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Scripta Nova
REVISTA ELECTRÓNICA DE GEOGRAFÍA Y CIENCIAS SOCIALES
Universidad de Barcelona. ISSN: 1138-9788. Depósito Legal: B. 21.741-98
Vol. XVII, núm. 433, 20 de marzo de 2013
[Nueva serie de Geo Crítica. Cuadernos Críticos de Geografía Humana]

 

LA IMPORTANCIA CIENTÍFICA EN LA SELECCIÓN DE ATRACTIVOS TURÍSTICOS PATRIMONIALES. UNA VISIÓN DESDE LA ESPACIALIDAD SOCIAL

Laila Vejsbjerg
IIDyPCa, CONICET
lailavej@unrn.edu.ar

Recibido: 16 de diciembre de 2010. Aceptado: 19 de julio de 2012.

La importancia científica en la selección de atractivos turísticos patrimoniales. Una visión desde la espacialidad social (Resumen)

Los atractivos turísticos constituyen un reflejo de la valoración diferenciada de recursos y lugares. Para comprender su configuración desde la espacialidad social se analizó el núcleo de atractivos patrimoniales, a través de la indagación del concepto de importancia científica, en geositios paleontológicos localizados en la región de Patagonia Norte, Argentina. Se realizó una exploración de fuentes secundarias de información, para el análisis social y simbólico se efectuó un estudio de casos, y para identificar las opiniones pertenecientes a la comunidad científica geo-paleontológica se empleó un muestro intencional de investigadores en la Argentina. Los resultados mostraron que la importancia científica puede ser definida con distintos indicadores y que es un criterio difícilmente integrable a una metodología general para ponderar turísticamente geositios de interés paleontológico. El aporte del trabajo a la Geografía es presentar a discusión los fundamentos teórico-metodológicos que subyacen en los criterios de selección de atractivos naturales patrimoniales.

Palabras clave: atractivos turísticos, patrimonio natural, patrimonialización, Patagonia.

Scientific importance in the selection of heritage tourist attractions. A vision from social spatiality (Abstract)

Visitor attractions are a reflection of a dissimilar valuation on certain resources and places. In order to understand their configuration from a social spatiality perspective,  the study focussed on the “nucleus” of heritage geosites through the exploration of the concept or scientific importance, in palaeontological geosites from the North Patagonia region, Argentina. It was conducted an exploration of secondary sources, the social and symbolic analysis was based on five study cases; and finally, trough an intentional sample it was collected different opinions of Argentinian researchers that belonged to the geo-palaeontological scientific community. The results showed that scientific importance can be defined with several indicators and it is a difficult criteria for a tourist valuation methodology of palaeontological geosites. The contribution of this work to Geography is to discuss the theoretical and methodological foundations, which lie below the criteria for selecting visitor attractions, based on natural heritage.

Key words: tourist attractions, natural heritage, Patagonia.


Los atractivos turísticos poseen una naturaleza dispersa y fragmentada en el espacio, así como una gran variabilidad en su recurso de base y en las modalidades de gestión.
Debido a que dichos atractivos reciben una demanda tanto de turistas como de residentes en su tiempo libre, se utilizará el término más inclusivo de Atractivos para visitantes.

Los modelos teóricos que se refieren específicamente a los procesos de creación y diseño de atractivos, usualmente contemplan tres dimensiones de análisis: 1. Una dimensión espacial, con tempranos aportes de geógrafos como Clare Gunn, Philip Pearce y Neil Leiper, quienes analizaron la configuración espacial de los atractivos incluyendo variables como la distancia entre atractivos y centros turísticos, la existencia de infraestructura turística y la señalización, entre otras; 2. Una dimensión social, con estudios provenientes desde la Geografía Humana y la Antropología Cultural, que consideran a los atractivos como construcciones sociales, constituidos por complejos procesos de patrimonialización y activación turística. Esta misma dimensión, últimamente se ha visto enriquecida con perspectivas provenientes de las Ciencias Económicas y la Administración, según las cuales, los atractivos son herramientas para la gestión de destinos turísticos. En su gran mayoría, estas propuestas de análisis prestan especial atención al rol y la experiencia del visitante, y en menor medida, al rol de los gestores y el proceso de planeación para crear oportunidades de negocios[1]; 3. Una dimensión simbólica, con contribuciones de autores procedentes de la Antropología y de la Sociología del Ocio, en las que se toman los atractivos como elementos distintivos en la Modernidad y la Postmodernidad.

Los atractivos para visitantes son los principales símbolos e imágenes de los destinos turísticos, y como tales, constituyen un reflejo de la valoración diferenciada de ciertos recursos y lugares, tanto por actores pertenecientes a la comunidad como por otros agentes relacionados al sistema productivo local. La mayoría de los atractivos patrimoniales posee algún tipo de núcleo que promete una experiencia turística. La manera en que éste es presentado y comunicado a la demanda potencial, es fundamental para estructurar la experiencia de visita.

La dimensión espacial, se abordará específicamente referida al estudio de la esfera “núcleo” de los geositios, a partir del análisis en profundidad del concepto de “importancia científica” y su aplicabilidad como variable discriminadora, en metodologías de selección de atractivos naturales patrimoniales. El análisis de las dimensiones social y simbólica de los atractivos, profundizará los procesos de patrimonialización y activación turística de estos bienes como instancias conflictivas, en las que por un lado, coexisten diversas posturas epistemológicas y criterios para definir la importancia científica de manera consensuada, hacia el interior de la comunidad científica geo-paleontológica; y por otro lado, intervienen diversos procesos sociales, espaciales y simbólicos a escala local y regional, que impulsan u obstaculizan el desarrollo de una configuración compleja en diferentes atractivos para visitantes.

La metodología consistió en tres estudios complementarios: una primera instancia de exploración de fuentes secundarias de información sobre los métodos de selección de atractivos turísticos naturales, que consideraran específicamente el relevamiento de recursos paleontológicos; seguidamente, para identificar los criterios empleados en la definición de importancia científica, se efectuó un muestreo intencional a juicio de catorce investigadores pertenecientes a la comunidad científica geo-paleontológica de la Argentina, con experiencia de trabajo en el área de estudio (Figura 1). La finalidad del muestreo fue indagar los criterios para evaluar la importancia científica de los geositios y el grado de concordancia de las respuestas entre los entrevistados. Para la recolección de datos se empleó la técnica de encuestas semi-estructuradas, suministradas por correo electrónico y completadas por los investigadores. En último lugar, a los efectos de analizar los procesos espaciales, sociales y simbólicos que intervinieron a escalas local-regional  en la activación turística de atractivos naturales patrimoniales en Patagonia Norte, se  realizó un estudio de casos sobre cinco geositios paleontológicos con aprovechamiento turístico. La finalidad de este estudio fue identificar las dimensiones social (rol y conformación de redes sociales) y simbólica (etapas de sacralización y rutinización de los atractivos) que originan una diferenciación en el desarrollo y complejidad en la configuración de los geositios atractivos. Con respecto al proceso de formación de redes, se analizaron la escala del emprendimiento, los cambios en el uso y propiedad de las tierras donde se emplazaban los geositios, así como las diferentes modalidades de gestión operadas en los atractivos y las estructuras de redes de relaciones.

 

Figura 1. Mapa del área de estudio en Patagonia Norte (provincias del Neuquén y Río Negro).
Referencias: las siglas corresponden a las siguientes áreas paleontológicas: C=Añelo-CePALB; CH=El Chocón; G=General Roca; L=Lamarque; M=Margen Sur - Cipolletti; N=Neuquén Capital; P=Picún Leufú; R=Rincón de los Sauces; H=Plaza Huincul; V=Valcheta; ZP=Zapala-Mariano Moreno.

 

La oferta paleoturística actual de la Patagonia Norte (Provincias de Río Negro y del Neuquén) incluye nueve museos con diferentes modalidades de exhibición, y la posibilidad de relacionarlos con la visita a sitios geo-paleontológicos localizados en espacios naturales tales como las excavaciones paleoturísticas, huellas de dinosaurios, áreas protegidas con troncos petrificados y localidades geológicas tipo. El análisis regional y la selección de espacios geográficos de menor escala (o áreas paleontológicas), se plantean desde una perspectiva político-cultural, donde la región es pensada como una entidad geo-histórica y un sistema abierto en permanente transformación. En la actualidad, la mayoría de las áreas paleontológicas se encuentra en un territorio de tránsito turístico para visitantes nacionales y próximamente, se constituirá en territorio de tránsito para el Corredor del Eje Sur[2] que unirá dos puertos argentinos del Atlántico con dos puertos chilenos del Pacífico sur.

