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Scripta Nova.
 Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales.
Universidad de Barcelona [ISSN 1138-9788] 
Nº 69, 1 de agosto de 2000

INNOVACIÓN, DESARROLLO Y MEDIO LOCAL.
DIMENSIONES SOCIALES Y ESPACIALES DE LA INNOVACIÓN

Número extraordinario dedicado al II Coloquio Internacional de Geocrítica (Actas del Coloquio)

LA COMPULSIÓN POR LO LIMPIO EN LA IDEALIZACIÓN Y CONSTRUCCIÓN DE LA CIUDAD CONEMPORÁNEA.  GESTIÓN  RESIDUAL EN BARCELONA 1849-1936

Francisco de Assis da Costa


El objetivo principal del presente trabajo ha sido realizar una aproximación histórica a la cuestión específica de la gestión residual en el contexto del proceso de modernización de la ciudad contemporánea.

Hemos partido de la idea de que parte importante de la estructuración física y social de la ciudad es resultante de los conceptos de limpieza y salud pública. Estos conceptos, a su vez, están definidos según ideas paradigmáticas de la medicina respecto la etiología de las enfermedades colectivas. O sea, el estudio de las causas de las más importantes amenazas a la salud pública ha servido, entre otras cosas, para definir el perfil de lo que es un ambiente urbano hostil o, al contrario, un ambiente urbano adecuado a la vida productiva de sus habitantes. Pero también - y esto parece ser más importante - ha servido, y todavía sirve, como soporte para la ordenación estratificada y segregadora del espacio urbano.

Cuando el Ingeniero Ramoneda Holder elabora en 1917 su sección olfativa, midiendo como respiran los imbornales de las alcantarillas de Barcelona desde el casco antiguo hasta San Gervasio, lo hace preocupado por la imagen y el confort de la Perla del Mediterráneo. Pero algunas décadas antes, cuando el paradigma miasmático todavía responde sobre el origen de los desequilibrios de la salud pública, esta peculiar agrimensura no solo habría servido para medir el potencial de morbosidad de cada esquina de la ciudad sino también su nivel de suciedad. Este carácter es todavía más acentuado en la Barcelona de hoy. En efecto, parece ser que la presencia de la basura, que hoy de forma ordenada es posible verificar en las calles de Barcelona, no supone necesariamente la presencia de la suciedad. El carácter de sucio es necesariamente de amenaza; no hay suciedad donde no hay amenaza. La mirada médica es por eso la especializada en reconocer y también definir el lugar, la forma, el olor, el color o la invisibilidad de la amenaza. Define lo limpio. Por eso que para Cerdà y para el GATCPAC Grupo de Arquitectos Catalanes por la Arquitectura Contemporánea), a la hora de idealizar y construir una ciudad nueva, la mirada médica es decisiva aunque solo sea para justificar sus propias miradas.

Hemos querido, por eso, buscar identificar esta ciudad definida a partir del concepto de limpieza y salud. La ciudad vista como un cuerpo por la mirada médica. La ciudad idealizada, y también controlada, a partir de la mirada del ingeniero y del arquitecto. Y, finalmente, el conjunto de estas actitudes en la construcción misma de lo que en el siglo XIX se ha llamado urbanización. O sea, la modernización de la ciudad - su adaptación al modelo productivo industrial - está directamente vinculado al estado de salud de la clase dominante y de la mano de obra productiva. Los primeros como individuos y los segundos como piezas clave de la máquina de producción de riqueza.

La ciudad enferma

Como se ha comentado anteriormente, al tratar de la idea de ciudad enferma ha sido fundamental la identificación de las relaciones de la medicina paradigmática en la idealización y la construcción de la ciudad. Se trata de identificar no solamente qué ideas específicas determinan la mirada médica en su vigilancia sobre el individuo, la casa, la calle, la ciudad y todo ambiente de su entorno, sino lo que supone para estos la lógica paradigmática de cada período.

En este sentido, la referencia del paradigma miasmático es la gran protagonista en la descripción e idealización de la ciudad industrial decimonónica. Este paradigma se basa en la creencia que los vapores venenosos, originados de los procesos de putrefacción, son la causa de las epidemias infecciosas.

Las precarias condiciones de habitabilidad de algunos barrios ha servido para afirmar esta antigua idea sobre el carácter de las emanaciones pestilentes. El mal olor - aquel que el Ingeniero Ramoneda Holder intenta registrar de forma despreocupada hacia 1917 - delimita aquí no solo el área devaluada de la ciudad sino también su grado de morbosidad.

La nueva mirada médica, que sustituirá a la del paradigma miasmático, empezará a ser desarrollada a partir de 1861 por Louis Pasteur. Pero no será a finales del siglo cuando la bacteriología determinará un nuevo paradigma médico particularmente importante en la idea y concepción de la ciudad saludable. El trabajo de Pasteur permite aclarar que los microbios sólo surgen de otros microbios y que no hay generación espontánea. Al contrario del paradigma miasmático, la bacteriología supone una mirada fundamentalmente distinta sobre el entorno: introduce una amenaza no solo invisible pero también inodora.

