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PORTADA
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TRAGEDIA
EN SANTA MARIA DEL AGUILA.
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La Voz de Almeria

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Abdelkader
Bomghar, de 24 años, esperó tranquilamente sentado junto
a una balsa la llegada de la Guardia Civil.
Pasaban algunos
minutos de las nueve de la mañana.
Vio cómo
llegaban.
Como también
vio el coche de bomberos que subía por la cuesta franqueada de invernaderos.
Los bomberos
habían avisado a la Guardia Civil y a la Policía Local que
se había producido un asesinato en el Paraje Llano de Celada, al
norte de Santa María del Aguila.
El fallecido
era José Luis Ruiz, de 41 años.
Su esposa,
María Dolores Romera, se había salvado y pudo pedir ayuda.
La Guardia
Civil se encontró también con otro fallecido más:
Tomás Bonilla Romera, de 53 años, que yacía en el
suelo junto a su camión de semillas.
Abdelkader
se dejó esposar con tranquilidad.
Sin resistencia.
Eso fue todo.
La serenidad
de la detención se contradice con la violencia desatada minutos
antes a lo largo de la empinada cuesta de invernaderos.
En apenas trescientos
metros de la lengua de asfalto que divide las explotaciones agrícolas
de José Luis Ruiz y de Tomás Bonilla, perdieron la vida los
dos.
Primero, José
Luis, de fuerte golpe en la cabeza.
Después,
Tomás Bonilla, degollado. El secreto del sumario decretado por la
juez titular del Juzgado Número 3 de El Ejido, Rosario Alonso, apenas
permite desentrañar con fiabilidad lo sucedido. El único
testimonio directo de la tragedia lo ofreció María Dolores
Romera a Canal Sur.
Cobijada en
el interior de un invernadero y más calmada por el efecto de un
sedante que le dio el 061, María Dolores contó lo que su
hijo José Antonio le había dicho y lo que ella misma vivió
después.
Su estremecedor
relato comienza con la llegada al paraje donde la familia tiene varias
fincas.
“Hemos llegao
esta mañana temprano y Puri (una amiga suya) y yo nos hemos quedao
en la finca de abajo y mi marido se ha venido a la finca de arriba con
mis niños.
Y ha sido bajarse,
según mi José Antonio, el grande, que tiene 15 años,
ha sido bajarse de la furgoneta y había un moro ahí que estaba
tirándole una piedra a un perro, y mi marido ahí se ha metido
y le ha dicho que por favor no le tire piedras al perro, qué le
ha hecho el perro,...
y entonces
el moro se ha liao a pelear con mi marido, cuando le ha tirao al suelo,
ha cogido una piedra y se la ha estrellado en la cabeza y allí me
lo ha dejao tirao”. Los hijos de José Luis huyen cuesta abajo en
busca de su madre.
"Y entonces
mi niño ha salío corriendo pa bajo, mis dos niños,
el moro ha mirao a mi pequeño y le ha dicho que a tí no te
hago na porque eres muy pequeño, han salío corriendo pa bajo
en busca nuestra y como yo ya había oído los gritos, había
salío ya del invernadero". María Dolores y el mayor de sus
hijos suben cuesta arriba para socorrer a José Luis.
"Y entonces
nos hemos vuelto mi grande y yo a ver qué le pasaba a mi marido.
En el camino
nos hemos encontrao al moro que venía con la piedra llena de sangre
en la mano.
He intentao
acercarme a él para decirle qué le ha hecho a mi marido y
ha empezao a hablar conmigo...
Yo no sé
lo que decía, pero hablando bien conmigo...". María Dolores
no pudo acercarse a su marido.
Un hombre con
una piedra ensangrentada en la mano estaba frente a ella.
"Cuando me
he acercao a dos metros de él, ha levantao la mano con la piedra
pa’ tirármela...
Entonces mi
hijo y yo nos hemos dao media vuelta camino abajo, sin poder..., corriendo
to lo que podíamos.
Y me ha tirao
el moro la piedra y suerte que no me ha dao y ya nos hemos metío
en el invernadero, he encerrao a mi chico en el almacén pa que no
le hiciera na y al grande lo he escondío por allí, y yo me
he ido a los bomberos". El Parque de Bomberos situado en el Polígono
Industrial La Redonda está como a unos ochocientos metros.
