IX Coloquio Internacional de Geocrítica

LOS PROBLEMAS DEL MUNDO ACTUAL.
SOLUCIONES Y ALTERNATIVAS DESDE LA GEOGRAFÍA
Y LAS CIENCIAS SOCIALES

Porto Alegre, 28 de mayo  - 1 de junio de 2007.
Universidade Federal do Rio Grande do Sul

 

CONSTRUYENDO PARQUES SOCIALES: Propuesta de nodos urbanos de inclusiÓn
para el Área de Abasto de Buenos Aires

 

Gustavo Diéguez

Universidad de Palermo - Buenos Aires - Argentina

gustavodieguez@hotmail.com

 

Guillermo Tella

Universidad de Palermo - Buenos Aires - Argentina
guillermotella@yahoo.com

 

  

Construyendo parques sociales: propuesta de nodos urbanos de inclusión para el área de Abasto de Buenos Aires (Resumen)

 

El área de Abasto de Buenos Aires se ha desarrollado históricamente con un carácter abierto de su trama urbana donde la calle, la esquina o la plaza fueron instrumentos cívicos de cohesión social. Sin embargo, en las últimas décadas se han instalado –como en toda la ciudad– procesos que rompen esos patrones de crecimiento mediante enclaves fortificados que encapsulan actividades, fragmentan territorios y expulsan población. En este marco, hemos elaborado una propuesta de intervención basada en un proceso colectivo que tiende a resignificar al espacio público para prácticas solidarias. Se trata de la implementación de un “Parque Social”, a modo de red de nodos urbanos de inclusión que establece lazos de contención, fortalece relaciones de vecindad, ofrece nuevas oportunidades a la comunidad y busca recuperar valores sociales en pugna.

 

Palabras-clave: parque social, nodos urbanos, instrumentos cívicos, espacio público, prácticas solidarias

 


 

Building social parks:Proposal of urban nodes of inclusion for the area of Abasto in Buenos Aires (Abstract)

 

The area of Abasto in Buenos Aires has historically developed with an urban scheme opened character where the street, the corner or the square were civic instruments of social cohesion. Nevertheless, processes that break with these growth sequences by means of strengthened enclave which encase activities, fragment territories, expel population, has been established in the whole city in the last decades. In this frame, we have elaborated a proposal of intervention based on a collective process that tends to re-signify the public space for supportive practices. It consists in the implementation of a “Social Park”, in a way of an inclusion urban nodes system that establishes loops of containment. That social park strengthens neighbourhood relations, offers new opportunities to the community and looks for recovering social values in struggle.

 

Key words: social park, urban nodes, civic instruments, public space, supportive practices

  


 

Los procesos recientes de segregación de la ciudad

 

En las dos últimas décadas se ha instalado en la ciudad de Buenos Aires un proceso de aguda polarización de su trama urbana. La aparición de inversiones inmobiliarias de gran escala combinada con el estímulo hacia el englobamiento y conformación de grandes parcelas, entre otras disposiciones fomentadas por la normativa urbana vigente, subvirtió los patrones tradicionales de crecimiento a partir de la generación de enclaves fortificados que encapsulan actividades, fragmentan territorios y segregan población. Es así como comenzaron a constituirse los “parques cerrados”.

 

Desde esta perspectiva, el presente trabajo[1] pretende dar cuenta de experiencias recientes de contraurbanización, que tienen en esencia un espíritu contestatario a las nuevas formas de expansión diferencial de la ciudad[2]. Se trata de la construcción de “parques sociales”[3] que ponen en práctica acciones de autogestión e instrumentos de contención e inclusión, con el propósito de mitigar los efectos de estas asimetrías.[4]

 

Tras un período de fuerte inestabilidad económica, se ha instalado en Argentina desde comienzos de los años 90 un modelo económico caracterizado por la apertura de mercados, la desregulación financiera, la flexibilización laboral, la privatización de empresas públicas y la concesión de servicios urbanos, e implicó la retirada del Estado como regulador del mercado y como promotor del bienestar social.

 

La aplicación de este modelo tuvo como correlato una sostenida desindustrialización, una tercerización de la economía y un exponencial crecimiento del desempleo, que detonó en una profunda disparidad en el tradicional abanico de sectores medios de la población. Indujo, además, a una redistribución de riquezas y de pobrezas, de libertades y de restricciones, concentró capitales pero –también– limitó posibilidades efectivas de acción y de elección[5].

 

De modo que se observa el surgimiento de una “nueva pobreza” que se sumó a la pobreza tradicional de las zonas degradadas de la periferia y del interior de la ciudad consolidada. (Prévôt Schapira 1989 y 2000). Asimismo, los sectores altos buscaron “refugio” en fortificaciones amuralladas de los suburbios de la ciudad –los “barrios cerrados”, los country clubs, los clubes de chacras–, o bien en desarrollos urbanos verticales –las “torres country”–, en las zonas tradicionales de la ciudad consolidada.

 

En esta misma línea, las actividades productivas tendieron a concentrarse en parques industriales, las de intercambio en parques comerciales, las de innovación en parques tecnológicos, las de gerenciamiento en parques empresariales, las habitacionales en parques residenciales, y las de esparcimiento en parques recreativos. Con lo cual, unos pocos espacios concentran riqueza y muchos otros se sumergen en un estado de abandono y precariedad extremos.