La ciudad ideal

En efecto, en esta mirada está el modelo antitético que inspira la ciudad ideal de Cerdà y del GATCPAC. La observación de las condiciones de vivienda de la ciudad existente proporciona los elementos necesarios al diseño de la ciudad ideal. El mundo rural, con su equilibrada concepción del habitat, es expresión del orden en el origen de la sociedad. La ciudad existente, con el caos que caracteriza su organización física y social, es el mejor ejemplo de la necesidad de construir una ciudad nueva. El conjunto de las variables formadas por ambos grupos forman un concepto general de ciudad. El concepto de limpieza o salud, por la presencia o ausencia de distintas variables, es lo que marcará el concepto general de la ciudad ideal. Barcelona estaba básicamente formada por calles estrechas irregulares y casas demasiado elevadas. Todos estos males dificilmente podrían ser evitados en la ciudad existente, como reconocia Cerdà, pero podían servir como un ejemplo antitético de como construir la ciudad nueva. La ciudad es enferma porque es sucia, y la suciedad está en el aire. Aunque desde miradas paradigmáticas distintas, esta utilización antitética es particularmente parecida a la que el GATCPAC hace del casco antiguo de la ciudad y, particularmente, del Distrito V. El distrito acoje a una población de inmigrantes cuya salud es poco a poco minada por las condiciones de vivienda, mientras las autoridades se dedican a la construcción de hospitales y sanatorios para curar los males provocados por las condiciones del ambiente.

Otro dato básico para la formulación de ambos modelos de ciudad ideal está en la valoración de los elementos naturales. Para Cerdà, la diferencia cualitativa entre lo que campo y ciudad ofrecen al hombre, está en que la ciudad no ha podido incorporar y mantener las condiciones ideales propias de la naturaleza en su medio construído. Hay un interés por diseñar una ciudad teóricamente perfecta y una insistente búsqueda en purgar la realidad preexistente, idealizando en el sentido utópico un paraíso natural al que comparar con la obra imperfecta del hombre. La imposibilidad de aplicar este modelo a la totalidad física de la ciudad existente les hace concentrar la solución del proyecto hacia una ciudad paralela, nueva: el ensanche, en aquel llano donde las condiciones naturales se presentarían perfectas. Cerdà purga el medio natural que les sirve de modelo, mientras generaliza la condición de impureza y enfermedad de la obra urbana. Este es su proyecto de ciudad limpia ideal.

Para el GATCPAC lo fundamental es que el ambiente crea al individuo. El campesino sano, enérgico, sabio y feliz, su hábitat y sus objetos, contrastan con la vida urbana sedentaria. La actitud es el dato clave en la referencia del nuevo espíritu.

De los modelos antitéticos y de los modelos naturales, desarrollados por Cerdà y el GATCPAC, se generan las pautas básicas del proyecto para dos Barcelona ideales. Por parte de Cerdà, la ciudad ideal se configura en el Ensanche de Barcelona; los grandes ejes que articulan el proyecto están definidos por la circulación de los vientos más saludables y la mejor disposición para la extracción de las aguas residuales. Hay una relación clara entre organización espacial y calidad de vida, determinada básicamente por la presencia o no de vientos saludables: Lo que determina las direcciones de la calles del Eixample, así como aquellas que se abrirían en el casco antiguo, son la posibilidad de no sólo tener un trazado regular que favorezca la circulación de los vientos, o limpieza natural de la ciudad, sino que éste sea realizado por los vientos más sanos. El trazado se asemeja a una red de conductos de aire, como cloacas imaginarias destinadas a la limpieza aérea de la futura ciudad, conformadas por la orientación y anchura de las calles. El aire, como elemento fundamental en la salud de la población, y su renovación sistemática, impediría la acumulación del peligro miasmático.

La lógica del diseño propuesto para el trazado urbano también se aplica a la escala del edificio habitacional donde las necesidades básicas exigen la creación de una nueva unidad de medida. Esta haria posible determinar la calidad de la habitación por la menor o mayor disponibilidad de aire respirable. Cerdà indica una necesidad de seis metros cúbicos de aire por hora para cada individuo para calcular las dimensiones de una habitación.