Avisan a la
Guardia Civil y enfilan la cuesta de invernaderos en un coche de bomberos
con María Dolores.
"Ya después
hemos vuelto con los bomberos y nos hemos encontrao que había matao
a otro hombre más, le había cortao el cuello.
Por lo que
dicen había acudido a ver a mi marido, este hombre (Tomás
Bonilla) es el dueño de la finca, vecino, y había llegao
a la finca y al ver a mi marido en el suelo acudió a ver qué
le pasaba y entonces el moro este ha cogío y se ha líao también
con él y también lo ha matao.
Y ya ..., pues
..., eso es todo". El conocimiento de la noticia sucedida en la mañana
de ayer en El Ejido provocó sentimientos de preocupación
y temor entre los agricultores del municipio desde primeras horas de la
mañana.
El boca a boca
funcionó de manera inequívoca para difundir a lo largo y
ancho de todo el término municipal el hecho de que un trabajador
inmigrante había asesinado a dos agricultores sin aparente motivación.
El sentimiento
de preocupación y al mismo tiempo de dolor con las familias de ambos
fallecidos se mezcló en el campo con la reflexión sobre lo
sucedido.
La sorpresa
fue revestida desde un primer momento de un sentimiento de temor y de inseguridad,
ya que la zona donde ocurrió el triste suceso suele ser tranquila
y allí no se tiene conocimiento de hechos similares.
Los primeros
comentarios de los agricultores amigos de las dos víctimas se dirigían
hacia el carácter trabajador de los dos agricultores asesinados,
de 41 y 53 años, y su buen trato hacia el presunto autor de los
hechos, que se alojaba en el cortijo de su patrón para el que desarrollaba
labores agrícolas en la finca.
Tema del día
El relato de los hechos corrió como la pólvora por el municipio
ejidense y se convirtió rapidamente en motivo de conversación
entre los ciudadanos, ya estuvieran relacionados directa o indirectamente
con la agricultura.
Eran muchos
los ciudadanos que aprovechaban su tapeo en el bar para lamentar la falta
de control administrativo en la entrada de inmigrantes ilegales, a la vez
que culpaban a la falta de referencias conocidas de muchos de los trabajadores
que llegan a las fincas pidiendo trabajo como causa de muchos riesgos que
sufren directamente los agricultores.
"A veces metemos
en la finca a gente de la que no sabemos nada, y está claro que
lo que ha sucedido en Santa María del Aguila nos puede pasar a cualquiera
de nosotros".
El suceso de
ayer se registra en un momento en que la campaña agrícola
necesita mucha mano de obra, por lo que casi nadie se plantea la necesidad
o no de mano de obra inmigrante.
"Está
claro que necesitamos a los inmigrantes porque si no, no habría
quien pudiera llevar al día sus plantaciones ni podríamos
cortar a tiempo los frutos", explica un agricultor residente en el núcleo
de Santo Domingo.
La noticia
del doble crimen acontecido ayer abrió una puerta hacia la reflexión,
ya que la mayoría de los agricultores entienden que la Justicia
debe aplicarse hasta sus máximas consecuencias sobre el autor de
los hechos.
"Estamos hablando
de un asesino, y nos da igual que sea de Marruecos como si es de Valladolid,
pero una persona que ha matado a dos agricultores y que deja sin padre
a dos familias merece lo peor y tiene que pagar la pena que le corresponda",
coinciden en explicar varios agricultores de la zona colindante al lugar
de los hechos. La mayoría de los agricultores consultados por LA
VOZ DE ALMERIA coinciden en pedir medidas eficaces por parte de la Administración
para controlar la existencia de inmigrantes sin papeles, ya que "son muchos
los que vienen a trabajar a España junto a sus familias y que tienen
una actitud intachable a lo largo de los años".
Prueba de estos
último es el comentario de un conocido agricultor de Santa María
del Aguila quien, nada más conocer los hechos, manifestó
a este periódico que tiene "desde hace más de siete años
varios trabajadores de Marruecos al cargo de mi finca, con papeles y en
una situación plenamente regularizada, y hasta el momento tengo
plena confianza en ellos porque me demuestran cada día que se preocupan
tanto como yo por el bien de mis cultivos".