Las once comunidades relacionadas con los mencionados museos y que poseen injerencia sobre la gestión de los geositios, se encuentran insertas en ambientes semidesérticos que poseen una alta dependencia hacia actividades extractivas como la minería y la explotación hidrocarburífera; y en algunos casos, manifiestan una declinación en la actividad rural.

Tres aspectos se consideran centrales para comprender la naturaleza de los atractivos y la conversión de sitios patrimoniales en atractivos para el turismo y la recreación. Los mismos se exponen a continuación, porque ofrecen una introducción al origen de los atractivos y la relevancia del análisis de la esfera núcleo. En primer lugar, los atractivos no son atributos absolutos de un lugar, sino que se crean en términos relacionales con la sociedad de origen de los turistas[3]. Por consiguiente, en el análisis de su potencialidad turística, debe considerarse la existencia de un proceso de construcción social que precede y acompaña todo el proceso de creación de atractivos. En segundo lugar, los atractivos para visitantes se construyen, es decir; requieren un plan estratégico y una gestión operativa. Suponen un trabajo consciente y dirigido[4] para mantener por un lado, los aspectos intrínsecos del recurso de base que se pretende poner en valor; y por otro lado, aquellos servicios, facilidades y actividades complementarias que terminan de configurar el atractivo. En tercer lugar, el desarrollo de atractivos patrimoniales como el caso de los restos paleontológicos, se encuentra condicionado por un sistema normativo, que reglamenta su uso actual y potencial. En este contexto, los atractivos patrimoniales representan un gran desafío porque su diseño y gestión compete a diversas organizaciones, con objetivos y prioridades no necesariamente enfocadas al ocio y el turismo.

El aporte de la presente investigación a la Geografía es presentar a discusión los fundamentos teóricos y metodológicos que subyacen en los criterios de selección de atractivos naturales patrimoniales. El análisis se centrará tanto en la esfera núcleo de dichos atractivos a través de la indagación sobre el concepto de importancia científica, como en los procesos de activación patrimonial y turística a escala local-regional.


Antecedentes

El incremento en la popularidad de los estudios sobre los atractivos turísticos se halla intrínsecamente relacionado con el surgimiento del turismo y otros factores relacionados: el reconocimiento del tiempo libre y las vacaciones pagas como un derecho social; seguido por el aumento de los ingresos, el incremento de la movilidad personal a través del uso masivo de automóviles particulares, el mejoramiento y mayor accesibilidad a distintos servicios de transporte; el avance en los medios de comunicación que proveen imágenes e información sobre destinos y atractivos; la utilización del marketing y el reconocimiento por parte de los gobiernos y empresas, de los beneficios económicos generados por el turismo[5].

Desde el campo de la historia del turismo, no hay un punto de inflexión definido entre los períodos dominados por los viajeros y por el turismo[6]. Los viajeros tenían fines preponderantemente bélicos, comerciales, religiosos o científicos; y a los viajes por turismo, se les asigna un propósito mayoritariamente de ocio, aunque el significado que se le atribuía a principios del siglo XIX a la palabra turismo, que implicaba un viaje circular o tour, difiere de la idea contemporánea más abarcativa, de cualquier forma de viaje con un propósito de ocio, salud o negocios.

De la misma manera, es complicado establecer el momento en que un sitio se convierte en atractivo turístico. La mayoría de los especialistas en la historia del turismo, distinguen tres períodos en su desarrollo, a saber: 1. Desde las primeras evidencias de viajes por ocio, hasta el Renacimiento; 2. A partir del Siglo XVII hasta la Segunda Guerra Mundial y; 3. Posterior a la Segunda Guerra Mundial y hasta la actualidad.

Dos de las variables más importantes para esta categorización, son los avances tecnológicos tanto en los medios de transporte como de comunicación y los cambios en estilos de vida. Desde la perspectiva del desarrollo de los atractivos turísticos, John Swarbrooke distingue varios pulsos que estimulan la creación y resignificación de atractivos, presentando una periodización más exhaustiva. El autor, además de las dos dimensiones de análisis anteriormente mencionadas, considera: 1. El reconocimiento del turismo como actividad generadora de impactos económicos y sociales, por parte de los gobiernos y del sector privado; 2. La evolución en la definición del turismo como una actividad eminentemente relacionada al ocio.


El patrimonio natural como atractivo para el turismo

La noción de patrimonio lleva implícitas las ideas de legado y herencia, uso colectivo[7], gratuidad, capacidad de relacionar a una sociedad o cultura con su ambiente y de estructurar el sentido de pertenencia del individuo al lugar, mediante la objetivación de valores simbólicos[8]. La existencia de un aparato institucional legitima y otorga prioridad a ciertos recursos, declarados bienes de interés cultural. El concepto de patrimonio natural entendido como “conjunto de bienes que no han sufrido modificaciones o son muy escasas, de tal manera que no haya cambios en el comportamiento natural”[9] se encuentra muy ligado a las percepciones sobre conservación de recursos naturales y el tipo de desarrollo deseado, donde la principal dificultad radica en definir el uso de los recursos, así como establecer un límite entre lo natural y lo construido.

En lo referido al proceso de construcción de un atractivo turístico natural, intervienen sobremanera “las distintas aproximaciones en torno a la historia de las ideas sobre la naturaleza”[10]. Una vez que un determinado objeto, poseedor de diferentes significados o sin un significado manifiesto para diversos actores de la sociedad, es convertido en patrimonio “se carga de un valor y una universalidad que, aparentemente les son propios o emanan de sus cualidades intrínsecas”[11], alcanzando distintas escalas geográficas y políticas a través de diversas legislaciones. Esta legitimación generalmente se apoya en la opinión e ideas de grupos de expertos, quienes encuentran en determinados recursos, una singularidad o valor intrínseco, basados generalmente en su importancia científica.

Sin embargo, “toda activación (o puesta en valor) patrimonial es en sí misma un discurso o una interpretación (…) que plantea una serie de cuestiones importantes: ¿Quién debe concebirlos y elaborarlos? ¿Para quién? ¿Para qué? ¿Y por qué estos y no otros?”[12]. En este sentido, la patrimonialización de determinados elementos “no puede considerarse objetiva, puesto que intervienen la mitología, la ideología, el nacionalismo, el orgullo local, las ideas románticas o los planes de marketing”[13].

El patrimonio es un recurso importante para el turismo porque genera un reconocimiento de los lugares en los cuales se encuentra (dado su carácter único, excepcional e irrepetible). Como se ha anticipado, el proceso de patrimonialización no está exento de conflicto, ni “la posterior instancia de selección llevada adelante por el turismo, que pondrá en valor cierto patrimonio y dejará de lado otro”[14]. Cada forma de asumir y consumir (virtualmente) el patrimonio, “derivará en comportamientos diferenciales ante el objeto del patrimonio [en este caso, natural], en usos que al fin y al cabo podrían degradar y subvertir el patrimonio, o todo lo contrario”[15].

El patrimonio puede ocupar lugares muy diversos en y respecto a los productos turísticos (desde motivo de compra principal hasta mero escenario, pasando por todo tipo de valores añadidos, tangibles e intangibles), “puede servir para enriquecer la oferta, crear imagen, reorientar el posicionamiento, desestacionalizar si interesa, pero para ello debe entender y aceptar su dimensión lúdica y trabajar activamente para conjugarla imaginativamente con su dignidad”[16].


La naturalización de los atractivos y dimensiones de análisis

En ámbitos académicos y de gestión del turismo, aún hoy se encuentra muy difundido un enfoque de la planificación desde el producto, según el cual los recursos naturales “pasan a la categoría de atractivos cuando cuentan con cualidades propias [singularidad o unicidad, diversidad y potencial natural] y son capaces de generar un interés determinado en la gente, dando origen a la demanda turística”[17].