Por su parte el GATCPAC promociona la diseminación de modelos de cálculo para la insolación adecuada de la nueva arquitectura. En la época, el estadunidense Howard T. Fischer desarrolla un diagrama que posibilita verificar el movimiento aparente del sol. El GATEPAC (Grupo de Arquitectos Técnicos Españoles por la Arquitectura Cointemporánea) distribuye a través de la Revistas AC los diagramas impresos sobre papel vegetal para facilitar los cálculos necesarios. Pero, considerando una realidad que no se puede cambiar de manera radical, hay una preocupación decisiva por permitir una mayor resistencia a las condiciones desfavorables del espacio urbano existente. La Ciutat del Repós i Vacances de Castelldefels está diseñada para esta función revigorizante, necesaria para recomponer las horas de insalubridad y desconfort de una ciudad todavía no adaptada a los preceptos funcionalistas. Destaca, finalmente, de las proposiciones del GATCPAC, la idea de edificar una determinada tipología de vivienda que pudiera servir especialmente a la población inmigrante. Esta serviria como punto de transición entre la vida rural y la ciudad. O sea, aquellos inmigrantes recién llegados serían enviados a vivir en super manzanas especialmente diseñadas para una inserción gradual en la ciudad funcional. Las edificaciones serían bajas, especialmente diseñadas teniendo en cuenta la poca costumbre de la población inmigrante con la vida urbana (altas densidades y bloques en altura) y serían destinadas áreas para la implantación de huertos.

La ciudad limpia real

Como vimos anteriormente, la experiencia revela una clara vinculación entre la presencia del desecho y el desorden del cuerpo orgánico y social de la ciudad. Esta relación, puesta en evidencia por el crecimiento acelerado y desordenado de la ciudad industrial, caracteriza la condición de problema que tiene el desecho urbano. Por otro lado, el papel clave de los recursos tecnológicos se concreta en la insistencia por la condición subterránea de la evacuación de letrinas, basuras domésticas e incluso el transporte de materias "sucias" como el carbón.

Desde el punto de vista del cuerpo social y sus mentalidades, como intentaremos explicar, las relaciones entre espacio urbano y gestión residual suponen la existencia de conflictos que van más allá de los aspectos técnicos. Las mentalidades tienen un papel decisivo en la construcción de la realidad. Con el modelo de "excreción" subterráneo la administración logra sintetizar, en una única fórmula, tres aspectos básicos de la ciudad burguesa decimonónica: la tecnología (como instrumento básico de la lógica productiva), los preceptos médicos (como legitimación del modelo) y la construcción de un precedente para tornar invisibles todos aquellos flujos y actividades no deseadas en el seno del cuerpo social dominante. En este contexto si las aguas residuales deberían ser evacuadas por una red subterránea, por qué no las basuras, el carbón y otras actividades menores. El despliegue tecnológico supone la abstracción de las variables y hace desaparecer el sentimiento de vergüenza que supone gestionar residuos fecales, aguas negras y basuras domésticas; se especializa de tal manera el proceso de evacuación que este pasa a ser parte de una secuencia cuantitativa; un movimiento mecánico simple, plausible de medición y cuantificación. Es, como explica Mumford, una experiencia que está en el centro mismo de la mecanización del universo y que se define como la victoria del pensamiento racional.

Utopía hecha realidad

Lo más cercano al sueño utópico de una ciudad subterránea, que atendiera especificamente a las necesidades de la evacuación de los flujos indeseables de la superficie, se concreta con la estructura jerarquizada y fáustica de la obra parisina. Pero respecto al caso particular del sistema subterráneo de evacuación residual de Barcelona existen tres etapas bastante diferenciadas: la primera está marcada por un período confuso, que consiste en tentativas de administrar la red existente, sin que se promuevan cambios estructurales importantes; el segundo corresponde al período de reorientación sintetizado por el trabajo del Ingeniero García Fària y la ejecución de algunas obras de saneamiento exigidas por la construcción del Ensanche; y por fin la construcción propiamente dicha de un sistema general, entendido como tal, de evacuación y limpieza urbana que se consolida en las primeras dos décadas del siglo XX.

En la primera etapa, que empieza hacia mediados del siglo XIX hasta la formación de la Comisión de Alcantarrillado en 1884, la inercia del poder público respecto a la realización de una obra general de reforma del sistema de saneamiento se puede considerar como parte mismo del modelo básico de gestión residual existente. Esta postura está directamente relacionada con una atención especial a la amenaza que sufre el cuerpo o la riqueza de la burguesía industrial y, por otro, el beneficio indirecto que de esta preocupación reciba la clase obrera. O sea, las malas condiciones higiénicas no parecen afectar de forma importante al grupo socialmente dominante, como se comprueba del debate respecto al modelo de gestión residual a seguir y por las obras e intervenciones realizadas en la ciudad real, principalmente durante la segunda mitad del siglo XIX.

En este período, y principalmente en el tercer cuarto de siglo, se mantiene un modelo de evacuación residual que favorece a la población con capacidad para actuar de forma individualizada. Mientras, por otro lado, permanece una mayoría obrera totalmente dependiente de los beneficios públicos. Supone finalmente, que la motivación mayor de la burguesía, hacia la cual se dirigen los discursos higienistas, no es tanto la protección de su cuerpo sino la de su riqueza. Esta última, materializada en la fuerza del obrero y en la fluidez y confianza con que puedan ser producidas y comercializadas sus mercancías. En este caso, afirmar que los brotes epidémicos son los verdaderos motores de las reformas sanitarias es una exageración.

