UB

Master

Sistema Penal y Problemas Sociales

Director: Prof. Dr. Roberto Bergalli


DEPENDENCIA, MIGRACIONES Y DROGODEPENDENCIAS:
EL SISTEMA DE CONTROL SOCIAL DE LAS DROGAS


Oriol Romaní i Alfonso (Universitat Rovira i Virgili. Tarragona)



PRESENTACION

La comunicación pretende analizar distintos niveles del sistema mundial de dominación a través de algunos de los eslabones en los que está articulado. Para ello nos fijaremos en el funcionamiento y los principales significados que tiene el actual sistema de las drogas.

A nivel macrosocial, el tráfico ilegal de drogas y la "guerra contra la droga" los consideramos como elementos de poder (económico, militar, sociopolítico e ideológico) que tienden a consolidar y ampliar el actual desequilibrio mundial de fuerzas; manifestaciones de dicho desequilibrio son tanto las grandes migraciones que se producen desde los países pobres hacia los países ricos, como la generación de procesos de exclusión de determinados grupos sociales dentro de los mismos países ricos. A nivel más microsocial podremos constatar que, en el caso español, algunos individuos pertenecientes tanto a aquellos grupos de inmigrantes como de marginados autóctonos coinciden en el ámbito de las drogas ilegales, bien sea como mano de obra en los niveles bajos de su tráfico, bien como drogodependientes con conflictos sociosanitarios, bien como ambas cosas a la vez.

Partiendo de este aálisis se intentará basar la hipótesis de que el actual "statu quo" de las drogas configura un sistema de control social del que se pueden analizar no sólo unos efectos a nivel macrosocial (dominación política, priorización de ciertos valores, creación/ampliación de controles burocrático-policiales, leyes de "seguridad", etc.), sino también a nivel microsocial: la drogodependencia, compuesta por factores socioculturales además de farmacológicos, sería así un fenómeno facilitado por aquel sistema de control social.


LOS EJES DEL PROBLEMA: MARGINACION SOCIAL Y SISTEMA MUNDIAL

La marginación social: algunas precisiones.

Dado que, por lo menos de forma implícita, se manejarán un conjunto de elementos, muchos de los cuales nos remiten al campo de la marginación social, me parece útil explicitar teóricamente dicho concepto antes de seguir adelante.

De entrada podemos considerar la marginación social como un conjunto de procesos que, por lo que se refiere a las
condiciones materiales de existencia, acaban limitando -hasta poder llegar a excluir- a determinados individuos o grupos sociales el acceso a los recursos más habituales de su sociedad; estos procesos siempre irán acompañados, a nivel cognitivo, por unas racionalizaciones ideológicas que justificarán dichas limitaciones o exclusiones. Se supone que para que dichas racionalizaciones puedan tener eficacia deben mantener un cierto nivel de compatibilidad tanto con la estructura económico-social dominante en aquella sociedad, como con sus manifestaciones culturales hegemónicas en un momento histórico determinado.

La marginación, según San Román (1990: 116) "...no es una posición prevista en el sistema de relaciones definitorias de estatus pero actúa sobre la base de los roles correspondientes a estos estatus ni exhibe las propiedades de estado correspondientes a las coordenadas espaciotemporales concretas del sistema. Sus relaciones con el ecosistema están negativamente determinadas por las que se realizan en el propio sistema ecocultural, presentando por tanto características económicas residuales". Lo interesante del tipo de aproximación que estamos presentando es que permite considerar no sólo estados, sino sobre todo posiciones marginales, grados de marginación e incluso aspectos marginales en un determinado campo de relaciones, {...cuando las propiedades de exclusión se circunscriben a una relación institucional concreta pero no al resto". Es decir, nos obliga a ir trasladando el foco de nuestra atención desde los propios grupos marginados hacia las relaciones de marginalización (de limitación, de exclusión) y, en definitiva, hacia los mecanismos implícitos en las relaciones de poder, núcleo que debe permitir explicarnos los aspectos más globales de los procesos de marginación.

En nuestras sociedades contemporáneas, basadas en unas diámicas de progresiva complejidad y en las que podemos afirmar que el cambio es la regla, se van produciendo continuas desviaciones que constituirían {el rumor de fondo del movimiento del sistema, una aportación de originalidad, de diversidad, de diferencias entre individuos o grupos; unas tendencias que se pueden confirmar y conducir a significativos cambios sociales, pero también al límite manifiesto de la tolerancia que un sistema social, o la mayoría de sus componentes están en situación de soportar" (Bertelli-Neresilli,1988:17). Como acabamos de ver, algunas de esas iniciales desviaciones podrían ser integradas como innovaciones al sistema, mientras que otras acabarían originando procesos de marginación social: para que se produjese este último caso, ¿qué condiciones se tendrían que dar?

Una variable básica es que se produzca la estigmatización de un comportamiento o una situación no conforme a lo esperado (la norma) en un lugar y momento dados. El ejemplo de una nueva figura
profesional en nuestra sociedad, la del {creativo" del campo de la comunicación, nos sirve para ver como una innovación sobre la que -como tal- se extendían al principio ribetes de sospecha, se ha ido integrando posteriormente a través de su rentabilidad en diversos aspectos.

Distinto es, en cambio, el caso de aquellos que ocupan los eslabones más bajos de la estructura social que, después de encontrarse con  distintos tipos de conflictos (en la familia, la escuela, el barrio, el trabajo, etc.) que van haciendo cada día más difícil su inserción social, acaban siendo expulsados del mapa social -en una sociedad cada vez más "dualizada" -a través de su fijación, p.ej., en parados de larga duración; y además se enmascara la raíz estructural de su situación con la atribución de la responsabilidad de la misma a ellos y sólo a ellos -por falta de formación, de disciplina, de ambición, de espíritu de sacrificio, etc.