 

En este contexto de deterioro, en el territorio metropolitano se desarrollan “islas de riqueza” en “océanos de pobreza”, que dan cuenta de esta situación dicotómica: por un lado, la aparición de enclaves desvinculados de su entorno circundante; y, por otro, un tejido abierto degradado por los efectos de la indigencia, con invasiones de tierras, toma de edificios, vandalización de la calle. (Tella 2005).

 

Efectivamente, si bien se observa la bunkerización de territorios, con alta seguridad y aislamiento, también la trama abierta de la ciudad se desarticula, se desdibuja y rompe los criterios que históricamente la consagraron como tal. Estas nuevas lógicas[6] generan la ruptura de las estructuras sociourbanas sedimentadas a través del tiempo, la degradación cualitativa de las preexistencias y el incremento de las demandas de movilidad por medios privados.

 

La valoración del espacio público en Buenos Aires

 

La crisis argentina de finales de 2001 produjo un fuerte cambio de estado y sentido en las diferentes formas de manifestación popular y de apropiación del espacio público. La ciudad de Buenos Aires se constituyó en el epicentro de los estallidos sociales a escala nacional. La calle fue tomada por la ciudadanía como espacio resignificado para prácticas deliberativas y solidarias, así como también para vandalismo y desobediencia urbana. Es entonces como diversas experiencias de intervención del espacio público han surgido y adquirido visibilidad en el paisaje cotidiano –algunas de las cuales aun persisten–, entre las que se destacan tres tipos:

 

a. Itinerarios de protesta: Se instalaron como sus exponentes los “caceroleros” (manifestantes que recorren calles y avenidas expresando su protesta mediante el golpeteo de sus cacerolas); los “escraches” (concentraciones en repudio a protagonistas de actos de corrupción, frente a los edificios donde trabajan o residen); los “piqueteros” (movimientos de trabajadores desocupados que bloquean las principales vías de circulación y de acceso a la ciudad); y los “asambleístas” (espacio deliberativo autogestivo destinado a construir vínculos alternativos y cooperativos entre vecinos).

 

b. Territorios de indigencia: Como testimonio de las expresiones de la indigencia se encuentran: los “villeros” (toma de tierras por parte de sectores populares excluidos, que conforman pequeños barrios de “lata y cartón”); las “okupaciones” (toma clandestina de edificios que abandonados, obsoletos o degradados, por parte de grupos de familias “sin techo”); los “cartoneros” (carritos tirados por hombres, niños y hasta familias enteras, lanzados al cirujeo en las calles, para recoger residuos); y los “carreros” (carros tirados por caballos que recorren la ciudad para levantar de manera selectiva la basura domiciliaria).

 

c. Reapropiaciones sociales: La ciudad manifiesta sus reapropiaciones sociales mediante: las “fábricas recuperadas” (ocupación de industrias abandonadas por sus propietarios por parte de los propios trabajadores afectados); los “clubes de trueque”: espacios de compra-venta, donde la transacción se efectúa por mero intercambio de bienes usados); las “ferias de barrio” (ámbitos de abastecimiento frutihortícola, en plazas de zonas residenciales de sectores medio-bajos); y los “culto a tragedias” (sitios tomados como ritualidad de víctimas de tragedias, para ofrendar tributos a “mártires” de la muerte urbana).

 

En términos amplios, estas expresiones constituyen algunas de los principales indicadores de un proceso de apropiación del territorio para reclamos sociales –al que distintos autores con precisión han abordado (Martínez López 2002; Sánchez Uzábal 2003; Schamber y Suárez 2002; Arévalo y Calello 2003; Carpintero y Hernández 2002; Palomino 2002). En este contexto de ebullición social[7] emergió una experiencia contestataria y un nuevo escenario para el espacio público[8].

 

A partir de 2003 la ciudad de Buenos Aires inició un camino de desactivación progresiva de dichas prácticas que se fue replicando en el resto del país. Las acciones y movilizaciones sociales fueron perdiendo fuerza efectiva. Es así como cierta estabilización de las variables de la economía local colaboraron, entre otros factores, con la merma de parte de la actividad de los cartoneros, la desarticulación de los clubes de trueque –sumada a otras razones de ejecución interna–, la desactivación de las asambleas barriales –a partir de diversas instancias de negociación con los ahorristas perjudicados- y la salida de las calles de los grupos piqueteros –en la medida que algunos grupos fueron sumados a fuerzas políticas tradicionales–.

 

Transcurridos cinco años de aquella crisis institucional, surgen en el campo cultural argentino nuevas interpretaciones vinculadas a la actualidad del concepto espacio público, en medio de su recurrente aparición en primer plano tanto por los efectos de la divulgación de las acciones de renovación de aceras, embellecimiento y vallado de áreas verdes –la elevación del concepto a la figura de ministerio en el gobierno local es otro dato relevante[9], así como por las numerosas programaciones de actividades culturales al aire libre–.

 

El lugar de expresión de conflictos y disputas sociales

 

Definida como “recipiente conceptual” (Gorelik 2006)[10] por su capacidad de conexión de esferas tan diferenciadas como la ciudad, la política o la sociedad, la categoría de espacio público resulta ser en estos años –“entre la crisis y el boom turístico e inmobiliario”– la depositaria de una variada cantidad de discursos de muy diversos orígenes y campos de interés.

 

Sin embargo, y más allá de las posibles definiciones del concepto, el espacio público sigue constituyendo el lugar de la expresión de los conflictos y disputas sociales, contra todos los intentos de representación de la transformación urbana ejecutados desde las voluntades del progresismo político.