En el presente trabajo, a diferencia de la postura anterior, se reconoce el atractivo como resultado de un proceso de construcción social. Desde esta concepción, se entiende que la idea anteriormente mencionada, contribuye a una excesiva naturalización de los atractivos mediante una adjudicación a los mismos, de “un carácter unívoco, natural y por lo tanto, no social”[18]. Esta tendencia presente aún hoy, en estudios turísticos de América Latina y particularmente en la Argentina, se debe en gran medida a la influencia que han ejercido a partir de la década de 1970, los procesos de planificación racional ideal y el planteamiento de estrategias basadas en modelos normativos. Estos desarrollos teóricos se continuaron como línea conceptual en el marco del CICATUR-Centro Interamericano de Capacitación Turística, creado por la OEA en 1974, con sede en la ciudad de México, y a partir de 1976 en Buenos Aires, siguiendo con las tareas de capacitación de nuevos profesionales y de asistencia técnica en planificación y presupuesto[19].

En la década de 1980, la editorial Trillas publicó los mencionados desarrollos conceptuales y metodológicos de CICATUR, en libros de Boullón, Hernández Díaz, Molina, Rodríguez y Acerenza, que pueden ser considerados como los iniciadores de una Escuela Americana de Estudios en Turismo. A continuación se mencionan brevemente algunas definiciones clave y abordajes metodológicos para comprender el tratamiento teórico subyacente, referido al análisis de los atractivos turísticos, desde una óptica generalmente estática y descriptiva.

De esta forma, se refieren a los atractivos como “materia prima de la planta turística [añadiendo que] en el turismo los atractivos deben permanecer intactos o si se interviene sobre ellos, esas acciones quedan limitadas a la restitución de alguna cualidad que pudieron haber perdido por la acción destructiva de otros sectores, o de los propios turistas”[20]. Al respecto, Hernández Díaz en su acercamiento metodológico para el desarrollo turístico desde el ámbito nacional, con una perspectiva en esencia económica y parcialmente social, distingue dos clases de planificación complementarias: la económica y la física. La planificación física del turismo incluiría “la organización de los atractivos, el espacio y la planta turística”[21]. De manera tal que, el análisis de los atractivos se toma como “variable de referencia en la etapa de diagnóstico, a través de un inventario turístico nacional de atractivos clasificados según convenga, por regiones y zonas turísticas”[22].

A su vez, Molina y Rodríguez incluyen la presencia de atractivos dentro de la esfera ecológica, la cual representa una de las seis variables que condicionan el modo y el nivel de vida del grupo humano [las restantes son las culturales, sociales, psicológicas, político-legales y económicas]. Por lo tanto, la presencia y categoría de atractivo constituyen “indicadores de tipo físico ambiental que determinan (…) la calidad de vida de la población”[23]. Finalmente, Acerenza menciona el análisis de los atractivos dentro del Programa de Acción en el campo del fomento y desarrollo del turismo, particularmente en lo referido al ordenamiento del territorio turístico. Una de las medidas es la “puesta en valor y/o conservación del patrimonio, especialmente el histórico-cultural”[24]. Recomienda asimismo, que los principales indicadores para verificar los adelantos realizados en la conducción de la actividad turística en su conjunto sean: movimiento de turistas, balanza turística, uso de la capacidad instalada de alojamiento y personal empleado en el sector. Por consiguiente, cabría suponer que pasan a un segundo plano, la presencia y estado de los atractivos como patrimonio de la comunidad local y las externalidades (positivas y negativas) que su uso turístico generan.

En consecuencia, el tratamiento predominante de la literatura especializada en turismo sobre este tema, que se limita a la exposición sistemática de distintos tipos de atractivos clasificados según atributos, es responsable de la “naturalización” de los atractivos[25].

Al no considerar en la planeación y lanzamiento de nuevos productos, la esencia de los atractivos como una construcción social, se generan dificultades para la ejecución de proyectos turísticos, especialmente en destinos en etapa de exploración e implicación al mercado como el caso de Patagonia Norte.


El análisis de la dimensión espacial y la configuración de atractivos para visitantes

Clare Gunn y Turgut Var plantean un modelo de análisis de los atractivos mediante un gráfico de tres anillos concéntricos, en donde el núcleo está representado por el recurso básico o característica principal; el cinturón inviolable o un espacio necesario para dar significado al atractivo; y la zona de cierre, con los servicios y facilidades para el visitante que pueden localizarse en el sitio o en el centro de apoyo[26] (Cuadro 1).

 

Cuadro 1.
 Esferas de configuración de geositios atractivos


Fuente: Modificado de Gunn y Bar, 2002:137.

 

Pearce[27] integra aspectos sociales y comunicacionales en la configuración de los atractivos, a partir de una investigación comparativa de diferentes abordajes inductivos y deductivos sobre el desarrollo de atractivos turísticos en Australia, Reino Unido y Norteamérica. Como resultado obtuvo seis principios comunes que optimizan su operación: 1. La existencia de un recurso natural o cultural distintivo; 2. Una apreciación y entendimiento por parte del público; 3. La oferta de actividades que brinden seguridad, accesibilidad e incentive la imaginación de los visitantes; 4. Un cinturón inviolable que proteja el recurso y genere un espacio adecuando para su interpretación; 5. Una zona de servicios cercana al núcleo del atractivo; 6. Un precio que refleje la calidad del recurso y de la gestión turística, la duración de la visita y un retorno óptimo a la inversión pública y / o privada.

Leiper[28] considera el atractivo como un subsistema dentro del sistema turístico, diferenciando tres componentes que deben interactuar para crear un atractivo exitoso: el núcleo o elemento central, el turista o elemento humano; y la señalización o elemento informativo.


El análisis de la dimensión social en los atractivos para visitantes

Desde un enfoque de construcción social, detrás de cada atractivo subyacen procesos de activación patrimonial y turística, donde intervienen diversos actores, que ejercen poder para seleccionar y valorar ciertos bienes patrimoniales naturales de la comunidad.

Al respecto, la Organización Mundial de Turismo sostiene que “a la hora de ofrecer actividades de ocio y atracciones turísticas, es necesario realizar previamente una buena planificación de las mismas, mediante el conocimiento de las necesidades del consumidor, sus posibilidades económicas y de tiempo, así como de la capacidad del destino y las necesidades de sus residentes”[29].

Es decir, a una visión de la planificación desde el oferente o de la oferta, se le añade una visión desde el mercado, o más específicamente, la demanda actual y/o potencial. Por lo tanto, en la medida que los bienes sean valorados por distintos segmentos del mercado, se constituyen en atractivos turísticos y conforman el patrimonio turístico de una determinada localización[30].

De esta manera, una vez transformado en atractivo, la valoración turística se va a procesar en torno a ese rasgo o atributo seleccionado, convirtiéndose en: a) satisfactor de la demanda de determinados turistas, todo esto mediado por ideas y representaciones subjetivas, cambiantes, inducidas; y b) recurso turístico, valorado por agentes económicos específicos, de la sociedad de origen y de destino (o de otras) estableciendo entre sí relaciones económicas de todo tipo[31].

Finalmente, desde la óptica de la administración y del marketing turístico, se considera que para que un turista potencial elija un destino, requiere en primera instancia un atractivo inicial, accesibilidad y servicios. Asimismo, existen elementos de apoyo que complementan los anteriores, tales como la promoción e información de las actividades”[32].


El análisis de la dimensión simbólica en los atractivos

Dos precursores en el estudio sistemático de los atractivos turísticos desde una dimensión simbólica, fueron Dean MacCannell y John Urry, quienes los tomaron como elementos distintivos de la Modernidad y Postmodernidad, respectivamente.

Para MacCannell, el origen de un atractivo en la conciencia colectiva no siempre es obvio y el supuesto consenso en la selección de los sitios para visitar o sights (que trasciende las fronteras nacionales) se apoya en un elaborado conjunto de mecanismos institucionales. Este autor estableció desde una perspectiva semiológica, que los atractivos “son signos que representan algo para alguien y que su construcción es un proceso que requiere dos pasos concatenados: la actitud ritualista de los turistas, cuando se genera un sentir colectivo de que ciertos sitios “deben” ser vistos; y la sacralización del sitio, que consiste en cinco fases”[33] mencionadas a continuación:

1. La denominación: comienza cuando un sitio es diferenciado de objetos similares como poseedor de un valor de preservación y tiene una señalización. Algunas veces la labor es muy ardua porque antes debe probarse su valor estético, histórico, monetario, recreativo y / o social; 2. La delimitación oficial de los confines del sitio y elevación del mismo: se lo destaca respecto de otros similares mediante la instalación de facilidades turísticas, o con el simple acto de abrirlo a la visita del público; 3. La declaración de protección del recurso: mediante una reglamentación o recurriendo a usos y costumbres;

4. La reproducción mecánica: mediante souvenirs, postales y elementos que hagan referencia al objeto puesto en valor; que luego son en sí mismos valorados y puestos en escena. Este es uno de los elementos con mayor responsabilidad en la búsqueda de lo auténtico, porque el turista interpreta que al mismo tiempo que la copia tiene que encontrarse el objeto real y; 5. La reproducción social: ocurre cuando los grupos, ciudades y regiones comienzan a nombrarse a sí mismos después que los atractivos famosos.

