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23/1/00  
PORTADA
TRAGEDIA EN SANTA MARIA DEL AGUILA.
La Voz de Almeria

Abdelkader Bomghar, de 24 años, esperó tranquilamente sentado junto a una balsa la llegada de la Guardia Civil.
Pasaban algunos minutos de las nueve de la mañana.
Vio cómo llegaban.
Como también vio el coche de bomberos que subía por la cuesta franqueada de invernaderos.
Los bomberos habían avisado a la Guardia Civil y a la Policía Local que se había producido un asesinato en el Paraje Llano de Celada, al norte de Santa María del Aguila.
El fallecido era José Luis Ruiz, de 41 años.
Su esposa, María Dolores Romera, se había salvado y pudo pedir ayuda.
La Guardia Civil se encontró también con otro fallecido más: Tomás Bonilla Romera, de 53 años, que yacía en el suelo junto a su camión de semillas.
Abdelkader se dejó esposar con tranquilidad.
Sin resistencia.
Eso fue todo.
La serenidad de la detención se contradice con la violencia desatada minutos antes a lo largo de la empinada cuesta de invernaderos.
En apenas trescientos metros de la lengua de asfalto que divide las explotaciones agrícolas de José Luis Ruiz y de Tomás Bonilla, perdieron la vida los dos.
Primero, José Luis, de fuerte golpe en la cabeza.
Después, Tomás Bonilla, degollado. El secreto del sumario decretado por la juez titular del Juzgado Número 3 de El Ejido, Rosario Alonso, apenas permite desentrañar con fiabilidad lo sucedido. El único testimonio directo de la tragedia lo ofreció María Dolores Romera a Canal Sur.
Cobijada en el interior de un invernadero y más calmada por el efecto de un sedante que le dio el 061, María Dolores contó lo que su hijo José Antonio le había dicho y lo que ella misma vivió después.
Su estremecedor relato comienza con la llegada al paraje donde la familia tiene varias fincas.
“Hemos llegao esta mañana temprano y Puri (una amiga suya) y yo nos hemos quedao en la finca de abajo y mi marido se ha venido a la finca de arriba con mis niños.
Y ha sido bajarse, según mi José Antonio, el grande, que tiene 15 años, ha sido bajarse de la furgoneta y había un moro ahí que estaba tirándole una piedra a un perro, y mi marido ahí se ha metido y le ha dicho que por favor no le tire piedras al perro, qué le ha hecho el perro,...
y entonces el moro se ha liao a pelear con mi marido, cuando le ha tirao al suelo, ha cogido una piedra y se la ha estrellado en la cabeza y allí me lo ha dejao tirao”. Los hijos de José Luis huyen cuesta abajo en busca de su madre.
"Y entonces mi niño ha salío corriendo pa bajo, mis dos niños, el moro ha mirao a mi pequeño y le ha dicho que a tí no te hago na porque eres muy pequeño, han salío corriendo pa bajo en busca nuestra y como yo ya había oído los gritos, había salío ya del invernadero". María Dolores y el mayor de sus hijos suben cuesta arriba para socorrer a José Luis.
"Y entonces nos hemos vuelto mi grande y yo a ver qué le pasaba a mi marido.
En el camino nos hemos encontrao al moro que venía con la piedra llena de sangre en la mano.
He intentao acercarme a él para decirle qué le ha hecho a mi marido y ha empezao a hablar conmigo...
Yo no sé lo que decía, pero hablando bien conmigo...". María Dolores no pudo acercarse a su marido.
Un hombre con una piedra ensangrentada en la mano estaba frente a ella.
"Cuando me he acercao a dos metros de él, ha levantao la mano con la piedra pa’ tirármela...
Entonces mi hijo y yo nos hemos dao media vuelta camino abajo, sin poder..., corriendo to lo que podíamos.
Y me ha tirao el moro la piedra y suerte que no me ha dao y ya nos hemos metío en el invernadero, he encerrao a mi chico en el almacén pa que no le hiciera na y al grande lo he escondío por allí, y yo me he ido a los bomberos". El Parque de Bomberos situado en el Polígono Industrial La Redonda está como a unos ochocientos metros.