 

Un especial suceso es prioritario de ser citado como ejemplo, y es doblemente pertinente por haber ocurrido en el área de intervención del presente trabajo: el 30 de diciembre de 2004 se produce en Buenos Aires una catástrofe sin precedentes que marcó una nueva etapa en la historia de los modos de movilización popular y de acceso al espacio público. Se trata del incendio de la discoteca “República de Cromañon”, que causó la muerte de 194 jóvenes y que produjo un fuerte impacto con consecuencias múltiples. En primer lugar, desencadenó una nueva crisis institucional a nivel ciudad con la destitución política del Jefe de Gobierno por parte de la Legislatura.

 

En términos de su repercusión urbana, los familiares de las víctimas desarrollaron innumerables marchas por las calles en reclamo de justicia y, además, cercaron el área en la que ocurrió el hecho para erigir allí un santuario a sus deudos. Al margen de que la entidad administradora de bienes del Estado Nacional (ONABE) les cedió el predio en el que se construyó un paseo conmemorativo –que también sigue en pie– frente a la discoteca incendiada, los familiares no han abandonado su postura de mantener cerrada la calle, a pesar de los reclamos de diferentes sectores sociales del barrio.

 

Este hecho estableció un antecedente inusual en la vida de la ciudad, que se mantiene vigente durante más tiempo que muchas demandas de orden institucional. A su vez se ha sumado otro elemento al suceso: el predio de la discoteca se encuentra a no más de cien metros de una de las áreas de intercambio multimodal de transporte público más importantes de la ciudad: la Plaza Miserere. El corte de calle provocó el desvío de casi diez líneas de ómnibus de pasajeros por una arteria que ya recibía el flujo de otras tantas.

 

El resultado fue la protesta de la Asamblea Barrial “Balvanera Sur”, dado el desvío del tránsito generaba un incremento notable del nivel de contaminación sonora y vibraciones, con el consiguiente deterioro de las edificaciones frentistas de la calle. Esa misma asamblea, una de las pocas que se han mantenido desde su formación, realizó durante estos años propuestas de carácter urbano de sumo interés para el área.

 

En coincidencia, ellos solicitaron al ONABE la cesión de un predio amurallado y en desuso equipado con galpones ferroviarios, a sólo doscientos metros del santuario de “los pibes de Cromañón”, para llevar adelante un centro comunitario de carácter público equipado –entre otras funciones– con auditorio comunal, sector de actividades deportivas, locales para el funcionamiento de las distintas instituciones vecinales de contención social y un centro comunitario. Si bien la entidad se negó a la cesión, los vecinos se abocaron a la tarea de construir en un terreno no amurallado del mismo predio, caracterizado por el abandono y la basura acumulada, una plaza pública en su reemplazo, bautizada como “Plaza del mientras tanto”.

 

Como fotografía de las relaciones entre ciudadanía, fenómenos locales y presencia estatal puede decirse que la posición del gobierno local durante estos tiempos de transición política de la ciudad ha sido la de mantener silencio respecto al corte de calle, evitando todo tipo de conflictividad. Por el contrario, la “Plaza del mientras tanto fue desarmada de su apariencia artesanal y convertida –luego de un cambio de imagen– como estandarte político del accionar del nuevo ministerio.

 

 

Figura 1:  Abasto. Características del área de intervención.

 

Referencias: 1-Predio que ocupara la discoteca República de Cromañón, 2-Monumento conmemorativo en predio cedido por ONABE (Organismo Nacional de Administración de Bienes del Estado), 3-Santuario erigido por las padres de las víctimas de la catástrofe. Calle cortada, 4-Plaza Miserere, 5-Estación terminal de Ferrocarril 11 de Setiembre, 6-Predio solicitado por la Asamblea barrial Balvanera Sur al ONABE para la construcción de Centro Comunal, 7-“Plaza del Mientras Tanto”, 8-Zona de viaducto ferroviario donde está programada la primera etapa del Corredor Verde del Oeste, 9-Esquina donde estuvo ubicado el Bar O`Rondeman, 10-Ex mercado de Abasto, actual Centro comercial Abasto Shopping Center, 11-Hipermercado, 12-Conjunto de torres-country.

Fuente: Elaboración propia.

 

 

Dificultades y oportunidades para el área de Abasto

 

La problemática de los centros históricos como Abasto se ha convertido en un tema central de debate en las políticas urbanas de las ciudades latinoamericanas. Algunos de sus componentes de degradación y deterioro que sufren lo constituyen: la pauperización creciente de los estratos sociales menos favorecidos, el ajuste económico que reduce las políticas sociales, la privatización de servicios que retrae la presencia del Estado nacional, la tensión establecida entre riqueza histórico-cultural y pobreza económico-social. Esto acentúa el carácter contradictorio que ostentan los centros históricos: el par polar establecido entre preservación y desarrollo.[11]

 

La reciente demolición del Bar O’Rondeman, sitio tradicional de Abasto, es un caso testigo que encierra estas problemáticas cruzadas. Allí el mítico cantante de tangos Carlos Gardel se inició como intérprete y conformó su dúo junto a José Razzano. Sus habitaciones en planta alta alojaron a artistas diversos desde 1910. (Diéguez y Tella 2006). El edificio había sido preservado por la normativa urbanística –al igual que los lotes anexos al antiguo Mercado del Abasto– en un polígono que conformaba una de las tantas áreas de protección histórica que posee la ciudad de Buenos Aires.[12] En setiembre de 2005 una reglamentación que no tuvo mayor difusión pública dictaminó la desafectación de la protección histórica a todos los inmuebles de la mencionada área, y un par de meses después el edificio histórico ya no estaba en pie.[13]

 

En consecuencia, surgen como principales problemas a resolver en Abasto los siguientes: (a) cómo encauzar las sinergias del lugar hacia un horizonte común, deseado y legitimado, definiendo una estrategia de actuación que proporcione un modelo de gestión del territorio; (b) cómo asegurar la viabilidad de las propuestas, identificando los recursos para su ejecución e involucrando a los responsables de la toma de decisiones; y (c) cómo desarrollar asociaciones participativas significativas público-privadas, que involucren a todos los agentes sociales de la comunidad local.