Desde el punto de vista sociotopográfico, es posible verificar con mayor claridad la existencia de las dos ciudades, realizando una comparación con datos básicos, como el de la distribución espacial de los electores. Cuanto mayor la densidad de electores menor la cantidad de denuncias presentadas en el Ayuntamiento respecto a las condiciones de las alcantarillas. En efecto, las áreas cuyo numero de electores es de 200 o más, se registran solamente 10 solicitudes para limpieza de cloacas, mientras que este número es ligeramente superior (12) en las de 150-199 electores. La cantidad sube de manera más notable a 21 en las de 100-149 electores, y a 30 en las de 50-99 electores.

El dato referente a los electores, indica áreas con mayor presencia de propietarios una vez que esta es una condición básica para ejercer el derecho a voto en aquella época.(1)Respecto a las obras particulares, observamos que 25 de las 33 obras realizadas entre 1849-1855 están en áreas de más de 100 electores, mientras 8 de las 33 obras solicitadas están en áreas cuya cantidad media de electores es inferior a 100.

La mayor densidad poblacional, al contrario de lo que se podría imaginar, no tiene una relación exclusiva con las calles con peores condiciones de alcantarillado. Las calles con problemas de cloacas están en su mayoría distribuidas en las áreas de mayor densidad, pero también las solicitudes de obras particulares se registran en su mayoría en estas zonas. 71 de las 103 solicitudes de obras particulares hechas entre 1849-1867 están en zonas cuya densidad es superior a 2000 hab/ha. Las altas densidades necesariamente no indican, como se acreditó durante todo siglo XIX, malas condiciones sanitarias.

Respecto a la relación entre mortandad y malas condiciones de evacuación de aguas residuales hay una relación mucho más clara que con las altas densidades. Mientras las altas densidades coinciden con la presencia mayoritaria de ambas variables, los índices de mortalidad marcan la diferencia más importante entre las dos ciudades: 80 de las 103 obras particulares identificadas están fuera de las manzanas que registran una mortandad superior a 15 por mil.

Además se nota que una vez declarada la epidemia de cólera morbo en España el número de solicitaciones baja de forma importante. Esta bajada se explica por el temor de que la remoción de los desechos contaminara la atmósfera de miasmas. Por esta razón los sucesivos brotes coléricos que se declaran en España en los años 1853-56, 1859-60 y 1865, antes que determinaren una mayor cantidad de solicitaciones de limpieza, hace que éstas disminuyan. Al contrario, en el caso de las obras de saneamiento realizadas en el ámbito privado, estas aumentan durante la proximidad de la amenaza colérica. La proximidad y amenaza del cólera anima a los vecinos a realizar aquellas obras de saneamiento de su entorno más inmediato: vaciar, limpiar o construir albañales y pozos en sus propiedades particulares. O sea, el grupo económicamente mejor situado tiene controlada sus condiciones mínimas de seguridad sanitaria.

La red de alcantarillado y la ciudad. Relaciones estructurantes. El proyecto García Fària y la revisión de Gustà Bondia.

Como bien anotó Norbert Elias, las razones higiénicas sustituyen poco a poco las razones civilizadoras como dispositivo de coacción más importante en la normalización de los individuos hacia la vida urbana. La construcción de grandes estructuras subterráneas, para la circulación ordenada de los flujos indeseables, es por ello uno de los aspectos fundamentales en la definición del modelo de modernización de la ciudad contemporánea occidental. Y este, en particular, será el espíritu con que se va a crear en 1884 la "comisión especial encargada de estudiar la reforma general del sistema de alcantarillas con arreglo a un plan determinado y fijo y de conformidad con las prescripciones de la higiene".

El proyecto elaborado por García Fària resulta está concebido no solamente como un modelo de saneamiento, sino de urbanización del subsuelo. Pretende liberar la vía pública de las aguas pluviales, aguas sucias, transporte de letrinas, basuras y residuos sólidos procedentes del barrido de la calle. Las galerías subterráneas, además, albergarían aquellas instalaciones necesarias a las redes de gas, agua, electricidad y telefonía. En la Barcelona de la Exposición Universal deL 1888 la élite no se encuentra amenazada directamente por el cólera morbo o las malas condiciones resultantes de las carencias sanitarias. La estrategia, habría pensado García Fària, era cambiar de una vez los argumentos higiénicos por los de orden humanitario, estético y económico, haciendo desaparecer las referencias directas a la salud pública y la higiene. Este procedimiento marca un cambio respecto a los argumentos utilizados para sensibilizar los cuadros de mando sobre la urgencia del proyecto de saneamiento de Barcelona. Pero no podemos olvidar que la vigilancia y la forma de llevar adelante las posibles operaciones protectoras dependen esencialmente de las respectivas lecturas permitidas por los paradigmas médicos.