Avisan a la Guardia Civil y enfilan la cuesta de invernaderos en un coche de bomberos con María Dolores.
"Ya después hemos vuelto con los bomberos y nos hemos encontrao que había matao a otro hombre más, le había cortao el cuello.
Por lo que dicen había acudido a ver a mi marido, este hombre (Tomás Bonilla) es el dueño de la finca, vecino, y había llegao a la finca y al ver a mi marido en el suelo acudió a ver qué le pasaba y entonces el moro este ha cogío y se ha líao también con él y también lo ha matao.
Y ya ..., pues ..., eso es todo". El conocimiento de la noticia sucedida en la mañana de ayer en El Ejido provocó sentimientos de preocupación y temor entre los agricultores del municipio desde primeras horas de la mañana.
El boca a boca funcionó de manera inequívoca para difundir a lo largo y ancho de todo el término municipal el hecho de que un trabajador inmigrante había asesinado a dos agricultores sin aparente motivación.
El sentimiento de preocupación y al mismo tiempo de dolor con las familias de ambos fallecidos se mezcló en el campo con la reflexión sobre lo sucedido.
La sorpresa fue revestida desde un primer momento de un sentimiento de temor y de inseguridad, ya que la zona donde ocurrió el triste suceso suele ser tranquila y allí no se tiene conocimiento de hechos similares.
Los primeros comentarios de los agricultores amigos de las dos víctimas se dirigían hacia el carácter trabajador de los dos agricultores asesinados, de 41 y 53 años, y su buen trato hacia el presunto autor de los hechos, que se alojaba en el cortijo de su patrón para el que desarrollaba labores agrícolas en la finca.
Tema del día El relato de los hechos corrió como la pólvora por el municipio ejidense y se convirtió rapidamente en motivo de conversación entre los ciudadanos, ya estuvieran relacionados directa o indirectamente con la agricultura.
Eran muchos los ciudadanos que aprovechaban su tapeo en el bar para lamentar la falta de control administrativo en la entrada de inmigrantes ilegales, a la vez que culpaban a la falta de referencias conocidas de muchos de los trabajadores que llegan a las fincas pidiendo trabajo como causa de muchos riesgos que sufren directamente los agricultores.
"A veces metemos en la finca a gente de la que no sabemos nada, y está claro que lo que ha sucedido en Santa María del Aguila nos puede pasar a cualquiera de nosotros".
El suceso de ayer se registra en un momento en que la campaña agrícola necesita mucha mano de obra, por lo que casi nadie se plantea la necesidad o no de mano de obra inmigrante.
"Está claro que necesitamos a los inmigrantes porque si no, no habría quien pudiera llevar al día sus plantaciones ni podríamos cortar a tiempo los frutos", explica un agricultor residente en el núcleo de Santo Domingo.
La noticia del doble crimen acontecido ayer abrió una puerta hacia la reflexión, ya que la mayoría de los agricultores entienden que la Justicia debe aplicarse hasta sus máximas consecuencias sobre el autor de los hechos.
"Estamos hablando de un asesino, y nos da igual que sea de Marruecos como si es de Valladolid, pero una persona que ha matado a dos agricultores y que deja sin padre a dos familias merece lo peor y tiene que pagar la pena que le corresponda", coinciden en explicar varios agricultores de la zona colindante al lugar de los hechos. La mayoría de los agricultores consultados por LA VOZ DE ALMERIA coinciden en pedir medidas eficaces por parte de la Administración para controlar la existencia de inmigrantes sin papeles, ya que "son muchos los que vienen a trabajar a España junto a sus familias y que tienen una actitud intachable a lo largo de los años".
Prueba de estos último es el comentario de un conocido agricultor de Santa María del Aguila quien, nada más conocer los hechos, manifestó a este periódico que tiene "desde hace más de siete años varios trabajadores de Marruecos al cargo de mi finca, con papeles y en una situación plenamente regularizada, y hasta el momento tengo plena confianza en ellos porque me demuestran cada día que se preocupan tanto como yo por el bien de mis cultivos". 