 

El área de Abasto en Buenos Aires debe interpretarse como un barrio histórico, luego de la pérdida de las funciones de centralidad que le dieran origen. El área inició hace unos años un ciclo de revitalización a partir de la operación de reciclaje del viejo mercado. Ha transitado un camino por el que atravesó desde un estado de abandono absoluto hasta una incipiente transformación en centro de atracción turística. Sin embargo, aún conviven graves conflictos de inseguridad, marginalidad, clandestinidad y degradación que requieren el aporte de ideas y estrategias de gestión que impulsen su compleja reconversión.[14]

 

 

Figura 2: Proceso de formulación de diagnóstico y propuestas

 

Sobre la mesa de trabajo, diferentes integrantes del proyecto (especialistas, funcionarios, vecinos, estudiantes) dan cuenta de los avances generados y participan de los procesos de diagnosis y formulación de propuestas para el área de Abasto.

Fuente: Elaboración propia.

 

 

En los avances alcanzados por los diversos procesos de recuperación y revitalización de los centros históricos se constata que para su sustentabilidad ambiental, social, cultural y económica, es necesario desarrollar planes, programas y proyectos de carácter integral y participativo, con los cuales se vayan generando principios y pautas comunes de acción. Con lo cual, en el particular caso de Abasto se plantearon diferentes campos a trabajar:

 

- Estrategias de valoración: reconocer al patrimonio cultural del área como fuente de desarrollo y acervo potencial de la identidad colectiva de la ciudad. Con lo cual, se deben atender problemáticas estructurales tales como: degradación del patrimonio, despoblamiento y desempleo, privatización de espacios públicos, tugurización y pobreza extrema, pérdida y/o relegamiento de su centralidad, ausencia de políticas de rescate, déficits en los procesos de gobernabilidad, falta de conciliación de intereses entre la población residente y la población “flotante”.

 

- Estrategias de intervención: desarrollar nuevas modalidades de intervención y tratamiento integral del área, que lo afiance como centro “vivo” de la ciudad, como inductor de la acción concertada de los actores públicos y privados para lograr la sustentabilidad de su rehabilitación y valoración. Esto implica políticas de “alivio” y superación de la pobreza, mejora de las condiciones de habitabilidad, preservación del medioambiente, democratización de la gestión pública, y respeto y tolerancia de las identidades étnico-culturales, y recuperación de la centralidad.

 

- Estrategias de administración: la preservación y revitalización del área por la complejidad de su problemática, con una visión integral que los interprete e inserte como parte del sistema urbano en su conjunto. Esto implica la conformación de un marco jurídico que asigne responsabilidades y competencias de actuación, y asegure la puesta en ejecución de mecanismos de gestión eficientes que incluyan la participación y concertación ciudadana. Involucra, además, el desarrollo de mecanismos de financiamiento y promoción de la inversión pública, privada y mixta.

 

- Estrategias de recuperación: la crisis por la que atraviesa el área en los centros históricos compromete la calidad del hábitat. Con lo cual, se requieren políticas y programas que promuevan la renovación urbana, la destugurización, la recuperación ambiental, la seguridad ciudadana, la generación de oportunidades de empleo, la participación vecinal y ciudadana, el fomento de los vínculos de solidaridad y reciprocidad entre los diversos actores, y la consolidación de los espacios multiétnicos y pluriculturales que hacen a los centros ámbitos vivos abiertos a la creatividad y diversidad.[15]

 

Sin dudas, en estas estrategias planteadas se quiere al gobierno local como un fuerte actor, para coordinar e implementar políticas de desarrollo. Y en función de las posibilidades y factibilidades de operatividad del presente proyecto en la coyuntura política descripta, hemos considerado la posibilidad de establecer una propuesta de construcción de una red ciudadana identificada con Abasto, cuya voluntad de ejecución no esté sujeta ni dependa de las alternancias políticas ni de manejos departamentales. En virtud de ello, se buscó articular a diversos actores de la población local –habitualmente enfrentados o no necesariamente cohesionados entre sí.

 

Uno de los principales problemas de orden físico del área es la carencia de espacios públicos y áreas verdes.[16] Por otra parte, el barrio dotado tradicionalmente del mayor circuito del teatro independiente de Buenos Aires (hasta hace un par de años sumaban veintidós), ha comenzado a verse disminuido en número por el cierre de salas que no han podido adaptarse a las medidas de seguridad requeridas luego de la catástrofe de Cromañón. Si es el espacio público un “recipiente conceptual” tal como se lo ha definido, también representa por ese medio y por esa figura, el ámbito donde poder encontrar los puntos de encuentro necesarios, en beneficio de la coexistencia y la mutua potenciación de las acciones.

 

 

Figura 3: Talleres de discusión con la comunidad de Abasto

 

Numerosos espacios de debate pusieron en evidencia las diferentes dimensiones problemáticas del área de Abasto. En este caso, María Carman y Lucas Rubinich reflexionan sobre la diversidad socio-cultural; en junio 23 de 2006, Auditorio de la Universidad de Palermo.

