INMIGRACIÓN Y EMPLEO

Vicenç Navarro*
 

*Vicenç Navarro es Catedrático y Directo del Programa de Políticas Públicas.
Universitat Pompeu Fabra--Johns Hopkins University

El país está viviendo una situación angustiosa porque de pronto, a partir de un informe de la ONU, parece haber descubierto que tiene un problema grave debido a su baja tasa de fertilidad, la más baja del mundo, lo cual nos convertirá en una sociedad anciana. Esto en sí no tendría por qué ser un problema. Ser anciano no es un problema siempre y cuando la sociedad esté organizada para atender a este sector de la población y facilitar su integración social, situación que no es, sin embargo, el caso ni en Catalunya ni en España. Pero lo que es preocupante no es que haya muchos ancianos sino que no haya suficiente gente trabajando para crear la riqueza que nuestra sociedad necesita. 

En realidad, gran parte del retraso económico de España sobre el resto de la Unión Europea (UE) se debe a que el porcentaje de la población adulta que trabaja en nuestro país es de los más bajos en la UE. No hay suficiente gente trabajando. De ahí que se haya propuesto que la solución a este problema de falta de gente trabajadora sea la inmigración, lo cual causa alarma en ciertos sectores del país preocupados por perder la supuesta homogeneidad étnica y cultural. De nuevo otra situación se presenta como problema cuando en realidad no tiene por qué serlo. España, y en particular Catalunya, ha sido un país de inmigrantes y la inmigración ha enriquecido siempre el país. 

Esta manera de presentar el problema y las propuestas para resolverlo es, sin embargo, errónea. El hecho de que el porcentaje de la población activa sea tan bajo no es porque no haya suficiente población adulta ni tampoco de que ésta no esté deseosa de trabajar. El problema es que no hay suficiente oferta de puestos de trabajo y que tampoco se facilita la integración de la población adulta al mercado de trabajo, algo muy obvio en el caso de la mujer. Veamos.

Estamos ya oyendo voces en la profundamente conservadora cultura mediática del país que culpabilizan de la baja fertilidad en España a la mujer que está anteponiendo egoístamente su vocación profesional a su vocación familiar y maternal. Hemos oído a más de un tertuliano decir que la integración de la mujer en el mercado de trabajo está causando incluso el deterioro de la familia y el abandono de lo que se considera como su principal misión en España, que se asume que es la reproducción biológica y social. 

Esta interpretación, sin embargo, no es sostenible. Suecia, por ejemplo, tiene uno de los porcentajes más altos de mujeres trabajando (el 79% contra el 42% en España) y goza de una fertilidad el doble que la española (2,09 contra 1,04). ¿Por qué? 

Suecia provee, como derecho de ciudadanía, acceso a los servicios de ayuda a las familias, que incluyen servicios de escuelas infantiles de 0 a 3 años y servicios domiciliarios para ancianos e incapacitados, así como servicios para la tercera edad, lo cual facilita la integración de la mujer en el mercado de trabajo, permitiendo que la mujer compagine las responsabilidades familiares con las profesionales. Como consecuencia, la mujer sueca ocupa sólo 28 horas a la semana en tareas familiares, casi la mitad que el número de horas que la mujer ocupa en tales tareas en España, 48 horas. Un dato también importante es que el varón sueco dedica 20 horas semanales también a las labores familiares, mientras que el varón español dedica sólo seis horas a tales labores. 

Por otra parte, el paro entre las mujeres jóvenes en España es de un 38% y en Suecia sólo de un 5%. La mujer joven sueca tiene estabilidad y seguridad laboral y una infraestructura de servicios de apoyo que facilitan el proceso de formación familiar. Además, la creación de tales servicios de ayuda a la familia crea una gran cantidad de puestos de trabajo (el 18% de la población adulta trabaja en los servicios del Estado del bienestar sueco, incluyendo los de ayuda a la familia, escuelas y servicios sanitarios, comparado sólo con un 5% en España, el más bajo de la UE). A su vez, la integración de la mujer en el mercado laboral crea una demanda de servicios y puestos de trabajo (lavanderías, limpieza, restaurantes, etcétera) que la mujer realizaba antes en casa. Esta integración de la mujer en el mercado de trabajo en Suecia es responsable de que el porcentaje de población que trabaja en ese país sea de los más altos de Europa y también, por cierto, explica que sea de las sociedades que requiere menos inmigración pues hay suficiente personal para realizar el trabajo necesario. 

Estos son los hechos ignorados en el presente debate sobre la inmigración que está alcanzando términos hiperbólicos. En España no hay escasez de personas que puedan y deseen trabajar. El énfasis en la inmigración como solución a nuestros problemas, es una manera de evitar la integración de la mujer y de los jóvenes en el mercado de trabajo. Si España tuviera el porcentaje de la mujer en el mercado de trabajo que Suecia tiene, no habría la necesidad de depender del número de inmigrantes citados en el reciente informe de la ONU sobre inmigración en España, que es a todas luces excesivamente alto. 

Pero existe otro tema que tampoco se cita en el debate presente cuando se indica que los inmigrantes son necesarios porque ocupan trabajos que los españoles no desean hacer. Una alternativa no considerada, sin embargo, es aumentar la calidad y el pago de los trabajos realizados por la inmigración, evitando que ésta se utilice, como ocurre hoy en España, como manera de abaratar puestos de trabajo, situación que la nueva ley de extranjería no evitará. 

Es sorprendente que en un país con un paro tan elevado se considere que la solución se basa en la inmigración. La solución se basa en facilitar la integración de la mujer y de los jóvenes (y de los trabajadores adultos en paro crónico) en el mercado laboral a través de medidas masivas tales como el desarrollo de servicios que faciliten tal integración de la mujer en el mercado de trabajo y programas de reciclaje y formación mucho más intensos que los hoy existentes. 



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