Posteriores estudios revelaron que estas etapas no necesariamente siguen el orden presentado, sino que pueden superponerse[34]. En todos los casos, un sitio o evento sólo podría convertirse en atractivo cuando se le otorga algún valor especial y significativo, y es comunicado a los visitantes a través de la interpretación y promoción.

Por otra parte, Urry analiza desde la sociología del ocio, cómo los visitantes (y por lo tanto, también la población local) experimentan y se apropian del lugar a través del consumo visual del mismo. El autor sostiene que la dificultad para comprender las actividades turísticas deriva del carácter confuso de qué es efectivamente consumido y que es crucial reconocer la característica visual del turismo, que “miramos” ciertos objetos que de alguna manera sobresalen o nos hablan. La raíz de este problema podría ubicarse en el siglo XVIII, cuando comienza a desarrollarse un sentido especializado de lo visual, basado en la invención de la cámara fotográfica, el uso de las guías de viajeros, el conocimiento de las rutas, etc. Como una consecuencia de este sentido visual especializado las áreas naturales con barreras naturales, que una vez fueran fuentes de terror o miedo, se transforman en escenario, paisaje, imagen aire fresco, lugares distantes esperando el consumo visual[35].

Relacionado con los dos marcos conceptuales recién descritos, se encuentran reelaboraciones a partir del análisis de los significados simbólicos del lugar en la promoción, y más genéricamente, en las estrategias de comunicación. Dichos aportes, han demostrado que el desarrollo de mitos, marca ciertas áreas y objetos como “valiosos para ver” (sight worthy) y que el turismo especialmente, pero no exclusivamente, construye los puntos de vista de las personas sobre lugares particulares[36].

Si uno mira de cerca un atractivo, las cualidades que en un primer momento se le atribuyen como inherentes, frecuentemente parecen estar relacionadas a cómo un lugar es pensado. Los lugares que evocan fuertes imágenes en los observadores, tienen prioridad en la elección de atractivos que hace el turista.

Resumiendo, hasta aquí se han introducido conceptualizaciones para definir el atractivo patrimonial como bien común y espacio de ocio, que guarda relación con un sistema turístico y una entidad territorial mayor. Se ha hecho referencia también a un proceso de patrimonialización y activación turística capaz de crear una diferenciación territorial a partir de la valoración de bienes patrimoniales naturales, para el ocio y el turismo.

Con respecto a las teorías y modelos de análisis de atractivos para visitantes, se han podido distinguir tres dimensiones de análisis fundamentales (espacial, social y simbólica) que permiten identificar los principales elementos tangibles e intangibles a tener en cuenta para el diseño y posterior operación de dichos atractivos.

Se considera asimismo, que los atractivos son herramientas de manejo de destinos turísticos y de desarrollo territorial, por lo tanto responden a estrategias de imagen, comunicación y políticas en las que intervienen actores con diversas lógicas de interacción. Seguidamente, se presentan los resultados e interpretaciones del estudio exploratorio sobre el “núcleo” de atractivos naturales patrimoniales y del análisis de procesos de los patrimonialización y activación turística del producto paleoturismo en Patagonia Norte.


Resultados e interpretación del análisis de la variable importancia científica en la esfera “núcleo” de los atractivos geo-paleontológicos

Los resultados e interpretaciones del estudio exploratorio que se describe a continuación, complementan y contrastan un análisis estadístico previo, el cual tenía por objetivo conocer los principales factores para la localización y el desarrollo del producto paleoturismo en Patagonia Norte (Provincias de Río Negro y Neuquén), Argentina. Dicha experiencia antecedente consistió en un análisis factorial descriptivo sobre un universo de 115 geositios que reciben una afluencia de visitantes y conforman la oferta regional del mencionado producto turístico[37]. Uno de los resultados más significativos y que aquí se pretende problematizar, mediante un abordaje cualitativo exploratorio, es la ubicación cercana a la media, de las variables “presencia de restos fósiles” y “superficie del geositio”.

Este dato señalaría que, sin desconocer la importancia de los atributos intrínsecos que le otorgan una jerarquización a determinados sitios como bienes patrimoniales, existen otros aspectos que explicarían con mayor certeza su potencialidad de uso turístico. Es decir, en el caso de los geositios paleontológicos, tanto la presencia de fósiles in situ, como la superficie que ocupan (ambos son los indicadores más frecuentemente usados para definir  la “importancia científica” en el núcleo) no representan una condición suficiente para que se constituyan en atractivos turísticos.

Eduardo Berberián, en su tesis sobre la protección jurídica del patrimonio arqueológico de la República Argentina, analiza específicamente las implicancias que la definición del “interés científico” ha tenido históricamente, en la interpretación sobre el dominio público de estos bienes culturales. Al respecto, concluye que “la protección jurídica de determinados bienes culturales de dominio público, fundada en el principio de importancia científica, ya no responde a los requerimientos científicos actuales, así como no se adecua a la legislación vigente”[38]. Si bien el autor no hace extensiva la conclusión de su trabajo a los bienes paleontológicos naturales; en la presente investigación, se acuerda con la idea de que la introducción de este criterio en la reglamentación sobre el Patrimonio Paleontológico, también respondió a una concepción museística de conservar sólo aquellos objetos raros y excepcionales. De hecho, generalmente los bienes culturales (arqueológicos-paleontológicos humanos) y naturales (paleontológicos, con restos de flora y fauna extintas) comparten la misma normativa.

En este apartado interesa analizar la conveniencia de considerar la variable “importancia científica” para describir el núcleo del atractivo y como criterio diferenciador del desarrollo de atractivos geo-paleontológicos. A tal efecto, se presentan a continuación los resultados de la exploración realizada en fuentes de información secundaria y primaria, respectivamente.

A partir del análisis comparativo de antecedentes de aplicación de metodologías da oc, en experiencias con geositios de interés paleontológico procedentes de Europa oriental y occidental (entre los que sobresalen trabajos de España e Inglaterra) y Argentina, se obtuvo que la circunscripción a determinadas áreas y tipos de fósiles, dificultan su posterior generalización. Esto se evidencia en la selección por parte de los autores considerados, de diversas dimensiones de análisis e indicadores, para medir la variable importancia / valor o importancia científica del sitio paleontológico. A modo de ejemplo, en el proyecto GEOSITES[39], antes de seleccionar un sitio en particular, se buscan identificar aquellas características relativas a la edad, el tópico geo-paleontológico y las unidades geográficas o tectónicas esenciales y sobresalientes de un país o región, para que los geositios incluidos en el listado internacional puedan ser comparables entre sí[40].  Sin embargo, “esta sugerencia no ha tenido la acogida esperada por parte de la UNESCO/UICN”[41].

De acuerdo con los resultados del trabajo realizado en Europa, la categorización de los geositios no presenta dificultades, ya que existen clasificaciones internacionalmente aceptadas; el mayor inconveniente es la identificación, recomendación y selección de los potenciales geositios para el listado internacional[42]. Por lo tanto, a una escala mayor de trabajo, se evidencia que la multiplicidad y divergencia de criterios para definir la importancia científica de los geositios, dificulta la posterior creación de una metodología general. Como opción, se ha procedido a delegar la responsabilidad última de la recomendación de los geositios a comisiones nacionales y regionales de expertos.

Otra iniciativa de envergadura mundial, que le otorga importancia a la valoración científica de recursos geo-paleontológicos, es la Red Internacional de Geoparques de la UNESCO[43]. En la planilla para la nominación de un Geoparque Nacional que busca la asistencia de UNESCO, se pondera la importancia geo-científica del geoparque según 15 opciones, entre las que figuran el interés que reviste el área para: geología económica y minería, ingeniería geológica, historia de la Tierra, geomorfología, paleontología, etc.