Fuente: Elaboración propia.

 

 

La construcción del “Parque Social del Abasto”

 

Con el propósito de ofrecer respuesta a esta multiplicidad de factores en juego, comenzó a tomar forma un plan de acción que busca: por un lado, generar una unidad de gestión territorial permanente y, por otro, construir un sistema de nodos de contención social para las familias del barrio y de promoción cultural alternativo a los circuitos tradicionales. De esta manera toma forma el “Parque Social del Abasto”, que recupera las preexistencias identitarias e instala a la comunidad local como protagonista de la transformación local.

 

La primera experiencia concreta destinada a generar nodos de inclusión en áreas de segregación se desarrolló recientemente en el Barrio La Estrella del municipio de San Miguel –en el segundo cordón metropolitano de Buenos Aires–, y se denominó “Parque Social”. Su objetivo fue organizar a la comunidad local para que sea capaz de recuperar por sí valores sociales en pugna, tales como: competitividad y cooperación; solidaridad y compromiso; seguridad y recreación; formación y trabajo; futuro y presente. (Tella et.al. 2007).

 

Esta iniciativa tiene como antecedente de referencia la actuación llevada a cabo en el Reino Unido para dotar de soluciones a problemas de pobreza estructural. Allí la comunidad local identificó sus necesidades prioritarias y ofreció como respuesta un área verde productiva, alrededor de un típico bloque de pisos del centro degradado de la ciudad, con huertas comunitarios y jardines hortofrutícolas intensivos. Asimismo, se generó un centro multiusos de ocio y formación en la planta baja de los bloques donde jóvenes y adultos puedan adquirir habilidades de artesanía, cultivo y cocina.[17]

 

Barrio La Estrella es testimonio del fuerte impacto de la crisis sobre la estructura socioterritorial de la ciudad. (cfr. Lombardo et.al. 2003). Se trata de un área de loteos populares abiertos, con viviendas de autoconstrucción, precaria accesibilidad, ausencia de infraestructuras, alto nivel de desempleo e importante deserción escolar y delincuencia juvenil. Ante este escenario, los vecinos comenzaron generar colectivamente instancias de toma de decisiones que ofreciesen respuestas suficientemente vastas, factibles e inclusivas.

 

Para revertir la situación crítica del barrio se propuso la recuperación de un terreno baldío adyacente para emprender allí diversas actividades de contención que permitan la reinserción de los jóvenes en el sistema educativo, la generación de herramientas de acceso al empleo y el desarrollo de microemprendimientos que potencien las capacidades locales. De este modo la población local construyó un rumbo deseable y puso a prueba las habilidades de gestión adquiridas por los vecinos.

 

Luego de un año y medio de trabajo en el área de Abasto a través de instancias de participación efectiva en las redes sociales y culturales de la zona[18], y del aporte académico conseguido con la formación de grupos de alumnos y miembros representativos de la comunidad local, trabajando tanto dentro de la estructura de grado de Arquitectura como en la extensión universitaria a través de un programa de investigación, se ha comenzado a ejecutar el “Parque Social del Abasto” como pieza central de la etapa de implementación de la investigación en curso.

 

El proyecto de Parque Social se constituye entonces como un dispositivo articulador de las diferentes iniciativas dispersas, a partir del aprovechamiento de los recursos existentes en el Abasto con la finalidad de la multiplicación de las áreas de uso público en la diversa oferta de espacios y núcleos privados e instituciones. En todos los casos se busca favorecer un sentido unitario para el proceso, enlazando al conjunto de las tareas a partir del cumplimiento de un objetivo central tomado como denominador común: la ampliación física y la mejora cualitativa del uso del espacio público y la conformación por ese medio de un sistema abierto de cohesión social.

 

 

Figura 4: Propuesta inicial del Parque Social del Abasto.

 

Referencias: 1-Casona Cultural Humahuaca, 2-Cumbre de Juegos Callejeros, 3-Revista El Abasto, 4-El Bancadero Centro de Asistencia psicológica, 5-Abasto Plaza Hotel, 6-Museo Carlos Gardel, 7-Universidad de Palermo, 8-Casa Abasto, 9-Teatro El Cubo Cultural, 10-Red de Artistas Plásticos del Barrio de Abasto, 11-Fuerza Abasto, 12-O.S.P.A.C.A (Obra Social de Empleados del Automóvil Club Argentino), 13-Teatro De la Fábula, 14-Circuito Turístico Teatral y otras programaciones, 15-Milonga Bar El Morocho del Arrabal, 16-Tanguería Restaurante Alma Tango.

Fuente: Elaboración propia.

 


Lógicas y alcances de implementación del proyecto

 

Desde el punto de vista de la implementación del proyecto, se han emprendido una serie de fases concatenadas. La primera consiste en la reunión de los diferentes grupos, instituciones e individuos participantes a través de una serie de encuentros programados. En ellos cada uno de los integrantes de la red expresa en sus actuales proyectos en marcha, las ideas y propuestas nuevas que aportar así como disponibilidades y posibilidades concretas para facilitar sus instalaciones edilicias, terrenos, tiempos y otros recursos de orden físico, para ser incluidos en el nuevo mapa barrial y/o convertirse en recursos para proyectos de nuevos integrantes de la red.

