EL CORREO DIGITAL  
Num. 1164
Lunes 7/02/2000

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Un brote de violencia xenófoba obliga a inmigrantes de El Ejido a recluirse en casa 

Vecinos de la localidad atacaron a los extranjeros y destrozaron sus bienes 

OSCAR LEZAMETA COLPISA. MADRID

El Ejido vivió ayer una jornada cargada de tensión. Un estallido de violencia obligó a los inmigrantes que residen en la localidad almeriense a refugiarse en sus casas. Los vecinos querían vengar la muerte de una joven, apuñalada el sábado por un marroquí que temía ser identificado como autor de un robo anterior, y al grito de «muerte al moro» se dedicaron a perseguir a los extranjeros. La intervención de la Policía evitó el linchamiento de cinco inmigrantes, refugiados en un bar. El subdelegado del Gobierno, agredido tras el funeral, hizo un llamamiento a la calma antes de que «algún grupo calentado» protagonice una agresión. 

El Ejido era un polvorín a punto de estallar el sábado y lo hizo 24 horas después. Las víctimas fueron los inmigrantes, en su mayoría magrebíes, que se vieron obligados a refugiarse en sus casas y no salir ante la virulencia de la violencia xenófoba que se apoderó de algunos centenares de vecinos del pueblo al grito de «moros fuera». Los incidentes no cedieron en todo el día y fueron quemados vehículos de inmigrantes y atacadas sus propiedades. 

La barriada de Santa María del Aguila era un hervidero a raíz del brutal asesinato de Encarnación López, acuchillada en pleno mercadillo por un joven marroquí que había cometido un robo con anterioridad y temía ser identificado. A los incidentes registrados tras el homicidio se sucedieron nuevos disturbios que incluyeron ataques a grupos de inmigrantes, sus co ches, viviendas y locales que frecuentan.

Por la mañana, varios centenares de vecinos del barrio apedrearon y trataron de agredir con palos, barras de hierro y bates de béisbol a un grupo de inmigrantes. Los extranjeros huyeron y la agresión no pasó a mayores gracias a la in tervención de las Fuerzas de Seguridad que patrullaron todo el día por las calles de la localidad almeriense. Este conato de incidente se repitió a lo largo del día en otros puntos de El Ejido, pero también sin consecuencias. 

Durante la madrugada de ayer, fueron quemados coches de inmigrantes, va rios locutorios telefónicos resultaron destrozados y algunos establecimientos relacionados con el colectivo de magrebíes sufrieron ataques. La tensión creció cuando se propa ló el rumor de que un agricultor había sido asesinado por inmigrantes, lo que lugeo fue desmentido por las au toridades. 

Los disturbios ocasionaron asimismo el corte de una carretera local, la antigua nacional 340, y de la autovía del Mediterráneo en am bos sentidos durante horas. 

Refugiados en sus casas
 
 

Ante el cariz que tomaban los acontecimientos, los extranjeros optaron por atender el consejo del delegado del Gobierno en Andalucía, José Torres Hurtado, y se refugiaron en sus domicilios para evitar nuevos ataques. En las calles, sin embargo, grupos de varios centenares de vecinos mantenían sus concentraciones de repulsa y para comentar la situación. Las intimidaciones se hicieron extensivas a los medios de comunicación desplazados a la localidad y que fueron increpados los vecinos por dar «una mala imagen» de El Ejido. La sangre tampoco llegó al río por la gran presencia de agentes del Cuerpo Nacional de Policía procedentes de otros puntos y que contaron, además, con el apoyo de dos helicópteros.

Uno de los momentos de mayor tensión se produjo a mediodía cuando cinco emigrantes tuvieron que refugiarse en un bar acosados por varias decenas de personas. La Policía, que pa trulló las calles para calmar a los más exaltados, evitó el linchamiento y protegió la salida del grupo de extranjeros del local . «Estas si tuaciones son las que hay que evitar», explicó el subdelegado del Gobierno, quien temía que «algún grupo calentado» pudiera llevar a cabo una agresión contra cualquier emigrante. Hurtado aseguró que la situación era muy tensa y que sólo la constante vigilancia policial podía evitar que la violencia fuera a más.

Aunque medio centenar de extranjeros llegó a concentrarse en las inmediaciones donde la joven fue asesinada, la mayor parte de la comunidad de inmigrantes permaneció alejada de las calles «por miedo y prudencia», según relató un voluntario que colabora con este colectivo.

El alcalde la localidad, Juan Enciso, aseguró que lo ocurrido en El Ejido «no es un problema entre unos y otros, sino un caso generado por nuestra propia riqueza, y por eso entre todos tenemos que arreglarlo lo mejor posible». El mandatario almeriense solició más presencia policial «porque es lo único que se puede hacer teniendo en cuenta que somos la puerta de Africa, que todos los días tenemos pateras y que es imposible controlar a todas esas personas que entran ilegalmente».

Veinte personas resultaron heridas durante los incidentes del sábado y el domingo. El más grave es un subinspector del equipo de información del Cuerpo Nacional de Policía que perdió cuatro dientes como consecuencia del impacto de una pedrada que rompió la visera protectora. El sábado ingresaron en el centro sanitario cinco inmigrantes que presentaban diversos cuadros de policontiusiones y heridas calificadas de pequeña importancia, mientras que un sexto, tenía fracturados los dos omóplatos, varias costillas y golpes en elcuero cabelludo. También ayer fueron atendidos dos vecinos que participaban en las protestas, uno de ellos con fractura de húmero, y dos policías con heridas sin consideración. 

 
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