De lo anterior se deduce que la estigmatización no es una variable independiente. Constituye la mediación necesaria en un proceso de marginación, pero tiene que ser activada por otros factores. Esto ha sido bien documentado en el caso de los gitanos o del racismo en general (v., respectivamente, San Román, 1986 y Wieviorka,1992), donde se puede constatar que la estigmatización se activa a partir de la competencia por recursos básicos como territorio, vivienda, trabajo, etc. En el caso de las migraciones también se producen estigmatizaciones que se desencadenan a partir de aquellas situaciones que permiten presentar al otro, por ejemplo, como un rival peligroso en la lucha por los recursos básicos limitados de los que dispone el grupo (a nivel económico, de administración pública, etc.) y para la preservación de la propia identidad; en definitiva, como una cortina de humo para desviar las responsabilidades de muchos de los males de nuestra sociedad hacia el exterior, según la conocida teoría del chivo expiatorio.

A partir de distintas situaciones podemos constatar que la estigmatización se activa cuando hay una visibilidad social de la supuesta desviación inicial. Siguiendo a Chapman (1971: 54) diremos que esta visibilidad social es el resultado de la interacción de las siguientes variables: "a) la carencia cuantitativa y cualitativa de recursos (económicos, sociales, culturales, políticos) de los que los componentes del sistema social (individuos o grupos) disponen para negociar su situación en el interior del propio sistema; b) el tipo y grado de estereotipos sobre el desviante presentes en el grupo de control y en el contexto de referencia; c) la entidad de la norma violada; y d) la alarma social generalizada suscitada por aquel preciso acto o comportamiento desviante. Aunque para una mayor coherencia con el enfoque que le estamos dando al asunto se deberían reformular las variables c) y d) -pues en muchos casos la violación de la norma no
sería lo más importante, si no es en aquel sentido genérico de {una situación considerada fuera del lugar/tiempo adecuados"-, la perspectiva expuesta es útil porque pone de relieve unos elementos que, a la corta o a la larga, desencadenan la intervención de las agencias de control social formal, lo que subraya la relación entre ésta y la reacción informal, tal como había sido señalado ya de forma genérica por los teóricos de la reacción social.

Así pues, un fenómeno relativamente nuevo y todavía numéricamente minoritario en España, como el de determinado tipo de migraciones extranjeras, forma parte de unos procesos que, mediatizados por la visibilidad social y la intervención de las agencias de control social formal (policía-legislación, principalmente), acaban produciendo diámicas de marginalización social. Pero si antes hemos planteado que determinado tipo de inmigrantes extranjeros juegan el papel de {chivos expiatorios", tendremos que convenir que, de alguna manera son funcionales al sistema. Y creo que esto es lo que podríamos postular para muchas otras situaciones marginales; entre ellas, las de ciertos drogodependientes, que resultan muy rentables desde diversos puntos de vista: desde el estrictamente económico, hasta el de producción de cohesión social, de discursos ideológicos, de sectores profesionales, institucionales, etc. (v. Romaní, 1989).

En definitiva, podemos sostener que en muchas sociedades contemporáneas (por lo menos aquellas que denominamos urbano-industriales y las que se organizan siguiendo el mismo modelo) la marginación puede tener distintos grados de funcionalidad, hasta llegar a ser un componente indispensable para su mantenimiento. Si bien, como hemos visto, la marginación significa por definición la dislocación respecto al sistema de rol-estatus imperante, es decir, la exclusión del mapa social, por otro lado parece ser, en muchos casos, un elemento externo necesario, como un {input", para la reproducción del sistema social que aquel mapa nos representa en una determinada sociedad.


Sistema mundial y drogas

Los procesos de marginación a los que nos acabamos de referir no se dan en sociedades aisladas, sino que en el mundo contemporáneo las distintas sociedades o -para concretarlo en unidades políticas reconocidas- los distintos estados están en una situación de interdependencia que va configurando el fenómeno de la globalización mundial. Esto significa que, aunque algunos de aquellos procesos tengan sus raíces y se desarrollen sobre todo dentro de un estado como, por ejemplo, sería el caso específico de la marginación de los gitanos
españoles, es evidente que no podríamos entender los cambios en las relaciones mayoría-minoría sin tener en cuenta la situación del estado español dentro del conjunto mundial (3).
La interdependencia que acabamos de mencionar es, como es bien
sabido, asimétrica en la mayoría de los casos pues se produce una especialización y, en relación a ella, una jerarquización de los distintos estados dentro del conjunto mundial que hace que éste se constituya como un sistema (4).

El aálisis de estas relaciones se ha hecho desde distintos enfoques teóricos: las teorías del imperialismo enfatizan, en un primer momento, el expolio de las colonias por las metrópolis, con la depreciación de los mercados periféricos y, ya en la época del capitalismo monopolista, la extracción de materias primas de estos mismos países; en la época post-colonial, la teoría de la dependencia nos permite explicar cómo, a través del capital extranjero (multinacionales) se produce un intercambio desigual (repatriación de beneficios, equilibrio adverso del comercio, etc.) que es un elemento central en los procesos que producen el subdesarrollo de los estados periféricos.

La teoría que me parece más pertinente para el aálisis del tema que aquí nos ocupa es la de los sistemas mundiales (v. Wallerstein 1990). Aunque hay matices según los autores, a nivel metodológico parten, en general, de la existencia de la población, por un lado, y por el otro de la de cuatro subsistemas, tanto en el interior de cada sociedad como a nivel global: económico, militar, cultural y político. Su axioma es que la explicación hay que buscarla al nivel del propio "world-system" y que sociedades, estados, clases, etc. no son independientes ni las unidades básicas de aálisis. Teóricamente pueden coexistir diversos sistemas pero el capitalista, por su necesidad de expansión progresiva, ligada a la diámica de acumulación del capital, tiende a ocupar todo el mundo y se convierte así (aunque de forma desigual y con todas sus crisis) en un sistema mundial. Dentro de éste, y atendiéndonos a la división internacional del trabajo, los diferentes estados se pueden incluir en las categorías de centro, semiperiferia y periferia. Esto permite unas mayores matizaciones a la hora de comparar y explicar no sólo las relaciones entre ellos, sino también los diversos desarrollos internos; con la teoría del intercambio desigual sería difícil explicarnos, por ejemplo, la emergencia de los nuevos países industrializados como los {cuatro dragones} de Asia (Corea del Sur, Taiwan, Hong Kong y Singapur) o incluso el caso español (5).