 

Seguidamente se trabaja sobre aquellos proyectos que aún no cuentan con financiamiento cierto, a fin de encauzar su grado de factibilidad. Eso está ocurriendo en concreto con el proyecto de un circuito turístico teatral –una experiencia de teatro callejero a lo largo del barrio–, desarrollado de manera conjunta entre una compañía de teatro independiente y empresarios del sector turístico; que está en la búsqueda de una línea de subsidios del área de cultura del Gobierno de la Ciudad. De todos modos, la mayoría de los proyectos en marcha prevén su autofinanciamiento.

 

Las fases posteriores tienen que ver con la preparación del entorno y herramientas que sustentan el proceso. Esto implica la elaboración de un mapa que permita visualizar todos los componentes de la red y sus ofertas. Una herramienta complementaria es la confección de un sitio en Internet que facilite trabajar en conjunto con el mapa como una suerte de agenda local del espacio público, una línea de tiempo que maneje grados de flexibilidad mes a mes para realizar las programaciones respectivas. Podrán entonces exponerse los diferentes eventos en diferentes áreas de interés, a la vez que podrá identificarse en el mapa la variación de la figura dinámica que tomará a lo largo del tiempo el parque social.

 

Se enlazan así eventos de las asociaciones civiles, de los teatros y centros culturales, de la red de instituciones sociales, de grupos de vecinos, de artistas y de las universidades, de manera de formar una red más amplia que permita la multiplicidad de actores, a la vez que articule las actividades y agendas en un único espacio de visualización, como así también la de otras iniciativas que impulsen el mejor aprovechamiento del espacio público de la ciudad.[19]

 

Las actividades que en estos momentos se están comenzando a poner en marcha son las siguientes: escuela de fútbol para niños, apoyo escolar, apertura y visita a talleres de artistas de la zona, el circuito turístico teatral, la cumbre de juegos callejeros, festivales de música popular, talleres de capacitación, foros de discusión, seminarios sobre el parque social, atención psicológica, entre otras.

 

En consecuencia, a partir de tareas de relevamiento sociourbano se lograron en una primera instancia desarrollar una mirada diagnóstica del sitio. Seguidamente, se construyó una modelización teórica que pretendía generar redes de contención social, a partir de los problemas detectados. A continuación, mediante talleres participativos de discusión, se validó la iniciativa con la comunidad local; y actualmente, tal propuesta se encuentra en proceso de implementación.

 

Desde esta perspectiva, el proyecto de parque se instala como herramienta capaz de aportar una posibilidad efectiva de articulación social y de reconfiguración urbana. Dado que se trata de un sistema abierto e inclusivo, representa de la manera más horizontal posible las relaciones entre los diferentes actores sociales por fuera de estructuras jerárquicas. Esta figura, que expone su confianza en la sociedad civil, aspira a construir una política de la ciudadanía para comprender un escenario transformador con sus propios medios.

 

A modo de conclusión, en las tradicionales áreas consolidadas que atraviesan agudos procesos de fragmentación, que acentúan los problemas de exclusión y de segregación social, mediante tan aisladas como pequeñas iniciativas locales, han comenzado a surgir nodos urbanos de inclusión. De modo que, frente a un crecimiento diferencial de la ciudad, es indispensable sostener, consolidar y reproducir esta incipiente experiencia de parques sociales, que tienden redes de contención, que fortalecen relaciones de vecindad, que ofrecen nuevas oportunidades a la población y que permiten recuperar valores sociales en pugna.

 

 

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TELLA Guillermo, CAÑELLAS Estela, COLELLA Viviana, GARAVAGIA Luciana y NATALE Daniela. La emergencia del parque social: Expresiones del proceso de contraurbanización en Buenos Aires. En: Universidad de Guadalajara (México), Revista Espiral, Estudios sobre Estado y Sociedad, Nro. 38, Volumen XIII (enero-abril), 2007, p. 141-168.

 



Notas:

 

[1] El presente trabajo se sustenta en los resultados del proyecto de investigación denominado “Abasto a cielo abierto: Desarrollo de estrategias para un modelo de gestión urbana”; dirigido por G. Diéguez y G. Tella, y desarrollado en el marco de la programación científica 2006-2007, de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Palermo. Cuenta con el apoyo institucional de: Sr. Rector Ricardo Popovsky, Decano de Arquitectura Carlos Sallaberry, Secretaría Académica Graciela Runge, Director del Departamento de Arquitectura y Urbanismo Arq. Eduardo Leston, y Consultor Permanente Rodolfo Machado (Harvard University, United State). Sus integrantes son:

- Fase I. Análisis y Diagnóstico (2006): Estudiantes Pasantes: Chia Mei Chen y Laura Giacosa / Estudiantes Asistentes: María Sol Escandarani, Valeria Junco, Astrid Rieken y Paola Tizzi / Representantes de la Comunidad Local: Sergio Borelli, Silvia Celurso, Fernanda Clancy, Enrique Ehrlich y Héctor Rodríguez Bilardo.

- Fase II. Propuesta e Implementación (2007): Estudiantes Pasantes: Chia Mei Chen y Paola Tizzi / Representantes del Parque Social: María Suárez y Guillermo Castaneda (Red de Instituciones Sociales del Abasto), Ernesto Michel (Teatros independientes del Abasto TIABA), Enrique Box (MCE), Adriana Klein (Hotel Abasto Plaza), Antolin Magallanes (Cultura Abasto), Cecilia Brilliarelli (Subsecretaría de Turismo GCBA), Horacio Torres (Museo Casa de Carlos Gardel GCBA), Patricia Perouch (Universidad CAECE), Rafael Sabini (Revista El Abasto), y Alberto Morales (Artistas Plásticos del Abasto).