Debido a esto, uno de los puntos más polémicos en los proyectos de saneamiento era cómo se daría la acometida de las casas particulares a la cloaca, delante de la posibilidad de que la casa o la vía pública fuera invadida por las emanaciones miasmáticas u otras amenazas semejantes. Para entender esta cuestión, hay que tener más una vez presente aquellos elementos que han sido protagonistas de la urbanización en el siglo XIX: el significado de lo público y de lo privado. Por ejemplo, las relaciones entre la casa y la red pública suponen, para Cerdà, la necesidad de aislar mecánicamente ambos medios a través de un sifón directamente instalado en la conexión entre la casa y la cloaca. Aislando así el espacio público de lo privado. En cambio entre el pozo negro particular, que Cerdà mantiene en su propuesta, y los compartimientos interiores de la casa no hay sifones de protección. Para Cerdà la protección es necesaria solamente hacía los elementos externos. En cambio, en la propuesta de García Fària se utiliza un sistema de sifones aislando entre sí todos los compartimientos internos de la casa y se eliminan las separaciones entre la casa y la alcantarilla pública. Las chimeneas de ventilación instaladas en las casas funcionan no sólo para la eliminación de las emanaciones indeseables de la casa sino que de hecho constituyen parte fundamental del sistema de desinfección de la red general de alcantarillado público. Cada casa es parte de una red urbana y pública. La importancia de la condición de integrar esta red está en la nueva relación de la vivienda y sus habitantes con la ciudad, una vez que de una posición de defensa respecto las amenazas morbosas de la red pública, se pasa a una coexistencia, donde cada casa particular participa como respiradero mismo del sistema general de la ciudad. Esta condición de lo público y de lo privado es bien ejemplificada por el estudioso francés Guerrand. Este resume la condición de lo público en el siglo XIX como extraño y peligroso mientras lo privado es lo familiar y seguro(2) . La amenaza exterior será siempre la más temida de todas porque, además de desconocida, depende de un control casi siempre ajeno a la voluntad del propietario.

La recuperación de la idea de construcción y reforma de la red general de saneamiento de Barcelona, después de pasados diez años de que se hubiera aprobado el proyecto realizado por Pere García Fària, hace pensar que este tema clave de la ciudad decimonónica europea no ha tenido, en el caso de Barcelona, la misma importancia o prioridad que ha merecido en otros lugares. Como ha sido posible deducir, las condiciones sanitarias generales de Barcelona (cifras de mortandad, brotes epidémicos, etc.) no eran lo suficientemente adecuadas como para que éste pudiera ser un tema aplazable al siglo siguiente. Sólo el hecho de que había, como se ha demostrado, zonas especialmente protegidas podría hacer aplazable unas obras, que en el caso del Casco Antiguo se verifica con un retraso de más de medio siglo. La lógica de las intervenciones puntuales, con que de manera general se puede caracterizar la construcción y reforma de la red hasta final del siglo XIX, parece favorecer a esta dinámica interna con que se mueve la ciudad particular. En cambio, al menos seria de esperar, la construcción de la red general propuesta en proyectos como el de Fària, basado fundamentalmente en las necesidades técnicas, parecen inmunes a esta lógica sociotopográfica. O sea, considerando en principio que los aspectos técnicos de construcción de un sistema general de saneamiento atienden preferentemente a las condiciones topográficas y no a las sociotopográficas, la opción por la construcción de la red es una actitud demócrata porque atiende al territorio por sus características físicas y no cualitativas. La opción por la Red General marca por supuesto un cambio de actitud hacia el territorio y, por consiguiente, debería marca un cambio de actitud hacía su organización sociotopográfica.

El proyecto de 1902: un cambio de lógica.

Entre el proyecto redactado por García Fària en 1891 y el que finalmente se construirá a partir de 1902, las diferencias que más llaman la atención desde el punto de vista urbano, no están en las soluciones técnicas aisladas, sino en la concepción general de intervención y su relación con la estructura urbana existente. De estas la que tendrá mayor relevancia será el abandono del proyecto de utilización agrícola de las aguas residuales, que definiría un nuevo perfil en toda la lógica de funcionamiento de la ciudad subterránea hasta entonces construida.

La no construcción de la estación elevadora y del emisario, que llevarían las aguas servidas al llano del Llobregat, como había propuesto en primera instancia García Fària, resultará en la evacuación directa a las playas sin ningún tratamiento previo. Este hecho contribuye a que la ciudad pase casi todo un siglo sin un frente marítimo adecuado a las actividades balnearias. De hecho, con la intención de conducir las aguas residuales al Llano del Llobregat, García Fària había dispuesto las colectoras de manera que alcanzaran una aproximación máxima al gran emisario que sería construido en la prolongación de la Gran Vía. Ésta sería la única salida para las aguas sucias pues los dos desagües en la costa (playa y puerto) servirían exclusivamente para las aguas pluviales excedentes. Esta disposición rompe con la organización jerárquica de la superficie, y que se había consolidado a partir del eje Ramblas-Paseo de Gràcia. Este movimiento hacia el Llano del Llobregat, que técnicamente debería suponer grandes dificultades funcionales, es, por lo tanto, contradictorio con la lógica de la estructura urbana existente y, por consiguiente, con su organización sociotopográfica.