En estudios realizados en España, sobre la valoración del patrimonio paleoicnológico (pisadas de dinosaurios) en la Comunidad Autónoma de La Rioja, se consideraron fundamentales la abundancia de resto, el estado de conservación de las huellas visibles y de los detalles[44], “la importancia del hallazgo basada en primer lugar, en el objeto (pisadas fósiles), y en segundo lugar, en lo que representa (comportamiento de dinosaurios)”[45].

Asimismo, en la valoración del patrimonio de sitios de vertebrados y de dos yacimientos de mamíferos de Concud (Teruel), se emplearon los siguientes indicadores para definir el factor valor científico: concentración de macro-fósiles, tipo de fósil, tipo de datación, interés bioestratigráfico, localidad tipo, preservación de los fósiles, interés paleoantropológico, número de especies, contexto taxonómico, contexto geológico y nivel de conocimiento[46]. Los autores de esta metodología, en consonancia con un trabajo sobre los yacimientos de icnitas de dinosaurios de la provincia de Teruel[47], proponen un modelo de gestión en donde los indicadores científicos sirven exclusivamente a los efectos de establecer un orden de prioridad en los geositios para potenciar la investigación, que puede o no coincidir con el orden de prioridad para la puesta en valor en cuanto a difusión y el orden de prioridad para la conservación.

Por otro lado, en un trabajo posterior, los mismos autores incluyen el conocimiento científico y la diversidad paleontológica-geológica junto con otros 3 indicadores, dentro de los aspectos intrínsecos que sirvieron para seleccionar los puntos paleontológicos (geositios), que conformarían los centros satélites del proyecto Dinópolis, en Teruel[48].

Otros emprendimientos de desarrollo turístico local, han surgido a partir de una selección de geositios en función de su representatividad en eventos mundiales como las extinciones en el límite Cretácico-Terciario, que otorgan singularidad científica a los yacimientos de Huesca (Arén) y son considerados los últimos dinosaurios de Europa[49].

En Inglaterra, se le otorga una ponderación mayor a sitios considerados más representativos, al mostrar eventos o procesos que de alguna manera se convierten en un standard o localidad tipo; con una historia de interpretaciones y re-interpretaciones; potencial para futuro estudio e interpretación; sitios con resultados superlativos en dataciones; localidades paleogeográficas significativas; abundancia de material, etc.[50]

En la Argentina, en estudios sobre la potencialidad de uso turístico del yacimiento de huellas fósiles de Villa El Chocón (Provincia del Neuquén), además de las condiciones que reúne para su visita; se menciona que “la calidad (relacionada con el estado de conservación del recurso) y la diversidad, son criterios científicos que le otorgan singularidad a escala Sudamericana”[51].

En el Parque Nacional Talampaya (La Rioja, Argentina) se hace hincapié en la edad de los afloramientos[52]. Por otra parte, en la localidad de Nogolí (San Luis, Argentina), se han considerado como indicadores el “interés geomorfológico, estratigráfico, estructural, petrológico, histórico geológico y científico-técnico de los geositios”[53]. Asimismo, puede atribuírsele una alta singularidad a un geositio que posee una “importancia científica asociada a la histórica, como el caso de una localidad tipo o localidad clásica”[54].

Si bien en diferente proporción, las finalidades de una valoración científica de estos geositios considerados bienes patrimoniales, atienden a medidas de protección (para evitar su destrucción y preservar sus cualidades intrínsecas a los fines educativos y científicos) y a medidas de legitimización en relación al turismo. Dicha legitimización existe en dos direcciones, en un sentido, la comunidad científica asume un rol de impulsor del desarrollo local, al asignarle un valor como potencial recurso para el turismo; en otro sentido, el sector de gestión turística valida sus prácticas y selección de atractivos, por su valor científico.

Con el fin de abordar esta problemática en Patagonia Norte, se procedió a realizar un muestreo intencional a juicio, de 14 investigadores de la comunidad científica geo-paleontológica argentina con experiencia de trabajo en la región. Los entrevistados pertenecen a diversas dependencias de Ciencia y Tecnología, entre las que se pueden mencionar: la Unidad Ejecutora INIBIOMA del CONICET; Universidades Nacionales del Comahue, de San Juan, de Río Cuarto y de La Plata; Museo Egidio Feruglio (Trelew), Museo Olsacher, Minería de la Provincia del Neuquén (Zapala), Subsecretaría de Cultura de la Provincia del Neuquén.

La finalidad de este estudio fue identificar los criterios utilizados por la comunidad científica geo-paleontológica para definir la importancia científica y analizar tanto su frecuencia de aparición, como la existencia o no de un consenso sobre aquellos criterios considerados más importantes. Ante la solicitud de un ordenamiento de las áreas según su importancia científica, se evidenciaron dos posturas. La primera postura, que corresponde a la minoría (1 entrevistado sobre un total de 14), no puede establecer un ordenamiento o jerarquización de las áreas paleontológicas según su importancia científica, ya que considera que todo hallazgo científico es único y relevante en su tipo, en consonancia con lo expresado en la reglamentación nacional sobre Protección del Patrimonio Paleontológico (Ley Nacional Nº 25.743/2003, art. 2º)[55].

La segunda postura, a la cual adhiere la mayor parte de los entrevistados, sí puede efectuar un ordenamiento de las áreas paleontológicas según su relativa importancia científica (Cuadro 2). Sin embargo, se observa que no existe concordancia absoluta en el ordenamiento realizado por investigadores con criterios de evaluación similares; ni entre investigadores con criterios de evaluación diferentes.

 

Cuadro 2.
Ordenamiento de las áreas paleontológicas según importancia científica

Área Paleontológica

Investigador entrevistado

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

11

12

13

AÑELO-CePALB

1

1

3

2

2

1

1

3

1

3

3

2

2

EL CHOCÓN

3

3

6

4

1

3

2

1

2

1

1

3

1

GENERAL ROCA

4

5

8

7

9

9

6

6

7

9

4

9

11

LAMARQUE

11

4

7

8

8

2

9

8

5

5

5

1

5

MARGEN SUR-CIPOLLETTI

2

8

4

3

10

11

11

4

10

8

6

7

10

NEUQUÉN CAPITAL

7

6

9

1

4

6

5

9

6

7

9

8

3

PICÚN LEUFÚ

6

11

11

9

11

8

4

11

8

10

11

6

9

RINCÓN DE LOS SAUCES

8

7

5

6

5

7

3

2

3

6

8

5

7

PLAZA HUINCUL

9

2

1

5

3

4

10

5

4

4

2

4

4

VALCHETA

10

9

10

10

7

10

7

10

8

11

7

10

8

ZAPALA-M. MORENO

5

10

2

11

6

5

8

7

11

2

10

11

6

Fuente: Elaboración propia.

 

Por otro lado, a través del cálculo del modo[56] se analizó la ponderación que con mayor frecuencia asumía cada área paleontológica, es decir, qué número de orden le asignaban mayormente los investigadores encuestados (Cuadro 3).

 

Cuadro 3.
Frecuencia de la asignación de un número de orden según área paleontológica

Nº de orden

Área paleontológica

C

CH

G

L

M

N

P

R

H

V

ZP

1

6

4

0

1

0

1

0

0

1

0

0

2

4

2

0

1

1

0

0

1

2

0

2

3

4

5

0

0

1

1

0

2

1

0

0

4

0

1

2

1

3

1

1

0

5

0

0

5

0

0

2

4

0

1

0

3

2

0

2

6

0

1

2

0

1

3

2

2

0

0

2

7

0

0

2

2

1

3

0

3

0

3

1

8

0

0

1

3

2

1

2

2

1

2

1

9

0

0

4

1

0

4

3

0

1

1

0

10

0

0

0

0

3

0

1

0

1

6

2

11

0

0

1

1

2

0

5

0

0

1

4

Nota 1: El número de orden otorgado a las áreas paleontológicas corresponde a la valoración de los investigadores, respecto de su importancia científica.
Nota 2: Los datos dentro de la tabla responden al número de investigadores, y en la primera columna se menciona el lugar que ocupa cada área paleontológica en la clasificación.

Referencias: las siglas empleadas para denominar las áreas paleontológicas corresponden a: C=Añelo-CePALB; CH=El Chocón; G=General Roca; L=Lamarque; M=Margen Sur - Cipolletti; N=Neuquén Capital; P=Picún Leufú; R=Rincón de los Sauces; H=Plaza Huincul; V=Valcheta; ZP=Zapala-Mariano Moreno.

Fuente: Elaboración propia.