El sistema mundial tiene unos aspectos institucionales y con un cierto grado de {transparencia social}, al lado de otra serie de aspectos informales, no reconocidos, etc., todo
aquello que Tortosa (1992: 27-41) llama "el sistema oculto". Mientras que el fenómeno de las migraciones participa -como muchos otros aspectos de los distintos subsistemas- de las dos caras del sistema global, con todas sus ambigüedades, el que se configura alrededor de las redes ilegales del comercio de drogas se incluye fundamentalmente (por definición) en la cara oculta, aunque tiene unas repercusiones generales importantes en los distintos subsistemas mencionados.

Desde el punto de vista económico el comercio ilegal de drogas es una de las principales multinacionales del delito (v. Kelly, 1986), íntimamente relacionada con la industria internacional del dinero secreto: se calcula que sólo el negocio mundial de la cocaína es de 130.000 millones de dólares, o que las ventas en Europa de heroína, cocaína y cannabis es de 16.000 millones de dólares al año, de los que unos 10.000 millones tienen que ser 'lavados' en el sistema financiero europeo, ya que los beneficios se encuentran entre el 60 y el 70 por 100 de las cifras de ventas" (Tortosa, 1992: 30).

Nos encontramos, por otro lado, ante una multinacional que ha experimentado una gran expansión durante la década de los ochenta en detrimento de otros sectores económicos, cosa que tiene sus consecuencias, también, a nivel político y militar. Esto es especialmente claro en el caso de América Latina donde, durante esta década y coincidiendo con el retorno de los gobiernos democráticos, ha habido una fuerte crisis: fuerte crecimiento demográfico, descenso del PNB al mismo nivel que el año 1967, aumento de las diferencias internas (el 10% de la población tiene el 44% de la renta), etc.; todo ello en un sistema de {mercado libre} pero con un fuerte proteccionismo de los USA, que ha contribuido a que los  precios de productos de países latinoamericanos que antes tenían un peso en el mercado mundial (como el café, los plátanos o el estaño) cayesen en picado. Hay que tener en cuenta que {...a medida que los EUA pierden su influencia en los mercados de Asia y de Europa ante el Japón y Alemania, multiplican sus esfuerzos para extraer un excedente de América Latina" (Petras 1992: 146), lo que ha producido que esta región mundial, que durante la década de los setenta era importadora de capitales, pasara durante la década siguiente a ser exportadora, sobre todo a través de los mecanismos de la deuda externa (v. Del Olmo, 1992, pralmente. p.15-25 y 63-93).

En este contexto, el surgimiento y desarrollo de los sectores informales de la economía -y dentro de ellos, el de las drogas- ha sido espectacular. De hecho se puede afirmar que la zona andina se ha especializado, dentro de la producción internacional del trabajo, en la producción de coca. Y esto, además de ser un amortiguador de la situación económica a nivel inmediato (7), tiene otras repercusiones, como la gran
ampliación de los distintos grupos de gestión del negocio (mafias), de la corrupción (militar, policial, judicial, política...), de los adictos a la pasta base entre los mismos campesinos que allí trabajan, además de los sectores urbanos marginales, etc.; así como repercusiones militares: la doctrina de la {guerra contra la droga} da la cobertura para intervenir, incluso militarmente, en zonas especialmente conflictivas del continente, en algunos casos de manera más o menos encubierta (recuérdese la operación {Irangate-Contra" en relación a Nicaragua), en otros de forma directa, como la paradigmática invasión de Panamá.

Parece que a nivel cultural también se están produciendo profundas transformaciones conectadas con la situación que estamos analizando. Se empieza a detectar la presencia significativa de drogodependientes en los países productores o intermediarios, con todas las distorsiones que esto comporta en su contexto sociocultural; hay una depreciación, no sólo de productos y tecnologías, sino también de formas de trabajo, de organización y de valores tradicionales ante la reorganización general que implica el llamado "narcotráfico" (9); en el caso de la zona andina, la reubicación de la identidad étnica se manifiesta también en ciertos movimientos sociales alrededor de la reivindicación de la hoja de la coca, movimientos que se encuentran atrapados entre traficantes, militares y los demás protagonistas de esta situación altamente compleja; etc. (v. Arango/Child, 1987).

Así pues, durante la última década, y sobre todo a través de la gestión del Banco Mundial y del FMI (v. George,1990), podemos constatar la existencia de unas políticas globales que han llevado a partes significativas de las poblaciones de los países del Sur o bien a involucrarse en la producción y/o comercialización de drogas ilegales, ya que esta es una de las pocas alternativas disponibles para asegurar su supervivencia; o bien a emigrar, buscando mejores condiciones generales de vida.


MIGRACIONES Y ESTIGMAS

Sobre las migraciones

Antes de abordar la última parte del trabajo conviene recordar algunas cosas ya sabidas sobre el fenómeno de las migraciones. A nivel global, es un fenómeno que se ha mostrado muy inaprehensible y que presenta grandes dificultades para ser sistematizado, tanto por su carácter multifacético como por la ambigüedad conceptual que se maneja a este nivel; no existe, así, una teoría o un modelo general de explicación de los procesos migratorios que sea capaz de dar cuenta del fenómeno en toda su complejidad. Se acepta el aálisis de la diámica migratoria a través del mecanismo básico
del push-pull, así como otras regularidades empíricas que se han ido incorporando desde que Ravenstein, hace ya más de un siglo, intentara una primera sistematización del asunto (10); se ha ido avanzando en la exploración de algunos aspectos básicos como son los detonadores del proceso, el carácter de las oportunidades; obstáculos intermedios de tipo físico, legal, lingüístico, cultural, etc."; se ha incorporado el aálisis de otros mecanismos, como las {cadenas migratorias"... sea como sea, los aspectos más importantes que desde el aálisis sociocultural podemos aportar a este campo se refieren a las mediatizaciones que ejercen en las migraciones tanto los distintos elementos culturales en general como, más en concreto, las diámicas de control social.