En cambio, la propuesta llevada a cabo a partir del proyecto de 1902 respeta de manera estricta el eje que estructura la imagen organizativa de la ciudad: Ramblas-Paseo de Gràcia . El respeto por el orden también en la manera de organizar la red de cloacas, se puede identificar en la coincidencia que en líneas generales tiene su trazado con el uso de la infraestructura viaria existente. Sumado esto a la no adopción de las ideas consideradas más innovadoras del proyecto original, como era la recogida subterránea de las basuras y la conducción de otras redes por las galerías, todo parece indicar una cierta actitud conservadora destinada a garantizar el orden social establecido. Esta mentalidad está en contra de la novedad incesante, de la vivacidad de las adaptaciones y del pensamiento progresista del que estaba imbuido el autor del proyecto original, mucho más en tono con las vanguardias de principio del siglo XX. Estamos tentados a crer que el nuevo trazado no sigue extrictamente la lógica topográfica, sino que la articula con las características sociotopográficas. Esto indicaría la presencia de la lógica de segregación verificada durante la segunda mitad del siglo XIX, donde las obras puntuales y fragmentadas permitían beneficiar a determinadas áreas de la ciudad. En el caso del proyecto de 1902 esta segregación subterránea es posible gracias a la utilización de las diferentes colectoras existentes o proyectadas para atender a determinadas áreas de la ciudad antigua, ensanche y pueblos agregados.

De esta manera, el esquema mental, fijado por los ingenieros respecto a la estructura funcional de la ciudad, se hace sentir de forma importante. Paolo Sica observa la existencia de un cierto pánico respecto a la posibilidad de la pérdida de las formas urbanas reconocibles desde principios del siglo. Esta pérdida de la forma urbana resultante de la lógica capitalista de apropiación de la ciudad, supondría la pérdida de identidad y una amenaza a la estabilidad del sistema.

Como se puede ver del trazado de Bondía, áreas como el Raval, Barceloneta, Izquierda del Eixample, Derecha del Ensanche, etc., están organizadas al nivel de la urbanización subterránea tal como existen en la de superficie. Mucho más fragmentado en el Casco Antiguo, por la introducción de las cuencas previstas con la apertura de las vías de la Reforma Interior, y más innovador en el Ensanche, Fària hace cruzar sus colectoras sin una separación rígida entre áreas sociales. Esta cuestión podría estar considerada inscrita en el temor generalizado de que la red pudiera servir para diseminar miasmas, bacterias, ratas, insectos u otras tantas amenazas del imaginario urbano. Como vimos anteriormente, la modernización del sistema particular y público de saneamiento conecta físicamente las casas por medio de sus conductos de evacuación, e integra a la ciudad y al individuo como parte de un sueño utópico que proporciona la tecnología. Pero la comunicación de las casas a una red común supone también la posibilidad de circulación libre de elementos peligrosos.(3)

En el contexto de las inquietantes interpretaciones nosológicas o de los cambios paradigmáticos, la comunión establecida a través de la red de alcantarillado no dejaba de suponer una amenaza a la normalidad relativa con que algunos habitantes habían pasado por las duras pruebas epidémicas.

Prueba de la existencia de esta inquietante situación es la forma como los propietarios responden a la construcción de la red general de alcantarillado de la ciudad. Cuando a partir de 1902 esta se construye, el funcionamiento del modelo adoptado depende todavía de dos factores: el primero corresponde a la disposición de los propietarios y de la comunidad en general de efectuar las correspondientes instalaciones de los nuevos ramales adecuados al tout à l'égout; el segundo dice respecto al modelo de desinfección previsto y totalmente dependiente de un elemento todavía escaso en la ciudad: el agua. Dicho de otro modo, se trata de convencer no solamente a los propietarios que cedan sus materias fecales al dominio de la gestión municipal, sino de poder asegurar que la existencia de una red general que comunica directamente las casas entre sí no supondrá un riesgo añadido a la seguridad interna de cada casa.