 

De esta manera, se obtuvo que cerca del 50% de los investigadores ubicaran las áreas Añelo-CePALB y Valcheta, en primer y ante-último lugar, respectivamente. A su vez, otras áreas que asumieron un ordenamiento similar para 5 investigadores (diferentes en cada caso) fueron El Chocón (tercera en orden de importancia científica), Plaza Huincul (en cuarto lugar) y Picún Leufú (en último lugar).

Resulta importante recordar que cada uno de los investigadores tuvo un criterio propio para establecer la mencionada clasificación. En consecuencia, a partir del análisis cualitativo de las encuestas, se identificaron diez dimensiones de análisis o aspectos, que los investigadores han propuesto como criterios para operacionalizar la variable importancia científica, de las áreas con geositios de interés paleontológico (Figura 2).

 

Figura 2. Criterios para definir la importancia científica de las áreas paleontológicas según cantidad de menciones.
Fuente: Elaboración propia.

 

Posteriormente, a partir de un análisis cuantitativo de la frecuencia de utilización de los mencionados criterios, se observa que estos son múltiples y no necesariamente compartidos por todos los investigadores de la comunidad científica paleontológica-geológica del país. Independientemente de la postura personal de cada entrevistado con respecto a la posibilidad de efectuar un ordenamiento de las áreas paleontológicas según su “importancia científica”, se identificaron dos tendencias que caracterizan la ideología del científico con respecto a la función de la ciencia en la sociedad. La primera tendencia, considera la ciencia y la importancia científica de acuerdo con criterios específicos propios de la disciplina paleontológica en cuestión, tales como diversidad paleontológica, calidad y número de publicaciones científicas.

La segunda tendencia, cree que es imprescindible la comunicación a la sociedad de los resultados de investigaciones, ya sea a través de actividades educativas y de divulgación en general; así como la realización de actividades que incluyan la puesta en valor turístico de un geositio. Los investigadores que adhieren a esta línea de pensamiento, sostienen que la vinculación académica con la sociedad en general, permite crear un entorno favorable para la búsqueda de subvenciones de proyectos de investigación y conseguir apoyo logístico destinado a las tareas de salida de campo.


Resultados e interpretación de los procesos de patrimonialización y activación turística en cinco casos de estudio en Patagonia Norte

A los efectos de comprender el proceso de valoración de un recurso geo-paleontológico a atractivo para visitantes y su inclusión en un producto turístico,  en este caso referido a la Patagonia Norte, se identificaron las distintas trayectorias de los geositios atractivos y su relación con el proceso de activación turística del patrimonio paleontológico, a escala local y regional. Se consideraron de manera integrada, aspectos espaciales, simbólicos y sociales.

En primer lugar, debido a la importancia que reviste en espacios periféricos, el sentido de apropiación por parte de la comunidad local de los atractivos, se introdujo el análisis del rol y el proceso de formación de las redes, para identificar la manera en que diversos actores intervinieron en la configuración final de dichos atractivos y el estilo de desarrollo turístico resultante. En lo referido al rol de las redes, se tomaron en cuenta la distribución geográfica de las redes y el tipo de lógica preponderante (institucional, de mercado o personal) en cada vínculo. Con respecto al proceso de formación de redes, se analizaron la escala del emprendimiento, los cambios en el uso y propiedad de las tierras donde se emplazaban los geositios, así como las diferentes modalidades de gestión operadas en los atractivos y las estructuras de redes de relaciones.

En segundo lugar, se identificaron aquellas acciones puntuales en el tiempo que pudieran brindar un panorama general sobre las estrategias utilizadas en los diferentes geositios para transformarse en “sitios para ver” (sights) según la denominación de MacCannell y la forma en que estos transitaron por diferentes etapas de sacralización y rutinización.

En consecuencia, se abordó el análisis de cinco casos de atractivos específicos, diferenciados según su naturaleza temporaria o fija al sustrato, la densidad de las alianzas sociales creadas y su oportunidad recreativa[57] (moderna o agreste, de acuerdo con su oferta natural y de servicios en áreas naturales).

El primer caso se trata de un atractivo de naturaleza temporaria, basado en una campaña paleontológica de larga duración[58] en un área que actualmente posee una oportunidad recreativa moderna: la excavación Futalognkosaurus dukei ubicada en el área paleontológica Añelo-CePALB (provincia del Neuquén) con una alta densidad de redes sociales de mercado (alianzas con operadores turísticos, patrocinadores locales e internacionales), institucionales (alianzas con centros universitarios dedicados a la investigación científica, museos de la región, municipios, diferentes secretarías provinciales y nación) y personales (personal voluntario para colaborar con las tareas de preparación de fósiles, atención al visitante y acondicionamiento de las instalaciones) (Fig. 3). El segundo caso es una campaña paleontológica de corta duración en un área con una oportunidad recreativa agreste, cuyos geositios cercanos no poseen prácticamente alianzas con otros atractivos de su misma categoría: la excavación Cerro Amarillo-Cañadón Anfiteatro, perteneciente al área paleontológica Valle Cretácico (provincia de Río Negro).

 

Figura 3. Centro de interpretación en sitio de excavación Futalognkosaurus dukei en la costa norte del lago Los Barreales, Provincia del Neuquén.

 

Asimismo, como ejemplos de atractivos de naturaleza permanente por su fijación al sustrato, se contemplaron tres geositios con una oportunidad recreativa moderna, debido a su localización en áreas naturales dentro de ejidos urbanos y poblados: 1) El yacimiento paleontológico “Huellas de Dinosaurios”, emplazado en el área paleontológica El Chocón (Provincia del Neuquén); 2) El yacimiento paleontológico de troncos fósiles en el Área Natural Protegida Bosque Petrificado, ubicada en el área paleontológica Valcheta (Provincia de Río Negro) (Fig. 4) y; 3) El yacimiento paleontológico de huevos de dinosaurios, en el Área Natural Protegida Parque de los Dinosaurios, ubicada en el área paleontológica Neuquén Capital (Provincia del Neuquén). En referencia a la densidad de alianzas establecidas, los tres yacimientos mencionados recibieron una ponderación alta, media y baja, respectivamente.

 

Figura 4. Área Natural protegida “Bosque Petrificado” de Valcheta, Provincia de Río Negro.

 

Con respecto al proceso de valoración de un recurso a atractivo y su inclusión en un producto turístico regional, se observa que los procesos de activación turística no necesariamente preceden a un proceso de patrimonialización regional, sino que en ocasiones ocurre a la inversa. Es decir, si bien el recurso paleontológico poseía un estatus de patrimonio por Ley Nacional  Nº 9018, desde 1913, en la región de Patagonia Norte no se toma conciencia de su dominio público hasta la promulgación de las respectivas leyes provinciales de protección, en 1996. La presión de la sociedad por proteger estos recursos y sus áreas circundantes, se legitimó en el caso de Villa El Chocón, a partir de las corrientes de visitantes regionales y nacionales que espontáneamente se acercaban a conocer restos de fósiles de dinosaurios. Situación que fue impulsada y promovida por diferentes niveles estatales, incluida la comunidad científica.

En coincidencia con las dos visiones epistemológicas sobre la relación ciencia-sociedad, identificada en el estudio en profundidad de las opiniones de investigadores, se verificó que la comunidad científica en más de una ocasión ha asumido un rol no sólo de impulsor de un desarrollo turístico paleontológico, sino también de gestor del mismo. Y que estos roles fueron desempeñados incluso antes de que se consolidara un proceso de patrimonialización regional (caso geositios de Villa El Chocón).

El análisis del proceso de sacralización y rutinización de los geositios, dio como resultado, que los geositios pasaron por las diferentes etapas propuestas por MacCannell, de manera no consecutiva y superpuesta. Se interpreta asimismo, que en coincidencia con aquellos geositios que poseen una alta densidad de alianzas sociales (institucionales, personales y de mercado), los geositios que no cumplieron acabadamente con las dos últimas etapas de reproducción social y mecánica, tuvieron como resultado una configuración incompleta como atractivos.

Por otra parte, el análisis de las etapas de sacralización propuestas por MacCannell permitió comprender los motivos que impulsaron y obstaculizaron el desarrollo de una configuración compleja en diferentes atractivos. En ocasiones, algunos geositios formaron parte de una activación turística como atractivos para el turismo, sin poseer una información de base adecuada para su manejo. En otras oportunidades, se procedió a una patrimonialización de áreas naturales con la justificación de la existencia de fósiles in situ (mediante declaraciones de Áreas Protegidas Provinciales y Municipales), incluso antes de realizar un relevamiento e inventario de estos bienes o poseer información científica geo-paleontológica de los mismos.