De todos modos, descendiendo a un nivel empírico más cercano que nos permita situar nuestro aálisis de una manera concreta, esbozaremos algunos de los aspectos básicos de los fenómenos migratorios en el área mediterránea. En ella se encuentran, en una relativa proximidad física, un conjunto de sociedades y estados en situaciones muy diferentes y con funciones diversificadas dentro del sistema mundial, ya que coexisten sociedades centrales, semiperiféricas y periféricas con unas diámicas (demográficas y económicas, p.ej.) bastante contradictorias.

Se puede empezar señalando que no todos los estados del Norte son igualmente receptores, o los del Sur expulsores de población, pero lo cierto es que las previsiones demográficas de un crecimiento mucho mayor de la población de los países norte-africanos en relación a los europeos hay que correlacionarlas con la permanente necesidad de mano de obra extranjera en estos últimos, para cubrir unos determinados puestos de trabajo que la población autóctona deja progresivamente vacíos (13). Esto implica plantearse los problemas de acogida de esta población cosa que, a su vez, es contradictoria con algunos factores económicos: si muchas empresas han prosperado, en estos últimos años de reconversión económica, entre la economía formal y la informal -y a veces de lleno dentro de esta última- ha sido porque han podido sobreexplotar una cierta mano de obra ilegal y/o clandestina producto, en el momento histórico al que nos referimos, de la inexistencia de una política de acogida a los inmigrantes.

A las contradicciones que acabamos de señalar habrá que añadir aún los factores de tipo político en el control de migraciones. Porque encima de estas diámicas que acabamos de señalar, incidirá la política de contención que la C.E. -sobre todo a través del "Grupo de Schengen"- ha puesto en marcha y en la que, a pesar de los toques de maquillaje ideológico correspondiente, lo que predomina son los elementos de tipo represivo. Puede argumentarse que es una
política destinada a organizar mejor la acogida de los inmigrantes y que implicaría, entre otras cosas, el control de las reacciones adversas a la presencia de los mismos. Pero de lo que no hay duda es que es una política coherente con toda una línea de orientaciones, reglamentaciones y acciones que se han ido desarrollando en las democracias europeas desde mediados de los setenta y que, planteadas en la disyuntiva {libertad / seguridad", han optado por primar ésta en detrimento de la primera, básicamente a través de los {leit-motivs" centra]es de la lucha contra el terrorismo y la droga; aunque, como es bien sabido, el caso español presenta sus especifidades, su plena incorporación a la C.E. ha significado también un {ponerse en onda" en esta línea, y como muestra están los botones de las llamadas Ley Corcuera y Ley de extranjería.

Las razones de estas políticas hay que buscarlas, fundamentalmente, en la necesidad de legitimar unos instrumentos de control directo que facilitaran a los distintos estados gestionar la profunda crisis que empezó en aquellos años; y que, a pesar de algunas fluctuaciones positivas a nivel económico en determinados momentos, no deja de profundizarse en la línea de unos complejos cambios económicos sociales y culturales que parecen cristalizar, de momento, en una sociedad dual: la gran base de los excluidos permite "prosperar" (con todas sus contradicciones internas, entre otras cosas para no quedar fuera del juego) a los que estamos dentro (14). Creo que es importante recordar este conflictivo contexto, pues es en él donde se dan y se tendrán que desarrollar las relaciones interculturales que aquí estamos analizando.

En este sentido, creo razonable el argumento de que entre las principales razones inmediatas del aumento de la población inmigrada en España podemos señalar la combinación que se ha dado entre el endurecimiento de las políticas migratorias en los países del centro de Europa y la política de fronteras española poco definida, hasta 1985, junto con el gran número de turistas; a parte de otras de carácter más general, como el freno de los flujos de población campo-ciudad en el interior del estado español, o la apertura económica y política de España en los últimos años.

De todo ello lo que me interesa subrayar es que, a pesar de que en el período 1970-1990 se ha triplicado la inmigración extranjera (y que, p.ej., el año 1990 se calcula que había entre 170-290 mil inmigrantes irregulares), actualmente la población extranjera en el conjunto de España representa entre el 1,5 y el 2% del total de la población; al lado, todavía, de un 7% de la población española emigrada. Este escaso 2% es una proporción que se mantiene igualmente en Catalunya (v. De Prada, 1989: 218-220; y Biosca, 1992: 27).


La construcción de un estigma

He finalizado el apartado anterior con unos datos estadísticos para subrayar alguna de las magnitudes del problema y empezar a señalar lo que creo son unos indicadores significativos de situaciones que pueden conducir al desarrollo de procesos de marginación entre determinados colectivos de inmigrantes extranjeros.

Si hablamos de determinados inmigrantes nos será muy útil clarificar mínimamente qué tipos de inmigrantes hay en la actualidad en el estado español. Centrándonos en Catalunya, y con datos de emigración legal (que sabemos que representan solamente una parte del conjunto, lo que nos puede distorsionar la visión; pero no tenemos otros) podemos ordenar los inmigrantes, según su número, de esta manera: Comunidad Europea, Magreb, América Latina, Africa Negra o Subsahariana, Próximo Oriente, Sudeste Asiático -y con datos inciertos de los del Este europeo (v Gómez Olive, 1992: 101-103)

Pero si, en cambio, analizamos tres indicadores significativos como son el número de detenciones, su inserción en la economía sumergida y su legalización, veremos que las proporciones no siguen en absoluto el mismo orden.