Las materias residuales habían dejado de ser un negocio económicamente rentable. Esto supone que los propietarios no tenían, desde este punto de vista, ninguna objeción respecto a la conexión de sus instalaciones privadas a la alcantarilla pública. Por el contrario, la acometida pasa a significar un ahorro respecto a los gastos anuales con los servicios de limpieza de pozos negros. Pero verificando los números de acometidas realizadas hasta 1916, cuando la red de alcantarillado nueva y reformada está distribuída por la casi totalidad de la ciudad, no se constata ningún aumento importante. Teniendo en cuenta que la conexión a la red debería ser efectuada por un nuevo tipo de conección, la mayoría de los edificios deberían efectuar una solicitud nueva para la acometida. Además, habría que añadir el crecimiento vegetativo en la construcción civil. En ambos casos no hay una respuesta positiva y de hecho es como si las obras no hubieran sido realizadas(4) . Los datos referentes a los permisos para la conexión a la red de alcantarillado, son del todo desalentadores respecto a la correspondencia esperada entre el crecimiento de la red y las conexiones de ramales. No sólo presenta una curva general descendiente a medida que la red crece, sino que la media anual de solicitudes de conexiones no sobrepasa a las 200 anuales(5) cuando la media anual de nuevas construcciones era superior a 250 edificios. Además, considerando que la reforma del alcantarillado en el Casco Antiguo y parte del Ensanche supone una nueva conexión también para los edificios antiguos, la diferencia es todavía mayor. Se podría deducir que la ciudad no se apunta a la limpieza propuesta por el Ayuntamiento. En este caso, las palabras del Ingeniero Jefe de las obras expresando su decepción respecto a la reacción ciudadana confirman las sospechas que se desprenden de los datos numéricos:
"Ninguna innovación - dice el Ingeniero Gustà Bondia - o reforma se sustrae á la resistencia del ambiente social constituido. La inercia de las costumbres y de los intereses es la gran resistencia que desvirtúa la eficacia de todo progreso, de toda mejora social, si no la malogra en absoluto. (...)"

Parece evidente la existencia de la opción de los propietarios o de los habitantes, por la manutención de otro orden de higiene distinto al propuesto. Esto estaría caracterizada por una opción más individualizada y una integración parcial a la red tal como había sido durante toda segunda mitad del siglo XIX. La red de alcantarillado no había podido sintetizar la imagen seductora del progreso sugerido por las otras redes técnicas; parecia se presentar, de hecho, como una invitación promiscua a que cada ciudadano hiciera circular por los subterráneos de la ciudad los desperdicios personales secretamente depositados en la soledad del lavabo. Porque, como comenta por otro lado Gabriel Dupuy, la materialidad del acceso a las redes no es solo una cuestión de conectividad física sino también de una conciencia simbólica de pertenencia a una comunidad. Es posible que, en vista de esta experiencia concreta, la reducción del proyecto de García Fària en la realidad constructiva de Gustà Bondía, significa algo más que la pérdida de calidad en el tratamiento específico de la cuestión del saneamiento.

Pero, para finalizar, hay todavía un problema más. El proyecto de 1902 no se propone a verificar las condiciones de uno de los puntos más importantes del modelo general. Esto hace posible que toda la red acabara construída sin uno de los elementos imprescindibles para hacerla funcionar: el agua. A parte de que los propietarios no habían acudido, como se esperaba, a las nuevas condiciones de la red recién construida, la reforma y construcción del alcantarillado debería suponer en teoría la desaparición de dos de las mayores molestias que habían padecido la salud y ahora la comodidad y el decoro de la ciudad: el mal olor de las cloacas y las actividades de extracción y limpieza de las letrinas y pozos de registros. La falta de agua necesaria para hacer funcionar el sistema de limpieza automática, que debería garantizar la velocidad mínima de 0,70 metros por segundo de las materias arrastradas en las galerías, hacía que el mal olor característico ganara incluso notoriedad internacional.

Resulta pues que el Ingeniero Municipal, con la poca concurrencia que había tenido la acometida de los particulares a las nuevas alcantarillas, ahora tendría que convencer estos mismos propietarios de ubicar en su fachada una chimenea para la evacuación de los gases provenientes de las cloacas. Además, en el mismo proyecto, propone que cada casa construya una caja de decantación para que las materias que vayan a las cloacas pudieran ser arrastradas con un menor volumen de agua.

Como habíamos comentado inicialmente, los malos olores provocados por la insuficiencia de agua habían dado incluso cierta notoriedad internacional al drama de los barceloneses. De hecho, pocos años después de acabadas las principales obras de saneamiento, en 1917, un periódico de Manchester publicaba un artículo donde describía la privilegiada situación y clima, la belleza de los alrededores y el buen funcionamiento de los servicios de transporte público de la capital catalana. Pero decía, después de todos los elogios, que la ciudad conocida como la Perla del Mediterráneo(6) , "huele mal, muy mal".

Un olfato experimentado que hacía su trayecto diario entre el Casco Antiguo y San Gervasio cada día, había leído el artículo y no tenía como contradecirlo. Con García Fària había tomado medidas e incluso la temperatura de todas las cloacas del Casco Antiguo de la ciudad y sabía de lo que se trataba; el periódico no actuaba de mala fe ni estaba equivocado. "¡Que mal huele Barcelona!", escribía el ingeniero industrial Alfredo Ramoneda Holder, "¿es posible remediarlo?".