Desalojados quince inmigrantes que ocupaban tres viviendas en un paraje de El Ejido
La Voz de Almeria

Un grupo formado por quince trabajadores inmigrantes con edades comprendidas entre los 25 y los 35 años de edad fueron finalmente desalojados hacia las nueve de la mañana de ayer de las tres viviendas que ocupaban desde hace más de un año en el paraje El Treinta, a escasos metros de una conocida empresa de comercialización agrícola y enfrente de un concesionario de vehículos de alta gama.
Efectivos de la Policía Local procedieron ayer al desalojo de los inmigrantes, a la vez que los equipos municipales procedieron minutos después a la demolición de las tres casas, que eran antiguos cortijos situados en el borde del trazado de la antigua carretera nacional 340, a su paso entre El Ejido y Santa María del Aguila.
Realojo temporal Según ha podido saber este periódico, el ayuntamiento ejidense procedió ayer al realojo de algunos inmigrantes que hasta la fecha no habían podido encontrar otro lugar donde vivir, a pesar del extenso plazo concedido por las autoridades antes de proceder al desalojo de las mencionadas viviendas.
Ayer pasaron su primera noche en un hostal ejidense algunos de los desalojados, que intentarán en un corto plazo de tiempo localizar un nuevo lugar de residencia.
Los inmigrantes desalojados, con los que ha conversado LA VOZ DE ALMERIA, critican el hecho de que los vecinos del municipio les pongan trabas para alquilar una vivienda, ya que “la mayoría de nosotros tenemos trabajo casi todo el año y podemos permitirnos alquilar un piso en grupo, pero la gente no quiere porque no se fían de nosotros”.
La mayoría de los desalojados se encuentran en nuestro país en situación legal, aunque algunos no tenían aún su documentación en regla.
Para evitar sorpresas de última hora, y por orden directa del equipo de gobierno ejidense, el desalojo se produjo un par de horas después de contactar con los inmigrantes y comunicarles un último aviso. Graves deficiencias El grupo de trabajadores residentes en las dos viviendas eran solteros y no había ni ancianos ni niños.
Todos ellos, intentaban ganar un jornal en base a labores agrícolas en el campo cuando encontraban trabajo.
Todos soportaban unas condiciones de vida pésimas, sin apenas las comodidades básicas.
En el interior de los cortijos la iluminación era escasa, no había agua corriente y el deterioro estructural de las construcciones revestía incluso peligro para los propios ocupantes.
Responsables municipales han manifestado a LA VOZ DE ALMERIA que “el desalojo no podía esperar más tiempo porque cualquier día podrían desprenderse cascotes del techo con cualquier lluvia y provocar una desgracia que nadie desea, porque estas personas tienen derecho a un lugar donde vivir dignamente”. Los inmigrantes desalojados ayer vivían en los tres cortijos con el consentimiento, según ellos, de los propietarios de las fincas, a pesar del estado ruinosos de las viviendas.
Expediente ruinoso El ayuntamiento de El Ejido puso fin a un largo expediente administrativo de demolición con el desalojo de ayer, aunque el plazo para que los inmigrantes abandonaran dichas viviendas concluyó a finales del pasado mes de octubre, después de que el equipo de gobierno ejidense publicara en el Boletín Oficial de la Provincia la orden de demolición debido al mal estado de salubridad detectado en las fincas catalogadas con los números 14, 15 y 16 del paraje El Treinta.
Según el expediente administrativo incoado por el Ayuntamiento, en las tres viviendas habitaban un total de siete inmigrantes, aunque la realidad ha demostrado que el número de ocupantes era sensiblemente mayor.
En los últimos meses, los ocupantes de las viviendas habían intentado paliar algunas deficiencias colocando unos plásticos de invernadero en los techos para impedir que traspasara la lluvia. 

 
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