Por lo que se refiere al número de detenciones podemos constatar que entre el escaso 2% de la población extranjera se obtiene el 20% de las detenciones del conjunto de España. De éstas, un 25% serían de inmigrantes del primer Mundo -parece que más organizados y profesionales en el delito en general- y un 75% del Tercer Mundo, en general más amateurs, excepto los más ligados a las redes del "narcotráfico" (v. De Prada, 1989: 226-27).

La economía sumergida, según datos del Ministerio de Economía y Hacienda del año 1988, representaría un 25% de la fuerza de trabajo global en España; parece que un 5% de la totalidad del mercado sumergido español estaría ocupado por inmigrantes, mientras que la mano de obra extranjera representa tan sólo un 0,3% del mercado regular de trabajo; y que un 75% de los inmigrantes del Tercer Mundo trabajarían en el sector sumergido de la economía (X. Biosca, 1992: 97-98).


Por último, la legalización, en el sentido de tener todos los papeles en regla, nos ofrece también unos fuertes contrastes entre los inmigrantes de distintas procedencias:

Legales           &# 160;    88% (Primer M.)      33% (Tercer M.)
Indocumentados      12% ( " " " " )      62% ( " " " " )

A pesar de los problemas que presentan datos como estos; a pesar de la imprecisión de epígrafes como los de {Primer Mundo" o "Tercer Mundo"; o de otros aspectos -como la clasificación {legales-indocumentados"- lo que de todos modos se va dibujando claramente a partir de estos indicadores es que hay un grupo de inmigrantes discriminados respecto al resto de la población, ya que estos indicadores se refieren a aspectos básicos respecto al conjunto de la vida de las personas de nuestras sociedades. Nos encontramos aquí, por lo tanto, con la presencia de aquellos factores que pueden activar la estigmatización, según lo hemos planteado antes.

A lo visto hasta ahora habrá que añadir los efectos negativos para la inserción social de muchos inmigrantes, de la llamada (ironías del lenguaje que en las sociedades democráticas parecen ser ya costumbre) Ley sobre derechos y libertades de los extranjeros de 1985 -y su Reglamento de Aplicación de mayo del 86-, que impone una serie de condiciones restrictivas y de requisitos que tienen que ser controlados por la policía. Las consecuencias del planteamiento de la Ley, junto con las propias dificultades del proceso de regularización -principalmente la falta de información a los interesados, de infraestructuras administrativas, de colaboración de los empleadores, la lentitud y complejidad burocráticas y las relativamente altas tasas que había que pagar- han conducido a una concatenación de elementos que han significado una mayor marginalización de muchos extranjeros mientras que, por otro lado, no se ha logrado parar la inmigración clandestina (v. Biosca,: 31-2).

Con todo ello tenemos ya la presencia, por un lado, de la intervención de las agencias de control social formal; y por el otro, de muchos de los elementos que llevan hacia la situación de "visibilidad social" a la que nos hemos referido anteriormente. Diríamos, entonces, que sólo faltan algunos argumentos para acabar de racionalizar aquella situación de discriminación que antes hemos analizado.

A un nivel muy general, el núcleo que puede catalizar una variada gama de {razones} es el prejuicio delante del otro que, ciertamente, tiene un largo historial en la sociedad humana. Historial que se ha ido remodelando según circunstancias concretas y que, a partir del S.XIX, ha encontrado en el concepto de {raza} un conjunto de signos distintivos que, más que connotar diferencias, ha venido a justificar desigualdades (v. Wieviorka, 1992: 25-93).

Pero bajando a niveles más concretos, la evolución del sistema mundial que hemos analizado nos ofrece también otros elementos de posibles segregaciones. Sin salir del tema central que nos interesa, hay algunas ocasiones en que, p. ej., aquellas alternativas -emigración, drogas- que señalábamos al final del punto 2.2, pueden entrelazarse, con distintos ritmos y combinaciones,
produciendo situaciones fácilmente estigmatizables desde el punto de vista de las ideologías dominantes.

En efecto, a través de diversos trabajos e informes etnográficos conocemos la imbricación de algunos inmigrantes extranjeros tanto en el comercio ilegal de drogas, como en su consumo dependiente. Dejando aparte algunos latinoamericanos situados en los niveles medios-altos de este comercio internacional (así como aquellos otros situados a niveles más bajos, muy especializados en el transporte), aquí nos centramos en aquellos extranjeros en unas situaciones más marginales que, en nuestro país, fueron entrando en el negocio de una manera significativa hacia la segunda mitad de los años ochenta. Ciertamente, ya antes se podía ver a magrebíes "moviendo el chocolate" por ahí, pero señalamos estas fechas porque, dentro de la historia de la heroína (el paradigma que marca la pauta de las drogas ilegales) en nuestro país, ésta sería la fase en que ya se ha establecido el mercado negro y, por lo tanto, la heroína es un negocio en el que circula dinero; sería cuando los sectores marginales entrarían en él de forma clara. Y aunque los que entran son principalmente payos y luego gitanos, también se incorporan algunos de estos inmigrantes extranjeros pobres a los que nos estamos refiriendo (16). Un indicador de esta reordenación del sector fueron los conflictos que, por lo menos en Barcelona, se produjeron en esta época en relación al control de los eslabones callejeros del mercado negro, que supusieron una cierta especialización y distribución territorial de los grupos enfrentados en los que, además de payos, los había pertenecientes a distintas minorías étnicas de tipo gitano, magrebí o negro-africanas .