"¡La perla del Mediterráneo! ¡La joya de España! (...) pero... huele mal, es cierto, no podemos negarlo".(7)

Pero aun así Barcelona es limpia aunque huele mal y ésto sólo es posible a partir de un nuevo paradigma médico, donde el mal olor sólo es la denuncia y no la suciedad en sí misma. Y aquí podríamos dar como concluida una fase del proceso de saneamiento de la ciudad, o mejor, podríamos dar por inaugurada una fase donde la bacteriología de hecho se impone como la referencia a los sentidos que vigilan las condiciones de limpieza de la ciudad.

Así que, de manera sencilla pero lógica, el ingeniero emprende un día una caminata destinada a verificar la mecánica seguida por aquellos fluidos. Durante una noche tranquila, barómetro normal, observando el encendido de una cerilla en los imbornales desde Paseo Colón hasta San Gervasi constata que en las primeras pruebas el aire se dirige hacia dentro, después no hay una dirección clara y finalmente, en las zonas altas, este se dirige hacia fuera.

Conduciendo toda la pestilencia hacia fuera, los imbornales de las alcantarillas de la parte alta de la ciudad invertían así la lógica jerárquica con que Gustà Bondía había dispuesto la red de alcantarillado.
"Si siguiendo la trayectoria que traza en nuestro término municipal la riera de Vallcarca y a partir de donde acaba hoy la cloaca allí existente, construimos una amplia galería en dirección hacía la montaña (...) la relacionaremos con un pozo que abriríamos en la parte más alta de la misma, lograríamos una verdadera chimenea(...). La cúspide de la montaña de San Gerónimo es de 520 metros, y si allí construimos aún una chimenea a manera de artística columna de la altura que queramos, 100 metros por ejemplo, tendríamos un conducto de ventilación de 620 metros de altura (...)."(8)

La propuesta del antiguo colaborador de Fària es espectacular y arquitectónica. Pero, lo más importante, sirve para sintetizar todos aquellos elementos claves de esta nuestra pequeña aproximación a la historia de la gestión residual urbana. La primacia de los intereses de la ciudad privada sobre todos los otros intereses.

En efecto, podríamos arriesgar en afirmar que el nuevo orden, que se establece al nivel de la organización física y social urbana - durante los procedimientos de modernización de la ciudad contemporánea - está particularmente determinado por la forma como la ciudad privada estructura y organiza los flujo de las materias indeseables.
 

Notas
 

1.  "El cens electoral ens indica uns límits socials molt concrets: tan sols poden ser electors ­ i consecuentement disfrutar de la plenitud de drets polítics ­ aquells ciutadans que, com propietaris, contribuents o per la seva "capacitat", reuneixin garanties de responsabilitat. (...)la propiedad privada ha sido considerada como la única indicación adecuada de la capacidad electoral" (prólogo de la Ley electoral de 1837). MESTRE I CAMPI, Jesús. Actitudes polítiques al pla de Barcelona (1835-1843)... p.524

2.  GUERRAND, Roger-Henri. Espacios Privados. In ARIES, Philippe y DUBY, Georges (Dir). Historia de la vida privada. Madrid: Taurus,  1989.

3.  "(...) En tiempos más recientes, algunos sectores británicos han argüido contra la idea del túnel la posibilidad de que a través del mismo su isla fuera invadida por las ratas del continente y su cortejo de enfermedades. (...)". El País, Edición de Barcelona, 8 de mayo de 1994.

4.  La media de nuevas construcciones del período se mantiene bastante homogénea con la construcción de 250 a 300 edificios para vivienda a cada año. Pero la media de conexiones a la red de alcantarillado es inferior a la de construcciones (182 conexiones al año) aun cuando en estas están incluidas todo tipo de edificaciones. VER TAFUNELL, Xavier.

5.  Elaboración propia a partir de datos del Negociado de Obras Particulares de la Sección de Fomento del Ayuntamiento de Barcelona. Relación de matrices de permisos para la instalación de ramales para agua, gas, electricidad y albañales. Comisión de Fomento. Arxiu Administratiu del Ajuntament de Barcelona.

6.  "Barcelona, la perla del Mediterráneo" también es el título de una película promocional patrocinada algunos años antes por la Sociedad de Atracción de Forasteros, y realizada aproximadamente entre 1912-13.

7.  RAMONEDA HOLDER, Alfredo ¡Que mal huele Barcelona! ¿Es posible remediarlo? Barcelona: Imprenta de Pedro Ortega, 1917. AHMB: B-1917.8º (op). Artículo también publicado en la Revista Tecnológico-Industrial, noviembre de 1917.

8.  RAMONEDA HOLDER, Alfredo. ¡Que mal huele Barcelona! ¿Es posible remediarlo?.

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