Martes 14 marzo 2000 - Nº 1411
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ESPAÑA
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El PP anuncia que el nuevo Gobierno cambiará "inmediatamente" la Ley de Extranjería Mariano Rajoy y Javier Arenas dicen que no hay que tener miedo a la mayoría absoluta del PP JAVIER CASQUEIRO, Madrid
El PP ya había incluido en su programa su intención de
reformar la ley de Extranjería aprobada en el Congreso de los Diputados
contra su criterio. El propio Aznar ratificó esa posición
en el mitin que celebró en Almería durante la campaña.
Ayer, Hernando no se demoró al corroborar que retocarán
esa ley, especialmente en aspectos sobre cómo "organizar" la entrada
de inmigrantes de forma "más ordenada". Y adelantó que se
vinculará esa regulación del acceso a España de los
inmigrantes legales con los contratos de trabajo "para que, al final, los
derechos de los inmigrantes legales o ilegales estén claramente
diferenciados" y con el fin de "evitar que se jueguen la vida en pateras,
siendo víctimas de las mafias y del tráfico de personas".
Este anuncio provocó ayer una rápida la reacción
de CiU. Su diputado ponente de esa ley, Carles Campuzano, declaró
que el PP cometería "un error" si plantea esa reforma, adelantó
que su partido no la apoyará y se pronunció por aplicar la
ley tal como está, "con seriedad y rigor". Distintos portavoces
de la Asociación de Trabajadores Inmigrantes Marroquíes de
España mostraron su confianza en que el PP no acometa grandes cambios
en el texto y los limite a precisiones "más técnicas".
El director de la campaña electoral de Aznar, el ministro Mariano
Rajoy, declaró ayer a RTVE que no hay que tener miedo a la mayoría
absoluta lograda por el PP, aunque sí admitió que uno de
los retos de su formación ahora es "saber usar democráticamente
esa mayoría".
Rajoy retomó las frases de la noche electoral de Aznar para reafirmar
que su partido quiere "gobernar para todos", como cree que ya ha hecho
en esta pasada legislatura, y en una nueva etapa de "moderación,
equilibrio y sentido común".
Javier Arenas, el secretario general del PP, profundizó en RNE en esa línea, al destacar que piensan gobernar ahora con mayoría absoluta "de la misma forma, con el mismo talante y con el mismo estilo" que estos últimos cuatro años. Unas maneras que definió como dialogantes. El partido se prepara para un mandato largo, y su líder, para designar sucesor J. CASQUEIRO, Madrid
El éxito de Aznar el domingo se vivió en el PP con una
enorme alegría y con una no menor sorpresa por su proporción
inesperada. Nadie se había atrevido a augurar una mayoría
tan holgada. El escrutinio real desbordó todo, incluso botellas
de cava, y empleados, dirigentes, simpatizantes, periodistas e invitados
no daban crédito.
Ayer se digirió esa resaca. Se recogieron un sinfín de
felicitaciones (del presidente francés, Jacques Chirac; el canciller
austriaco, Wolfgang Schüssel; del primer ministro portugués,
Antonio Guterres; del nuevo presidente chileno, Ricardo Lagos), Aznar convocó
por la tarde en La Moncloa a su equipo de confianza y hoy valorará
la situación con el Comité Ejecutivo Nacional.
Las miradas sobre Rato
Aznar ha ratificado en múltiples ocasiones que no volverá
a ser candidato a la presidencia del Gobierno, aunque no descarta continuar
activo en política a partir de 2004 en otras funciones, seguramente
como diputado y al frente del PP. Aznar, además, ha situado algunas
de sus metas para España, especialmente el horizonte del pleno empleo,
más allá de esa fecha.
El propio Aznar ha advertido, incluso en público, a sus futuros
delfines de que no deben precipitarse. Al presidente del PP le gusta decir
que es partidario de controlar los tiempos, también en política.
Cree que el debate de su sucesión no debe abrirse hasta el año
2003, un ejercicio después del XIV Congreso Nacional del PP.
Aznar, que en este periodo electoral ha vaticinado que el PP prolongará su estancia en el poder varios mandatos, tuvo el domingo algo más que un detalle con Rato. El vicepresidente económico apareció exultante poco después de las ocho de esa tarde por la sala de prensa del PP en mangas de una camisa de cuadros. Sobre las diez y media de la noche regresó, ya perfectamente trajeado, y se detuvo ante los monitores de televisión. Joaquín Almunia escenificaba su derrota y su dimisión como secretario general y líder del PSOE. Rato fijó aún más la mirada. Las cámaras le inmortalizaron. Y él demoró la reacción. Rato sabía que esa noche, en Génova 13, muchos ojos estaban obsesionados con sus gestos. Aznar, a las once y media, llamó a sus principales escuderos a la plataforma con que se presentó ante la multitud y se reservó para Rato el abrazo más efusivo, largo y sincero. |
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