No tenemos datos cuantitativos sobre estas cuestiones pero, por lo que podemos llegar a saber, son situaciones que afectan a una parte numéricamente muy pequeña de los inmigrantes de referencia, cosa que es necesario subrayar para que no haya equívocos (18). De hecho, la alarma social producida por los conflictos a los que nos acabamos de referir se destilaba predominantemente en unas imágenes de los Medios de Comunicación Social que destacaban sobre todo los enfrentamientos entre "traficantes de drogas negros, moros o gitanos". Y, dados los contextos -tanto globales, a nivel de sistema mundial, como particulares- que hemos ido esbozando en este trabajo, podemos interpretar que nuestra sociedad ya tiene los suficientes elementos como para destacar estas formas marginales de inserción en ella y, articulándolas con otros de las que dispone -como el discurso dominante de tipo tremendista sobre las drogas- construir unas determinadas imágenes culturales estigmatizantes sobre el conjunto de los "otros" que se identifican -desde fuera- con los que aquí nos acabamos de referir. Con la "contaminación" que provoca de manera automática la identificación con "la Droga", que se intensifica si a ella añadimos las palabras Sida y Africa, se completa
el círculo de la estigmatización.


DEPENDENCIA Y DROGODEPENDENCIAS: ¿DISTINTOS NIVELES DE UN MISMO FENOMENO? HACIA UNAS CONCLUSIONES TENTATIVAS.

Hasta ahora hemos visto el lugar central que ocupa el subsistema de las drogas dentro del sistema mundial, y la importancia que unos mecanismos como las migraciones tienen de cara a la diámica de dicho sistema. Asimismo, creo que se han señalado algunos elementos básicos para poder constatar las contradicciones entre determinados discursos y prácticas en nuestras sociedades contemporáneas.

Vamos a señalar dos de estas contradicciones. Por un lado, hemos visto que hay unas poblaciones que, sea en origen, sea en relación a sus procesos migratorios, tienen a algunos de sus miembros implicados en el sistema de las drogas (y no hablamos de consumo, sino de presencia en el pequeño o mediano comercio, labores de seguridad, etc.). Si, como hemos visto, en muchas situaciones sociales ésta resulta ser la mejor alternativa a partir de los criterios de valor dominantes en el actual sistema mundial, lo cierto es que en muchos países centrales, esta implicación resulta casi siempre subsidiaria o, cuanto menos, marginal, tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo, respecto a la de sectores de la población autóctona. Pero da lo mismo: el discurso fantasmático de {La Droga} parece fácilmente utilizable para atribuir al "otro" la responsabilidad de todas las desgracias, racionalizando una cierta sobreestigmatización pues, "ya se sabe, no sólo son raros, sucios, etc. sino que son todos unos drogadictos y traficantes, o sea que si les dejamos nos hunden el país". Soy consciente de que estoy caricaturizando, pero quizás con ello pueda, precisamente, señalar aquellos trazos gruesos que de otra manera quedarían disimulados.

En efecto, una de nuestras funciones es la de explicitar aquello que está implícito en la cultura. Y aunque la caricatura que acabo de hacer no es todo el implícito cultural dominante en la sociedad española contemporánea sobre el tema de migraciones, racismo y xenofobia, sí que señala un discurso del que ya tenemos atisbos y que se puede llegar a extender si se dan determinadas condiciones sociales de crisis alguno de cuyos elementos también se han señalado antes.

Lo cierto es que, sea como fuere, el discurso de "La Droga" es muy coherente con este tipo de orientaciones que permiten marginalizar a determinadas poblaciones. Y con ello llegamos a la segunda contradicción mencionada mas arriba. Existen unas ideologías dominantes sobre las drogas, representadas por los discursos y prácticas que se priman desde los organismos oficiales e internacionales, que insisten mucho en la "lucha contra la droga", en {acabar con este flagelo de la humanidad}, etc. Y ya hemos visto como algunos
de los que más claman en este sentido -véase la política USA, por lo menos hasta el final de la era Bush- son los que practican una política económica, militar, etc. que plantea unos modelos de desarrollo para llegar a los cuales no deja mucha más alternativa, muchas veces, que el fortalecimiento de economías "subterráneas" entre las que la de las drogas ocupa un lugar preeminente, situación de la que sacan un buen provecho en distintos aspectos. También en Europa las políticas económicosociales de corte neoliberal (disfrazadas o no bajo distintas etiquetas) -que tan fieras se dicen en la {lucha contra la droga}, y a las que dicho fantasma va tan bien para legitimar políticas de control social duro- van en la misma dirección (19).

Lo que mas me interesa señalar aquí es que, más allá de aparentes contradicciones, el discurso dominante sobre "La Droga" (de tipo criminalizador y contenido medicalizante) que se basa en la prohibición, es precisamente un elemento clave en el desarrollo de las orientaciones que hemos señalado presenta el sistema mundial actualmente; pues, como se ha analizado desde muy distintos ángulos, la política prohibicionista no es sólo altamente conflictiva y se presta a todo tipo de abusos (por excluyente y poco controlable) sino que es adictiva, elementos ambos que favorecen el mantenimiento del actual "statu quo" mundial.

En efecto, olvidándonos ya si los que trabajan en drogas y/o las consumen de forma dependiente son de un sitio o de otro,-aunque sin perder de vista la gran diversidad socio-cultural de los mismos- debemos recordar algunos puntos elementales:

* Las condiciones de posibilidad de existencia de las drogodependencias han aparecido con un cierto nivel de desarrollo de las sociedades industriales de tipo capitalista.
La circulación de mercancías (que es en lo que se convierten las drogas) es un mecanismo económico central para su reproducción, así como a nivel psicosocial el mecanismo de la adicción (a un nivel mucho más amplio que el de las drogas) facilita enormemente aquella circulación de mercancías.

* La construcción social de las drogas cuyo paradigma dominante se basa en la prohibición es adictiva porque:

-ha creado un monstruo que funciona como un mito que ha permitido a sectores jóvenes identificarse con él, aunque sea (o precisamente porque es) negativo.

-ofrece un modelo de reconocimiento social: el "drogadicto" es hoy (gracias a la política que estamos analizando) una figura cultural importante, y para un joven con conflictos de construcción de su identidad esto puede resultar muy atractivo.