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Desalojados
quince inmigrantes que ocupaban tres viviendas en un paraje de El Ejido
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La Voz de Almeria

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Un grupo formado
por quince trabajadores inmigrantes con edades comprendidas entre los 25
y los 35 años de edad fueron finalmente desalojados hacia las nueve
de la mañana de ayer de las tres viviendas que ocupaban desde hace
más de un año en el paraje El Treinta, a escasos metros de
una conocida empresa de comercialización agrícola y enfrente
de un concesionario de vehículos de alta gama.
Efectivos de
la Policía Local procedieron ayer al desalojo de los inmigrantes,
a la vez que los equipos municipales procedieron minutos después
a la demolición de las tres casas, que eran antiguos cortijos situados
en el borde del trazado de la antigua carretera nacional 340, a su paso
entre El Ejido y Santa María del Aguila.
Realojo temporal
Según ha podido saber este periódico, el ayuntamiento ejidense
procedió ayer al realojo de algunos inmigrantes que hasta la fecha
no habían podido encontrar otro lugar donde vivir, a pesar del extenso
plazo concedido por las autoridades antes de proceder al desalojo de las
mencionadas viviendas.
Ayer pasaron
su primera noche en un hostal ejidense algunos de los desalojados, que
intentarán en un corto plazo de tiempo localizar un nuevo lugar
de residencia.
Los inmigrantes
desalojados, con los que ha conversado LA VOZ DE ALMERIA, critican el hecho
de que los vecinos del municipio les pongan trabas para alquilar una vivienda,
ya que “la mayoría de nosotros tenemos trabajo casi todo el año
y podemos permitirnos alquilar un piso en grupo, pero la gente no quiere
porque no se fían de nosotros”.
La mayoría
de los desalojados se encuentran en nuestro país en situación
legal, aunque algunos no tenían aún su documentación
en regla.
Para evitar
sorpresas de última hora, y por orden directa del equipo de gobierno
ejidense, el desalojo se produjo un par de horas después de contactar
con los inmigrantes y comunicarles un último aviso. Graves deficiencias
El grupo de trabajadores residentes en las dos viviendas eran solteros
y no había ni ancianos ni niños.
Todos ellos,
intentaban ganar un jornal en base a labores agrícolas en el campo
cuando encontraban trabajo.
Todos soportaban
unas condiciones de vida pésimas, sin apenas las comodidades básicas.
En el interior
de los cortijos la iluminación era escasa, no había agua
corriente y el deterioro estructural de las construcciones revestía
incluso peligro para los propios ocupantes.
Responsables
municipales han manifestado a LA VOZ DE ALMERIA que “el desalojo no podía
esperar más tiempo porque cualquier día podrían desprenderse
cascotes del techo con cualquier lluvia y provocar una desgracia que nadie
desea, porque estas personas tienen derecho a un lugar donde vivir dignamente”.
Los inmigrantes desalojados ayer vivían en los tres cortijos con
el consentimiento, según ellos, de los propietarios de las fincas,
a pesar del estado ruinosos de las viviendas.
Expediente
ruinoso El ayuntamiento de El Ejido puso fin a un largo expediente administrativo
de demolición con el desalojo de ayer, aunque el plazo para que
los inmigrantes abandonaran dichas viviendas concluyó a finales
del pasado mes de octubre, después de que el equipo de gobierno
ejidense publicara en el Boletín Oficial de la Provincia la orden
de demolición debido al mal estado de salubridad detectado en las
fincas catalogadas con los números 14, 15 y 16 del paraje El Treinta.
Según
el expediente administrativo incoado por el Ayuntamiento, en las tres viviendas
habitaban un total de siete inmigrantes, aunque la realidad ha demostrado
que el número de ocupantes era sensiblemente mayor.
En los últimos
meses, los ocupantes de las viviendas habían intentado paliar algunas
deficiencias colocando unos plásticos de invernadero en los techos
para impedir que traspasara la lluvia.
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