Los procesos de patrimonialización y de activación turística, forman parte de un proceso reflexivo a escala local (área paleontológica dependiente de un municipio con Museo Paleontológico) y regional (mediante la planificación de un circuito turístico interprovincial integrado), o como mencionara Urry[59], un proceso de globalización “desde abajo”. De este modo, se verifica que la urgencia en activar turísticamente geositios, mediante una búsqueda sistemática de recursos auténticos localizados en áreas naturales, se corresponde a una demanda global de gestores y visitantes que supera los límites locales. En lo referido a la formación de redes, estas poseen un carácter estratégico para la competitividad de los territorios, precisamente porque la construcción y afianzamiento de las interacciones entre los actores requiere tiempo. Al respecto, se observa que los geositios con una mayor complejidad en su configuración como atractivos, han sabido establecer y mantener redes con una lógica de mercado, además de apoyarse en las redes institucionales y personales. Asimismo, a mayor escala geográfica de los actores involucrados en las redes institucionales, mayor complejidad como atractivos para visitantes.

La acción de actores públicos contribuye fuertemente en los procesos de territorialización del turismo, mediante la introducción de nuevas formas y funciones en espacios dedicados a otras actividades productivas. La escala del desarrollo de atractivos turísticos, el patrón de uso y la propiedad de las tierras, son importantes para conocer la manera en la cual los lugares cambian. El turismo puede incluso generar procesos de desterritorialización, al constituirse en elemento diversificador de una matriz productiva de enclave. Esto se observa en los geositios analizados de Villa El Chocón, (comunidad que surgió en la década del desarrollismo de 1970 a partir de la construcción de importantes obras hidroeléctricas para abastecer a la Capital Federal  y centro del país. Los atractivos se centraron en la tecnología) y el CePALB (Centro de investigaciones dependiente de la Universidad Nacional del Comahue, cuya función privilegiaba la ciencia por sobre la educación y divulgación). En ambos ejemplos, se produjo una nueva valoración de los recursos presentes en un área y un cambio de visión con respecto a la conservación de los mismos (particularmente los naturales), que sientan las bases para una lógica distinta de desarrollo. Por consiguiente, se han modificado las funciones de espacios destinados exclusivamente a la explotación energética o a la investigación paleontológica, dando lugar a una territorialización del turismo. Los nuevos patrones de uso en el territorio se vieron favorecidos por la preeminencia del dominio público sobre el patrimonio.


Conclusión

Se entiende que la valoración de recursos contribuye a la materialidad de los lugares, y dentro de este marco, el turismo puede constituir una nueva forma de diferenciación territorial. En el núcleo de esta diferenciación se encuentran los atractivos para visitantes, que pueden considerarse una síntesis de los procesos de valoración social y selección de determinados atributos, tangibles e intangibles, en los recursos existentes en un determinado territorio.

La mayoría de los métodos empleados en la selección de atractivos geo-paleontológicos recurre a la dimensión importancia científica para explicar el valor intrínseco de un geositio y la razón de ser del mismo como atractivo turístico. En la presente investigación se obtuvo que durante el proceso de patrimonialización e incluso de activación turística, la importancia científica puede ser definida con distintos indicadores, por lo tanto, es un criterio difícilmente integrable a una metodología general para ponderar turísticamente geositios de interés paleontológico.

Al respecto, se considera que existen dos razones principales. La primera, es que la comunidad científica geo-paleontológica presenta en su interior divergencias con respecto a la posibilidad de establecer una jerarquía de geositios. En las entrevistas realizadas se comprobaron dos tendencias: 1. Considerar que todos los restos de interés paleontológico tienen la misma importancia científica por su condición de bienes patrimoniales (posición minoritaria); 2. Emplear diversos indicadores para ponderar la importancia científica y establecer una jerarquía de los geositios con hallazgos paleontológicos.

La segunda razón, es que entre los investigadores entrevistados que sí podían ponderar la importancia científica, no existió coincidencia sobre los indicadores o combinación de indicadores más representativos para definir la variable “importancia científica”. En estudios antecedentes de Inglaterra, España y otras regiones de la Argentina, también existe el mismo inconveniente para conformar un listado uniforme y consensuado de indicadores. Del mismo modo, de acuerdo con los resultados obtenidos en un análisis factorial antecedente sobre la misma área de estudio, los dos indicadores usualmente considerados como criterios básicos para medir la importancia científica de geositios (presencia de fósiles in situ y superficie del hallazgo), no se relacionan directamente con los geositios más visitados o que poseen una configuración más compleja como atractivos; y a la inversa, una baja puntuación en estos indicadores no se asocia sólo a geositios con bajo desarrollo como atractivos.

La multiplicidad y divergencia de indicadores, respondería a especificidades espaciales y temporales de un recurso de génesis antigua, así como a la carga subjetiva propia de cada investigador. La pluralidad de contextos geológicos que describen diferentes paleoambientes y determinan el hallazgo de distintos tipos de fósiles, genera las mencionadas especificidades del recurso, dificultando la comparación entre áreas paleontológicas y geositios. A su vez, la carga subjetiva de los investigadores se demuestra en la elección de ciertos criterios o indicadores, con que operacionalizan la variable importancia científica de geositios de interés paleontológico. De tal manera, en el muestreo intencional realizado, un sector de los investigadores pertenecientes a la comunidad científica argentina, definió la importancia científica de acuerdo con criterios considerados neutros, tales como diversidad paleontológica, calidad de los materiales, cantidad o abundancia de restos in situ y publicaciones científicas generadas. Contrariamente, otro sector hizo referencia a criterios de divulgación a la sociedad, logística y accesos. Estas dos posturas epistemológicas denotan las opiniones personales de los investigadores, con respecto a la función de la ciencia y de la paleontología en la sociedad; así como percepciones diferenciales sobre su rol en el proceso de activación turística de bienes patrimoniales naturales.

El análisis en profundidad del concepto de importancia científica (como núcleo en la configuración de atractivos patrimoniales naturales) y las dificultades encontradas para su aplicación en metodologías de selección de geositios para el turismo, permite problematizar la noción misma de atractivo turístico desde una perspectiva de espacialidad social.

Al respecto, considerando las dimensiones social y simbólica para el análisis de atractivos, se demostró la existencia de una patrimonialización común en el territorio de Patagonia Norte y diferentes procesos de activación turística que condicionaron la creación de geositios con variadas configuraciones y modalidades de desarrollo. Desde un marco geográfico diacrónico se realizó un análisis cualitativo de cinco casos de estudio, con geositios atractivos discriminados según su naturaleza temporaria o fija al sustrato, su densidad en la formación de redes sociales que los vincularan con la oferta de atractivos complementarios y su oportunidad recreativa (moderna o agreste en áreas naturales, de acuerdo con su oferta natural y acondicionamiento turístico).

Si bien en Argentina el recurso paleontológico poseía un estatus de patrimonio por Ley Nacional  Nº 9018 desde 1913, en la región no se toma conciencia de su dominio público hasta la promulgación de las respectivas leyes provinciales de protección en 1996 (Ley Prov. del Neuquén Nº 2184 y Ley Prov. de Río Negro Nº 3041). Esta legitimación y elevación del recurso paleontológico simultáneamente en ambas provincias, señala un proceso de patrimonialización común en la región.

Con respecto a los procesos de activación turística, se infiere que en Patagonia Norte no necesariamente precedieron al proceso de patrimonialización, sino que en la mayoría de los casos ocurrió a la inversa. La presión de las comunidades por proteger estos recursos y sus áreas naturales circundantes, se debió a un flujo de visitantes generado por la mediatización de sus primeros descubrimientos paleontológicos.

El proceso reflexivo local de búsqueda de recursos identitarios ha tenido el apoyo de diferentes niveles estatales y en más de una ocasión, la comunidad científica asumió un rol de impulsor y gestor del desarrollo de atractivos geo-paleontológicos, incluso antes de que se consolidara un proceso de patrimonialización regional. Para determinar cómo intervinieron diversos actores en la configuración final de los atractivos se estudiaron el rol (distribución geográfica, tipo de lógica preponderante) y el proceso de formación de las redes sociales en los geositios seleccionados (escala del emprendimiento, cambios en el uso y propiedad de las tierras, modalidad de gestión y estructura).