-el ser reconocido como "drogadicto" es como una llave que abre las puertas a un cierto estilo de vida. Ya decía
Laurie hace unos cuantos años que "el adicto no sólo compra un producto, sino también un bien socialmente precioso, la irresponsabilidad; una peculiar administración del tiempo; un grupo de iguales; una forma de vestir, de hablar..." (1969: 32).

-ha estimulado una técnica de consumo (la inyección endovenosa) como respuesta racional (desde el balance riesgos/efectos) a la situación de ilegalidad que -aparte de los problemas higiénicos que presenta en las actuales condiciones sociales derivadas de aquella ilegalidad- resulta ser por sí misma un elemento adictivo de primer orden.


-el mantenimiento de la criminalización dificulta la realización de un elemento en el que técnicamente hay un gran acuerdo, como es la necesidad de una prevención digna de tal nombre (que no sea una imposición antidemocrática de un estilo de unos grupos sociales sobre los demás ni, por lo tanto, de una doble moral, etc.); así como de una buena atención a los drogodependientes que lo necesiten, o una reinserción social con el mínimo de problemas posible. Es mas, el mantenimiento de esta política se ha constatado como contraproducente desde el punto de vista del desarrollo de la salud pública.

* La población drogodependiente resulta rentable desde diversos puntos de vista: a nivel económico son la clientela preferente de uno de los sectores más productivos del mundo actual; a nivel social, es un grupo -por lo menos, potencialmente- excluible y liquidable, no sólo desde el punto de vista sociocultural sino también físico; a nivel ideológico permite las legitimaciones que, en relación a la gestión de la sociedad y sus conflictos estamos analizando, etc.

* En definitiva, el sistema de la droga constituye un conjunto articulado de prácticas e ideologías que, por lo que se refiere a las primeras, tienen la virtualidad de favorecer el desarrollo de unas líneas económicosociales que, como hemos visto, tienden a profundizar el actual desequilibrio de fuerzas mundial (acumulación de excedente por países del Norte, hiper-especialización de algunos del Sur, dependencia de éstos desde la óptica del mercado, las tecnologías,etc. desarticulación y reorganización de muchos grupos sociales / sociedades a partir de estas líneas...); mientras que, por lo que se refiere a las segundas, ha logrado construir un tipo de legitimaciones que aparentemente poco tienen que ver con aquellas prácticas y, como de eso se trata, han logrado crear un gran consenso de distintos grupos sociales alrededor de aquellos que se han visto favorecidos por dichas prácticas a través de las que, en resumen, han logrado y/o mantenido unas situaciones de privilegio dentro del actual sistema mundial.


NOTAS

1. "El hecho de estar en paro no deja de ser sospechoso. Y a poco que este paro sea relativamente antiguo, la sospecha se convierte en certidumbre: si el candidato fuera "bueno" ya habría encontrado trabajo. El paro de larga duración estigmatiza: como una marca indeleble, contribuye a transformar aquellos que son víctimas en marginados. Desde luego las probabilidades de volver a encontrar trabajo nunca desaparecen del todo. Sin embargo las cifras son evidentes: cuanto más dura el paro, más difícil es "recolocarse". Tanto es así que, poco a poco, el candidato rechazado desarrolla una psicosis de fracaso e interioriza el hecho de que, si no es seleccionado, es sin duda alguna porque no lo merece." (Clerc, 1992: 48-49).

2. De hecho, no es un fenómeno nuevo que sea funcional a la integración de un sistema social la máxima expresión de la marginación como es la liquidación (no sólo social, sino también física) de una parte de la población: ejemplo de eso serían la siniestralidad laboral o el alcoholismo en según que contextos (v., para esto último, Menéndez, 1993)

3. Los cambios del estado español dentro del sistema mundial, o las crisis económicas de éste se reflejan también en la situación de los gitanos, tanto desde el punto de vista objetivo como en relación a la mayoría paya. Hablando de los gitanos chabolistas San Román (1986: 236) señala que los años del "boom" económico significaron también para ellos posibilidades de aculturación selectiva, de mejora de su situación económica, de fluidas relaciones con los payos, etc. y por lo tanto, de creación de nuevos hábitos, experiencias, expectativas, necesidades... Y con la crisis "estamos pues ante una población distinta a la anterior (...) y mas aculturada y con nuevas exigencias, pero más empobrecida que nunca, y sin el recurso a vías tradicionales de adaptación marginal porque también la crisis se llevó consigo esas vías. Hay muchos, muchísimos gitanos chabolistas que han reaccionado a esa contradicción imposible con el desinterés, la impotencia, la desidia, la desorganización ..."

4. "Los flujos de capitales no van del sur al norte para invertir en nuevas industrias sino que van de los bancos hacia el sur para apropiarse del excedente, más allá de los préstamos originales, que dejan un saldo negativo en América Latina. Esto no es interdependencia, a eso se le llama apropiación unilateral del excedente. La unilateralidad es incompatible con el concepto de interdependencia: es una relación profundamente asimétrica" (PETRAS, 1992: 12).

5. Claro que, a nivel de aálisis empíricos, los
desacuerdos sobre este ultimo caso -en que España, según autores y años considerados, se sitúa como estado central o periférico- son un ejemplo que muestra la ambigüedad de este tipo de clasificación. Para una presentacion y crítica de este enfoque véase Tortosa, 1992: 69-71.

6. Un ejemplo: en un informe de la OCDE ({Politique du tourisme et tourisme international} 1990: 84-85) se afirma que entre los turistas (es decir, los visitantes) en España hay dos millones y medio de marroquíes. Está claro que muchos de estos serán turistas, pero también lo está que muchos otros no responderían a la definición que normalmente damos de ellos!

7. Es sintomática la instalación de oficinas de la Banca Nacional del Perú en plena selva, allí donde se inicia el negocio de la coca, o la transformación que ha habido en el pago de ciertas transacciones, que ha pasado de dólares a soles y después a coca directamente (comunicación de R. del Olmo, Seminario Facultad Derecho Barcelona octubre 1992)

8. Un ejemplo de las consecuencias de esta política: {Chamorro recibirá durante los próximos años seiscientos millones de dólares frente a unos daños de miles de millones de dólares . En Granada, al cabo de diez años de la ocupación, el nivel de paro es de un 40%, no hay inversiones ni proyectos pero, en cambio, tiene elecciones. Se han agotado las subvenciones de los EUA, y la primera ocupación de los jóvenes es el tráfico de drogas (Petras, 1992: 18).