[2] Con diferentes enfoques, parte de los resultados de este trabajo han sido presentado por los autores en: (a) “Patrimonio y desarrollo inmobiliario. Combinación estratégica o una interpretación del tiempo: El caso del bar O´Rondeman de Abasto, Buenos Aires”; Buenos Aires y Salta (Argentina): VIII Congreso Internacional de Rehabilitación del Patrimonio Arquitectónico y Edificación, organizado por el Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio de Argentina-CICOP, el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Gobierno de la Provincia de Salta (septiembre 5-13 de 2006); y (b) “Abasto a cielo abierto: Cuando la universidad se compromete con la comunidad local”. Mar del Plata (Argentina): V Coloquio Internacional sobre Gestión Universitaria en América del Sur; organizado por el Instituto de Estudios Sociales para América Latina y el Caribe-UNESCO (diciembre 8-10 de 2005).

[3] El “parque social” tiene como antecedente directo una experiencia llevada a cabo en el segundo cordón metropolitano de Buenos Aires, y cuyos resultados pueden consultarse en: (a) Tella Guillermo, Cañellas Estela, Colella Viviana, Garavagia Luciana y Natale Daniela. (2007), “La emergencia del parque social: Expresiones del proceso de contraurbanización en Buenos Aires”. En: Universidad de Guadalajara (México), Revista Espiral, Estudios sobre Estado y Sociedad, Nro. 38, Volumen XIII (enero-abril), pp.141-168; y (b) Tella, Guillermo. (2005), “La figura del Parque Social: Una experiencia singular en San Miguel Oeste”. En: Buenos Aires: Revista Digital Café de las Ciudades, Nro. 33, julio <www.cafedelasciudades.com.ar>.

[4] La denominada “contraurbanización” debe ser entendida como el proceso la recuperación de los núcleos centrales de la aglomeración. En: Hall, Peter y Hay, David. (1980), Growth Centers in the European Urban System. Londres: Heinemann.

[5] Los antiguos ricos dependían de los pobres para crear y acrecentar su riqueza. La nueva forma de riqueza ya no los necesita y eso acentúa las desigualdades sociales y territoriales. Desde esta perspectiva, nuevas formas de concentración y de dispersión emergen en las ciudades.

[6] Que se corresponden a un proceso de polarización territorial selectiva denominado urban cluster, implica el paso de un crecimiento intensivo a un desarrollo extensivo del espacio urbano, a partir del surgimiento de nodos de concentración de funciones de servicios a diferentes escalas sobre fragmentos territoriales dispersos, pero con externalidades que impulsan un sistema reticular de vinculación. (Tella 2001).

[7] El proceso de crisis tuvo a diciembre de 2001 como escenario de estallidos sociales a escala nacional en el que, con epicentro en Buenos Aires, se produjo un quiebre en las relaciones entre representantes y representados. Estos acontecimientos, tuvieron su desarrollo después de las medidas del Gobierno Nacional de cerrar los bancos y limitar las extracciones de fondos como solución para evitar la fuga de capitales al exterior.

[8] Con relación a ello, Mike Davis (2006) destaca que: “En una misma ciudad latinoamericana, por ejemplo, hay desde iglesias pentecostales hasta Sendero Luminoso, pasando por organizaciones reformistas y ONG neoliberales. La popularidad de unos y otros colectivos varía muy rápidamente y es muy difícil hallar una tendencia general. Lo que está claro es que en la última década los pobres -y me refiero no sólo a los de los barrios urbanos clásicos que mostraban ya niveles altos de organización, sino también a los nuevos pobres de las periferias- se han estado organizando a gran escala, ya sea en una ciudad iraquí como Sader City o en Buenos Aires. Los movimientos sociales organizados han puesto sobre la mesa reivindicaciones de participación política y económica sin precedentes, que han impulsado un avance en la democracia formal”.

[9] Corresponde a la Ley 1925, de marzo 23 de 2006, destinada a la Creación de Ministerios del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Entre los once creados, uno de ellos fue el de Espacio Público. En su Artículo 23 la ley define sus alcances en términos de: diseño e implementación de políticas tendientes a mejorar y mantener el espacio público, a proteger e incrementar los espacios públicos de acceso libre y gratuito que garanticen su uso común, su puesta en valor y su mantenimiento, y la conservación de los bienes afectados al dominio público, entre otros.

[10] “En los años ’80, y después de muchos años de ausencia en los vocabularios cultural, sociológico y político, el espacio público se convirtió en una categoría omniexplicativa, especialmente, operativa. Es notorio que en esta Buenos Aires que atravesó las crisis del 2001 y 2002, y hoy parece atravesar un nuevo boom, la categoría de espacio público sigue funcionando como en los 80 y los 90, tanto para interpretar los fenómenos de la cultura urbana (del circuito cultural tanguero a las Gallery Nights), (como se ve en las recientes transformaciones céntricas) como para fundamentar las acciones de gobierno sobre la ciudad”. Gorelik, Adrián. El romance del espacio público, en Block Nro. 7. 2006. CEAC UTDT. En otro texto más reciente Gorelik amplia su mirada sobre las transformaciones urbanas post-crisis. Modelo para armar. Buenos Aires, de la crisis al boom, en Punto de Vista, Nº 84, abril de 2006.

[11] Para Fernando Carrión (2003), en el contexto de la globalización es indispensable rescatar las genuinas particularidades de cada región, de cada ciudad, de cada cultura, que se expresan en múltiples y diversas manifestaciones las que, en general, se encuentran y potencian en los centros históricos, uno de los espacios de identidad más importantes de las comunidades urbanas.

