de léxico técnico (current account, be goal orientated, to go up the market,run a business, etc.), que pueden crear dificultades al traductor por constituir, en nuestra opinión, un obstáculo doble: por una parte el problema que conlleva la combinación misma de términos, y por otro la naturaleza técnica de este léxico, a veces sólo conocida por los especialistas de una comunidad discursiva. Tenemos colocaciones gramaticales tales como account for, advantage over, adjacent to, to be afraid that,formadas por un nombre o verbo mas una preposición o estructura gramatical vacía de contenido semántico (Bahns, 1993) y otras colocaciones léxicas, que no contienen preposiciones, infinitivos o sintagmas, sino que están constituidas por combinaciones de nombres, adjetivos, verbos y adverbios. Benson, Benson e Ilson (1986) distinguen varios tipos de colocaciones léxicas que suscitan un mayor interés que las colocaciones gramaticales, por ser más dificultosa su traducción, y que Bahns (1993: 57) recoge:
Los términos afines o cognados Esta otra particularidad léxica también merece mencionarse, ya que representa otro obstáculo con el que se encuentran los traductores de habla hispana. Para Rusiecki (1979), los cognados constituyen un bilingüismo latente en muchas lenguas, y que, por lo tanto, se debe tener en cuenta al traducir. Dado el gran número de cognados procedentes del latín que entraron en la lengua inglesa a través del normando a partir de 1066 y también debido a su contacto posterior con lenguas romances, es importante tener en cuenta los cognados y falsos cognados, tanto en el nivel léxico de inglés general como en el de inglés técnico, sub-técnico y académico. Es frecuente encontrar palabras como position, successive, quotient, operator, perimeter, sphere, theory, velocity, symbol, increment, etc., pertenecientes a todos estos niveles, y es importante deternerse y analizar estos términos, para determinar si son falsos o no, y para ver en qué medida pueden ayudar a la comprensión discursiva: "Constituting one quarter of the total discourse, they might be profitably utilized as the stepping stones to gain access to other segments of the text" (Horsella & Sindermann, 1983: 15). Para Moss, los cognados son especialmente importantes en cuanto a frecuencia, entre el inglés y el español, sobre todo en cierto tipo de textos, entre los que cita los textos periodísticos, el lenguaje médico, el lenguaje de la ingeniería y el lenguaje de la informática, sugiriendo que cuánto mayor es el nivel técnico del texto, mayor número de cognados es posible encontrar, hasta llegar a un 30% de la totalidad de los términos (1992: 143). Aunque Moss no incluye el discurso de las profesiones, éste, por ser un lenguaje específico y por estar entre sus distintas variedades discursivas un número relativamente importante de textos técnicos, también participa, en nuestra opinión, de todas estas consideraciones, especialmente el lenguaje de la economía. Todo lo dicho hasta ahora constituye la base lingüística que es necesario conocer para, posteriormente, aplicarla a un texto concreto que se quiera traducir. De ella derivan una serie de pasos metodológicos que a continuación vamos a exponer, y que son los ejercicios preparatorios para la práctica de la traducción propiamente dicha. El traductor deberá practicar estos pasos de forma repetida, para, así, automatizar éste, que no es sino un proceso cognitivo, y poderlo aplicar a cualquier texto o género propio del discurso de las profesiones. 1. Determinar a qué género pertenece el texto que se va a traducir:
2. Analizar el registro: campo, tenor y modo.
Para concluir diremos que la idea subyacente a esta propuesta metodológica de género y registro aplicados a la traducción del discurso escrito que denominamos variedad socio-lingüística del ámbito de las profesiones es la de que el mundo de la empresa y las instituciones públicas exige a los traductores trabajos hechos con la máxima celeridad y precisión debido a la propia actividad profesional, a menudo sometida a grandes presiones de tiempo. Éste es un aspecto bien diferente al de la traducción de textos literarios o incluso de la traducción científico-técnica, donde las presiones de tiempo no son tan fuertes. Puede ocurrir a veces que de una adecuada traducción dependa un contrato, un acuerdo entre instituciones internacionales o una venta importante de un producto a una empresa extranjera, aspectos éstos que hacen comprender la necesidad de buenas y rápidas traducciones. Por lo tanto, es aconsejable para un traductor de textos empresariales e institucionales desarrollar unas técnicas traductológicas que le permitan abordar un texto y traducirlo eficazmente. Por ello nuestra propuesta metodológica de traducción, partiendo de unos criterios teóricos como son el concepto de género y el de registro, se basa en crear en el traductor unos esquemas cognitivos de procesamiento textual que, con la práctica, le hagan ver rápidamente de qué tipo de texto se trata y cuál es la estructura, funciones retóricas, opciones discursivas concretas y tipo de léxico que se va a encontrar en ellos.
Artículo correspondiente a los resultados obtenidos del Proyecto de Investigacion Competitivo Nº PB96-0773 "La Competencia Pragmática Contrastiva e Intercultural: Análisis e Implicaciones Pedagógicas" financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología. © Francisca Suau Jiménez, 2000.El URL de este documento es http://www.ub.es/filhis/culturele/tinasuau.html |
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Cultura e
Intercultura en la enseñanza del español como lengua
extranjera
se empezó
a publicar como un monográfico de la revista Espéculo:
http://www.ucm.es/info/especulo/ele/