Se comprobó que los geositios con una mayor complejidad en su configuración como atractivos, han sabido establecer y mantener redes con una lógica de mercado, además de apoyarse en las redes institucionales y personales. Verificándose que a mayor escala geográfica de los actores involucrados en las redes institucionales, mayor complejidad presentan como atractivos para visitantes. Esta situación alude a un espacio de redes donde la importancia de cada micro-espacio de ocio se mide en función de su complementariedad y nexo con escalas geográficas mayores.

Para determinar cómo se transformaron estos geositios en atractivos para visitantes que “deben ser vistos”, se constató que las diferentes etapas de sacralización se cumplieron, aunque de manera superpuesta y no siempre consecutiva. Los geositios que podrían considerarse incompletos en su configuración como atractivos, no han transitado aún por las etapas de reproducción mecánica (réplicas, souvenirs, postales, etc. que tomen los atractivos como símbolos del lugar) y social (cuando la comunidad local identifica a los atractivos turísticos como parte de su identidad). Las principales razones para una deficiencia en estas dos etapas se pueden adjudicar a un escaso o nulo esfuerzo dedicado a la proyección de una imagen turística del atractivo y a la falta de información para el manejo del recurso.

Finalmente, se considera que la incipiente formación de redes sociales con lógicas, escalas geográficas y políticas diferentes, constituye uno de los principales factores para el desarrollo de geositios naturales en áreas periféricas. Se ha verificado que localidades con diferentes actividades productivas y sin una tradición turística, aunque ubicadas en un lugar de tránsito turístico, pueden integrarse a circuitos regionales y nacionales con una oferta de atractivos diferenciados con respecto a los existentes en los lugares de origen y de destino final. Asimismo, la movilidad generada por una demanda de recreacionistas favorece la conectividad regional y la construcción de procesos identitarios a partir de la identificación de los atractivos. De este modo, la creación y recreación de atractivos para visitantes se convierte en una herramienta de gestión del turismo en localidades y regiones con intención de insertarse en la Geografía del turismo y contribuir al desarrollo regional.

 

Notas

[1] Benckendorff y Pearce, 2003.

[2] IRSA, 2011.

[3] Bertoncello, 2002.

[4] Swarbrooke, 2007.

[5] Swarbrooke, 2007.

[6] Shackley, 2006.

[7] Gligo, 1987.

[8] Venturini, 1998; Norrild, 2002.

[9] Boschi de Bergallo, 2004, p. 19.

[10] Bertoncello et al., 2003, p. 281.

[11] Almirón et al., 2006, p. 105.

[12] Prats, 2003, p. 132.

[13] Schouten, 1995 citado en Santana Talavera, 2003, p. 5.

[14] Almirón et al., 2006, p. 110.

[15] Santana Talavera, 2003, p. 5

[16] Prats, 2003, p. 135.

[17] Sánchez, 2004, p. 39.

[18] Bertoncello et al., 2003, p. 280.

[19] Gemelli, 1991.

[20] Boullón, 1985, p. 44.

[21] Hernández Díaz, 1985, p. 18.

[22] Hernández Díaz, 1985, p. 32.

[23] Molina y Rodríguez, 1987, p. 57.

[24] Acerenza, 1985, p. 100.

[25] Bertoncello et al., 2003.

[26] Gunn y Bar, 2002.

[27] Pearce, 1991.

[28] Leiper, 2000.

[29] OMT, 1998, p. 140.

[30] Otero, 2000.

[31] Bertoncello, 2002.

[32] Bigné et al., 2000, p. 343

[33] MacCannell, 1999, p. 43.

[34] Steen Jacobsen, 1997.

[35] Urry, 2005

[36] Gaffey, 2004.

[37] Vejsbjerg, 2010.

[38] Berberián, 1992, p. 94.

[39] Proyecto que cuenta con el auspicio de la UNESCO y consiste en la recopilación de información de base de geositios, a cargo de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (Internacional Union of Geological Sciences - IUGS), a los efectos de generar un listado comparativo de escala mundial, que permita evaluar las candidaturas de geositios  para Patrimonio de la Humanidad.

[40] Wimbledon 1996; Wimbledon et al., 2000.

[41] Wimbledon, 2006, p. 176.

[42] Wimbledon et al., 2000.

[43] Programa dependiente de la UNESCO, cuyo objetivo es proporcionar una plataforma de cooperación e intercambio entre expertos y practicantes en diversos aspectos del patrimonio geológico. Esta Red Internacional brinda modelos de las mejores prácticas y establece estándares para los territorios, los cuales integran la preservación del patrimonio geológico en una estrategia para el desarrollo económico regional.

[44] Pérez-Lorente y Romero, 1999.

[45] Caro y Pérez-Lorente, 1997, p. 41.

[46] Alcalá et al., 1999; Alcalá, 2002.

[47] Cobos, 2004.

[48] Cobos et al., 2005.

[49] Canudo et al., 2005.

[50] Wimbledon, 1996.

[51] Calvo y Vejsbjerg, 2003, p. 99.

[52] Caselli, 2002, p. 356.

[53] Lacreu et al., 2002, p. 505.

[54] Vejsbjerg et al., 2002, p. 314.

[55] Art. 2º: “Forman parte del Patrimonio Paleontológico los organismos o parte de organismos o indicios de  la actividad vital de organismos que vivieron en el pasado geológico y toda concentración natural de fósiles en un cuerpo de roca o sedimentos expuestos en la superficie o situados en el subsuelo o bajo las aguas jurisdiccionales”.

[56] Medida estadística de posición, utilizada para el análisis descriptivo de un conjunto de datos, que proporciona la diferencia de localización de la distribución sobre el eje de las abscisas respecto al origen. En el caso de distribuciones de frecuencia con datos sin agrupar [como el presente estudio], el modo es el valor de la variable al cual le corresponde la máxima frecuencia”

[57] Uno de los primeros intentos para combinar la conservación del recurso y de su área de influencia, la demanda y la oferta recreativa, con aplicación a áreas tanto protegidas como no protegidas, es el modelo ROS-Recreation Opportunity Spectrum (Espectro de oportunidades recreativas). El proceso consta de seis pasos para comprender las relaciones entre los aspectos físicos, biológicos, sociales y de manejo con el fin de definir la Oportunidad Recreativa para cada sitio (desde primitiva hasta moderna). Cada oportunidad recreativa se define sobre la base de los siguientes siete indicadores referidos a los aspectos recreacionales que ofrece cada sitio: accesibilidad, lejanía, características visuales, manejo del sitio, manejo del visitante, ocasiones de encuentro social, impacto del visitante. El modelo R.O.S, ha servido de base a desarrollos teórico-metodológicos posteriores como V.I.M. (Visitor Impact Management); L.A.C. (Limits of Acceptable Change); V.E.R.P. (Visitor Experience Resource Protection); V.A.M.P. (Management Process for Visitor Activities); S.V.M.S. (Sustainable Visitor Management System).

[58] La duración de una campaña paleontológica es variable de acuerdo con la cantidad de restos fósiles hallados, la logística y el recurso humano afectado, los proyectos de investigación y financiamiento conseguidos. Generalmente, las excavaciones de fósiles de dinosaurios duran entre una semana y diez días aproximadamente, con un aprovechamiento turístico-recreativo restringido debido a la naturaleza del atractivo en sí. No obstante, existen campañas en las que se trabajan sobre diferentes geositios de interés paleontológico y pueden llevar una duración menor en cada lugar puntual; o incluso, superar los nueve años continuados como el área de la costa norte del lago Los Barreales en la provincia del Neuquén (área denominada CePALB, siglas del Centro de Investigaciones Paleontológicas Lago Barreales). En esta área se encuentra el atractivo considerado emblemático en Patagonia Norte, la excavación Futalognkosaurus dukei, un centro de interpretación y circuitos geológicos interpretativos.

[59] Urry, 2001.

 

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© Copyright Scripta Nova, 2013.

 

Edición electrónica del texto realizada por Jenniffer Thiers.

 

Ficha bibliográfica:

VEJSBJERG, Laila. La importancia científica en la selección de atractivos turísticos patrimoniales. Una visión desde la espacialidad social. Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales. [En línea]. Barcelona: Universidad de Barcelona, 20 de marzo de 2013, vol. XVII, nº 433. <http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-433.htm>. [ISSN: 1138-9788].

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