[12] El “Distrito APH 32 Mercado de Abasto y su entorno” es uno de los nuevos Distritos “Área de Protección Histórica” incorporados en la modificación del Código de Planeamiento Urbano (Ley Nro. 449 y modificatorias). En dicha ley contiene, en su Sección 5º “Zonificación de Distritos”, además de los Distritos APH enumerados en el artículo 5.4.12 “Distritos Áreas de Protección Histórica”, la previsión de una serie de nuevos distritos APH en su artículo 5.4.13. En esa disposición se enumeran una serie de áreas susceptibles de ser incorporadas como distritos APH, encargando al Poder Ejecutivo su incorporación por vía reglamentaria (artículo 5.4.13.1).

[13] Por Resolución Nro. 1096 - SiyP se deja sin efecto la Disposición Nro. 8-DGPEIU/03. Buenos Aires, septiembre 1 de 2005. A partir de este caso resulta necesario poner en discusión el estatuto general de las normativas urbanas desde sus posibles niveles de alteración y enmienda. Si pudiera convenirse que una normativa urbana define para las configuraciones de la ciudad una “políticas de estado” a largo plazo –tan largo plazo como lenta resulta la construcción de una ciudad–, no sería equívoco poder asimilarla con una carta orgánica o constitución. Es entonces cuando se pone como interrogante el papel que juegan las áreas urbanas, su cumplimiento y las prerrogativas institucionales para su modificación. Por otra parte, la interpretación divergente por parte de diferentes áreas de gobierno establece una tensión entre los que ponen en valor el pasado y los que actúan pragmáticamente con una imagen cristalizada del futuro.

[14] Las agudas transformaciones socioeconómicas y las incesantes innovaciones tecnológicas han puesto en evidencia las limitaciones de los instrumentos tradicionales de planificación de la ciudad. Asimismo, la multiplicidad y heterogeneidad de actores intervinientes en la ciudad diversificaron e intensificaron sus reclamos en pos de una mayor competitividad y calidad de vida urbana, y requirieron su participación en la toma de aquellas decisiones que los involucrase. Por tal circunstancia, las administraciones locales optaron por exaltar los atractivos de su oferta urbana para captar y retener actividades que las sustenten y revitalicen, pero ignoraron a la red de actores sociales que le dieron origen e identidad.

[15] La Declaración de Lima de 1997, el Programa “Barcelona ponte guapa” de 1992, la Ley de Planeación del Distrito Federal de México de 2000, el Plan de Desarrollo Integral de La Habana Vieja de 1997, la Conferencia de las Naciones Unidas Hábitat II-Estambul 1996, el Plan de Preservación y Desarrollo de la Ciudad de Cuzco de 1997 o los programas municipales para la recuperación de los centros históricos –tal como “ProCentro” en San Pablo, “ProLima” en Lima o “Fideicomiso Centro Histórico” en México– constituyen buenos referentes al respecto.

[16] A ello se ha sumado el anuncio de la interrupción de la obra del Corredor Verde del Oeste, uno de los ejes de acción del Plan Urbano Ambiental de la ciudad de Buenos Aires –que contaba con el apoyo financiero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y con una empresa constructora adjudicada–, y cuya primera etapa tomaría siete calles del viaducto correspondientes al área del Abasto.

[17] La experiencia se denomina “Oasis Urbano”, y consiste en un acuerdo de ayuda mutua entre The Arid Lands Initiative (una organización internacional ambientalista y de desarrollo comunitario), Apple Tree Court (una compañía gestionada por inquilinos de bloques), y los servicios locales de empleo juvenil y libertad condicional, con el apoyo de la parroquia y las escuelas locales. Al respecto, ver: “Programa Oasis Urbano, Hebden Bridge (Reino Unido)”; (2002), Dubai: Concurso de Buenas Prácticas <http://habitat.aq.upm.es/dubai>

[18] En octubre del año 2003 se firmó un acuerdo marco de cooperación entre el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y una serie de entidades culturales, sociales y económicas con el propósito de conformar “Cultura Abasto”. Se trata de un proyecto conjunto del sector público con el privado y la activa participación de la comunidad local. La Universidad de Palermo ha suscripto dicho documento y desde 2005 participa con su aporte académico a la dinámica de este programa de desarrollo local compuesto por más de cuarenta entidades públicas y privadas del área (centros culturales, clubes de cultura, teatros, bares, pymes, emprendedores, comercios, fundaciones, asociaciones, centros comerciales, bancos, organizaciones no gubernamentales, artistas plásticos, microemprendedores, instituciones, universidades y artesanos, entre otros). En la actualidad la estructura de Cultura Abasto funciona como una asociación civil (la primera en el país de naturaleza publico-privada), que ya no cuenta con el apoyo del gobierno local.

[19] En la actualidad ya se encuentran trabajando en este proyecto numerosas organizaciones de la sociedad civil: Casona Cultural Humahuaca, Cumbre de Juegos Callejeros, Revista El Abasto, El Bancadero, Abasto Plaza Hotel, Museo Carlos Gardel, Universidad de Palermo, Universidad CAECE, Casa Abasto, Teatro El Cubo Cultural, Teatro Fray Mocho, Red de Artistas Plásticos del Barrio de Abasto, Centro Cultural La Vereda, Fuerza Abasto, Red de Entidades Sociales del Abasto, entre otros.

 


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