9. Aquí, de todos modos, parece que es distinto lo que pasa en la Zona Andina de lo que puede pasar en algunos países del Africa negra o en Marruecos ya que, en estos últimos casos, las estructuras tradicionales (p.ej.de parentesco) han sido más compatibles en su articulación al tráfico internacional de drogas; aunque esta articulación también ha sido distinta en estos dos casos: en los países del Africa Subsahariana, cuando se ha dado la integración en las redes internacionales de transformación y comercialización de la heroína ha sido normalmente a través del linaje. En Marruecos, en cambio, predominan empresas más estrictamente familiares (que pueden formar parte de una red de clientela local) dedicadas principalmente -por lo menos hasta ahora- a la industria nacional del cannabis.

10. Como que: a) la tasa de inmigración de una ciudad es directamente proporcional a su tamaño; b) es inversamente proporcional a la distancia que la separa de los puntos de procedencia de los inmigrantes (por la primacía de la corta distancia); y c) la tasa de inmigración a una ciudad está afectada por el lugar que por el rango que ocupa ésta en la jerarquía de ciudades" (Arango, 1985: 18).

11. Sabemos, p.ej., que el hecho de pertenecer a una misma comunidad cultural, lingüística o histórica implica no solamente más información por parte del migrante potencial, sino también menos costos afectivos, lo que contribuye a reducir las incertidumbres y modular distancias. Y que es necesario considerar factores de personalidad y de control social como elementos que incidirán en facilitar / dificultar la emigración (v. Arango, 1985: 19 y 25)

12. Mientras que España, Italia y Grecia ya hace años que han empezado a ser receptores, Portugal y la ex Yugoslavia todavía eran países de emigrantes. Por otro lado, Libia es un país receptor como lo era hasta hace muy poco Egipto (v. Arango, 1989).

13. "De aquí a 30 años la población europea crecerá un 3,2% mientras que la africana lo hará en un 15,9%. España, el año 2020 tendrá una población de 42 millones de habitantes, pocos más de los que tiene ahora; por contra, Marruecos habrá duplicado su población y Argelia habrá pasado de los 21 millones de habitantes actuales a 41 millones." (Gómez Oliva, 1992: 112).

14. Recuérdese lo que veíamos antes de la funcionalidad de la marginación social. Respecto a la política europea, véase el aálisis de Capella (1985: 152-156) sobre la progresiva clandestinización de amplias zonas de actuación del poder para evitar el control popular guardando las formas democráticas: sólo el listado de las leyes relacionadas con la seguridad en Italia, Alemania, Francia y España es toda un catálogo la mar da instructivo. Por otro lado, un principio elemental de la antropología política como es que la aprobación de las leyes está filtrada culturalmente y condicionada por el equilibrio de fuerzas sociales en presencia nos lleva a otro caso que acaba de hacer el cuadro más bien preocupante: la renuncia a lo que podemos considerar la esencia del estado, el monopolio de la violencia, por parte del estado alemán ante las movilizaciones racistas y xenófobas de la extrema derecha que nos refiere Ezensberger (1992: 75-83)

15. "Los indocumentados no son tales por no reunir las condiciones legales, sino que se ponen aquellas condiciones legales que permiten ilegalizar -dejar fuera del mercado interior de trabajo- a la masa sobrante de extranjeros" (De Prada, 1989: 235)

16. A su vez, la diversidad de situaciones que se dan entre ellos es notable. Es distinta, p.ej., la situación del magrebí que vino sólo, y para el que el pequeño trapicheo de chocolate fue un elemento más dentro de su estrategia de instalación en el país, y que luego se ha dedicado a otras cosas, que la de otro magrebí o un negro-africano que vienen formando parte ya de redes más organizadas, que la de otro subsahariano
que ha colaborado esporádicamente en estos negocios.


17. Para estas cuestiones específicas, véase, p. ej., Comas, 1989 por lo que se refiere a la historia de la heroína en España; Romaní et al., 1989 y 1992, respecto a la situación en Barcelona y Catalunya; y el informe confidencial del Consejo de Europa (Grupo Pompidou) redactado por J. Fatela, por lo que respecta a París.

18. Las mediciones entre grupos marginales siempre son, como mínimo, problemáticas. Podríamos poner como paralelo a lo que estamos tratando lo que, según San Román (1986: 205), se plantea en el caso de los gitanos: {Ignoramos que proporción de gitanos delincuentes hay respecto al total de gitanos existentes en el país para poderla comparar con la proporción de payos delincuentes respecto al total de la población paya, y esto en los períodos y zonas necesarios para llegar correctamente a conclusiones".

19. No queremos ignorar que entre las políticas sobre drogas que han predominado en Europa y en los USA en la década de los ochenta hay diferencias más o menos importantes en teoría, pero como ésta en definitiva no deja de ser de matizaciones dentro del mismo paradigma general, revierte en unas prácticas en el fondo bastante parecidas, con las excepciones pertinentes.

20. La figura del "drogadicto" no sólo ha sido rentable desde el punto de vista del mercado, sino también en otros aspectos económicos, como en la creación de toda una industria de control de ingestión de fármacos, a través de una serie de artilugios que fabrican las mismas industrias que producen los fármacos a controlar (!); así como en el desarrollo de distintos tipos de profesiones, saberes más o menos especializados, etc.etc.
Para ampliar algunos de los aspectos presentados en este último punto, véase principalmente Baratta, 1987; Ehrenberg (Ed.),1992; Escohotado, 1989; Gonzalez et al., 1989; Romaní et Comelles, 1991; entre otros.



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